Opinión

La enana democracia mexicana

Por: Ángel Balderas Puga

Todos hemos sido testigos de la gran simulación. Aparentemente, las campañas electorales para renovar algunas gubernaturas, presidencias municipales y cargos para los congresos local y federal, comenzaron el pasado cinco de abril. Sin embargo, muchas de esas campañas comenzaron desde hace tiempo, algunas incluso desde hace más de un año con los supuestos e inútiles “informes” de legisladores, tanto federales como locales. Y todo esto ante la pasividad e inmovilidad del elefante blanco llamado, ahora, INE (Instituto Nacional Electoral) y antes IFE (Instituto Federal Electoral), la misma gata pero revolcada. No es exagerado señalar que dicha pasividad se traduce, en realidad, en complicidad con prácticas totalmente antidemocráticas y simuladoras.

Lo que hemos venido viendo en el actual proceso electoral, y en los procesos anteriores, nos da la medida del tamaño de nuestra “democracia”, una verdadera democracia pequeña, enana. Como toda medida es una medida relativa, es decir, nuestro sistema debe ser comparado con los países más avanzados en términos democráticos, pues sobre esto no hay medidas absolutas, sólo utopías y sistemas ideales que no existen en ningún lado.

Algunos señalan que compararnos con los países europeos es una visión eurocentrista de las cosas. Pero no se trata de compararnos con países europeos sólo porque si o como si fuera algo predeterminado. Hay países con sistemas democráticos avanzados fuera de Europa, como Canadá, Australia o incluso muchos países de América del Sur. En el caso de estos últimos países incluso hay que considerar que muchos de ellos salieron de espantosas dictaduras militares, como es el caso de Uruguay, Argentina, Brasil o Bolivia, sólo por mencionar unos cuantos. Y que hay casos como Chile, que había tenido una gran tradición democrática hasta que fue interrumpida cuando la derecha perdió las elecciones y promovió la dictadura de Augusto Pinochet sumiendo a la mayoría del pueblo chileno en una pesadilla atroz que se vio interrumpida cuando Pinochet perdió un referéndum y fue obligado a dejar el poder, al que llegó de manera espuria, violenta y traicionera.

Por otro lado, la clase política de nuestro país insistió en que formáramos parte de la OCDE y este puede ser un buen parámetro de comparación, aunque en realidad la OCDE debería agrupar sólo a los países más avanzados desde el punto de vista económico, por lo que está constituida por sólo 34 países, 27 de los cuales son europeos.

En cualquier caso, siempre deberíamos compararnos con los que están mejores que nosotros y no con los que están peor. Es evidente que si comparamos nuestro sistema democrático con el de alguna dictadura pues estaríamos en tierra de jauja, pero esa es una manera bastante estúpida de conformarse con un estado de cosas desastroso.

Uno de los elementos centrales que vemos en las campañas electorales mexicanas, en el caso de la mayoría de los partidos políticos, es su total vacuidad, una espantosa ausencia de contenidos. Se privilegia la forma y la imagen por encima del contenido. Aparecen, en grandes espectaculares, fotografías de los candidatos con más recursos económicos, en algunas de ellas con sus esposas e hijos, como si eso fuera importante en una oferta electoral y, a veces, palabras que no dicen nada de lo que proponen. Por ejemplo, en un espectacular del candidato panista a la presidencia municipal de Querétaro, aparece sólo la palabra “movilidad” y ya, algo verdaderamente ridículo. La mayoría de los espectaculares y de los promocionales en radio y televisión están llenos de frases huecas, seguramente diseñadas por publicistas para vender humo, no verdaderas propuestas políticas.

Además, la mayoría de esos candidatos llegan a los cargos con una agenda oculta, que por cobardía no se atreven a debelar ni a proponer a la ciudadanía. Por ejemplo, en la campaña para las diputaciones federales y locales, de hace tres años, ninguno de los candidatos de Querétaro, propuso a la ciudadanía que quería promover una reforma laboral que legalizara el outsourcing, la subcontratación sin derechos laborales y bajos sueldos, que quería entregar los recursos energéticos a extranjeros y sin embargo eso fue lo que hicieron al llegar al poder. En la campaña de hace tres años ya sabían lo que iban a proponer y sabían que no era bueno para la inmensa mayoría de los ciudadanos, por eso lo ocultaron en sus campañas. Si realmente estuvieran convencidos y tuvieran argumentos y datos para sostener sus posiciones, en sus campañas dirían abiertamente, por ejemplo, que quieren privatizar el agua. Claro que también cabe otra posibilidad, que esos candidatos, hace tres años, no propusieron ni una reforma laboral ni una energética, porque no estaba en sus planes sino que simplemente, como cualquier lacayo, acataron órdenes para aprobar esas nocivas reformas, traicionando así a los electores que les confiaron su voto.

Y en este caso están todos los priistas y todos los panistas queretanos que en las Cámaras de Diputados (federal y local) y de Senadores aprobaron dichas reformas nefastas. Y aún así, apostando a la desmemoria se vuelven a candidatear en estas elecciones.

anbapu05@yahoo.com.mx

 

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