Opinión

La falta de intelectuales orgánicos progresistas

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

En el cuaderno de la cárcel numero 12 (1932), Antonio Gramsci se preguntaba: ¿Los intelectuales son un grupo social autónomo e independiente, o por el contrario cada grupo social tiene una categoría propia y especializada de intelectuales?

Para responder primero acepta que todos los hombres son intelectuales: “no hay actividad humana de la cual se pueda excluir de toda intervención intelectual, por lo mismo, no se puede separar al homo faber del homo sapiens.”

Sin embargo, inmediatamente propone la existencia de dos tipos fundamentales de intelectual: los intelectuales orgánicos y los tradicionales.

Cada grupo social –dice Gramsci–, al nacer en el terreno originario de una función esencial en el mundo de la producción económica, se crea conjunta y orgánicamente uno o más rangos de intelectuales que le dan homogeneidad y conciencia de la propia función, no sólo en el campo económico sino también en el social y en el político.

Cuando Gramsci habla de grupo social se refiere a las clases sociales, mismas que cumplen funciones esenciales en la reproducción social histórica. Justamente para cumplir esa función es imprescindible crear orgánicamente a los intelectuales que darán unidad y coherencia al proyecto cultural que, dadas sus convicciones e intereses, un grupo social intentará instaurar “hegemónicamente”.

Por otro lado están los intelectuales tradicionales que se sienten con “espíritu de cuerpo”, en una ininterrumpida continuidad histórica que los califica y los hace conservar una autonomía e independencia del grupo social dominante. Ejemplos de ello están dados por el literato, el filósofo y el artista. Gramsci incluye a los periodistas, que pretenden ser literatos, filósofos y artistas, por tanto, pretenden también ser los “verdaderos” intelectuales.

Cuando Gramsci hacía esas reflexiones, en México se padecía el Maximato, periodo que conoció desde las limitaciones de la distancia y la reclusión, pero que le permitió aventurar la interpretación de que nuestro país seguía subordinado a los intereses y la influencia clerical y militar y, a pesar de la lucha cultural desarrollada por Plutarco Elías Calles, se vivía una distancia evidente de la política laica propia del Estado moderno.

Aunque es innegable la existencia de intelectuales progresistas en ese entorno, el predominio intelectual lo tenían los grupos tradicionales.

En opinión de Hobsbawm

Los estudiantes o ex estudiantes no son lo mismo que los obreros, aunque ellos crean que lo son o debían serlo. Los jóvenes obreros lo saben y desconfían de aquéllos, no existe identidad compartida. Puede existir un mal disimulado desprecio por los obreros que no coinciden con los intelectuales revolucionarios.

En la actualidad (Eric Hobsbawm escribió esto a principios de los ochenta) hay una enorme proliferación de escritos que, mientras pretenden ser marxistas, tiran al niño con todo y el agua de la bañera. Hay gente que toma prestado el nombre de Marx para aplicarlo a algún gurú o corriente intelectual de moda, gente que afirma ser marxista pero que rechaza el Prefacio a la crítica de la economía política de Marx o cree que el análisis histórico es irrelevante para la política. Y se ha dado un enorme crecimiento de la metafísica marxista hecha por filósofos, sociólogos y economistas cuyos escritos ni interpretan al mundo ni ayudan a cambiarlo, sino que primordialmente producen discusiones en seminarios de otros filósofos, sociólogos y economistas marxistas. Divorciar a la teoría de la realidad social concreta es divorciar la teoría de la práctica, política y dejarla sin guía, volverla arbitraria. Permite que gente a la que Marx y Lenin habrían reconocido con facilidad como anarcosindicalistas o terroristas que justifican todos los costos y rostros de la violencia por la causa, o incluso pequeños burgueses nacionalistas, se peguen en la solapa algún tipo de etiqueta marxista y afirmen que la práctica va de acuerdo con su etiqueta. Tales interpretaciones se deben en gran medida al aislamiento político y social de los estudiantes y los intelectuales entre las que ellas florecen.

Es hora de que los intelectuales de izquierda, y particularmente los marxistas, encaren otra vez estas tareas. No todos las han hecho a un lado, pero muchos sí. Hay mucho por hacer, y como lo dice la vieja frase rabínica: “Si no es ahora, ¿cuándo?”

El texto de Hobsbawm en http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=266690.

rivonrl@gmail.com

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