Opinión

La importancia de leer a PEMEX y el proceso de liberación

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

Paulo Freire en su libro “La importancia de leer y el proceso de liberación” señala que leer no es simplemente decodificar o deletrear un escrito, sino comprender la realidad, dialogar con ella, buscando el significado profundo de los acontecimientos. Esto implica husmear entre líneas, atar cabos sueltos, asomarse al otro lado del espejo, contrastar versiones opuestas…

 

Tal lectura se vuelve imprescindible hoy cuando nuestro país está a punto de perder, con la reforma energética que viene, su principal fuente de financiamiento: PEMEX.

Sin embargo un amplio sector de la población se muestra ajeno (o impotente) frente al enorme y sofisticado engaño que se viene gestando desde hace varios años. ¿Qué sabemos al respecto más allá de lo que los pregoneros del gran capital nos exhiben mediáticamente?

El sistema económico-político dominante ha instalado en la sociedad un modo de comprensión de la realidad y un modo de estar y actuar en el mundo que conviene muy bien a los intereses plutocráticos –la plutocracia ordena “legalmente” a la sociedad para que el 1% de la población concentre grandes fortunas, a costa del 99% restante, sin importar las consecuencias–.

La estrategia de despojo de nuestros recursos y nuestra soberanía, que se viene armando desde hace varios años, en especial desde el TLCAN, ha estado muy bien articulada:

·         Dar toda clase de facilidades a los medios masivos para que impongan sobre la población su visión mercantil del mundo como “la única viable”, desacreditando o impidiendo la difusión de versiones distintas.

·         Reformar el sistema educativo, minando a la filosofía y a la historia, para que la población tenga cada vez menos posibilidades de desarrollar su pensamiento crítico. Así, en lugar de que los maestros estén al tanto de los acontecimientos y promuevan en sus alumnos la lectura crítica de la realidad, han de ocuparse en absurdas futilidades como medir cuántas palabras pronuncian por minuto.

·         Provocar que muchos científicos, “cerebro gris” de la nación, pierdan su brújula social y presuman de ser “apolíticos” y, en lugar de investigar qué hacer para preservar y aumentar nuestra soberanía, gasten su tiempo acumulando puntos para ganar pedigrí e ingresos cada vez más altos.

·         Minar la capacidad pensante de la población, infundiéndole miedo a perder el trabajo si se atreve a disentir y evitando que tenga tiempo libre para cultivarse, mucho menos para organizarse y desarrollar confianza en su capacidad transformadora.

·         Promover toda clase de reformas estructurales a la Constitución Política,para que las acciones privatizadoras de todo lo que es público se vuelvan “legales” y disminuya la capacidad de disentir de la población.

·         Inocular en la mente de las mayorías un discurso falaz, mañosamente diseñado para desarmar a la oposición: “PEMEX no se vende”, “no se privatizará ni un tornillo”.

Da vergüenza constatar cómo la mayoría de nuestra clase política –que en los procesos electorales presume de integrar a “los mejores hombres”– se alinea y redobla con voz hueca, sin reflexionar, los discursos de sus ventrílocuos rapaces –los Estados Unidos y trasnacionales–, justificando la privatización, disfrazada de modernización.

Hace tiempo que nuestra clase gobernante perdió (¿o nunca tuvo?) el sentido social de la política, y sólo la usa para satisfacer sus egoístas intereses. O el mundo, nuestro país, nuestro estado, nuestro municipio, nuestra ciudad, “se han vuelto tan complicados”, que intentar moverlos hacia el bienestar popular resulta “inviable”, así que más vale “nadar de muertito” y aprovechar el cargo para colocarse en la mejor posición, aliándose con los más fuertes.

¿Podemos detener esto? ¿Quién sabe?, pero los ciudadanos “comunes” sólo tenemos dos opciones: actuar dizque “apolíticamente”, dejando que otros decidan por nosotros, sin tomarnos en cuenta, o hacer oír nuestra voz.

Si logramos obligar a quienes deciden, a hacer una consulta popular, tenemos dos opciones: seguir la corriente y aceptar la reforma tal como nos la imponen –lo que les dará mayor legitimidad–, o bien, exigir garantías, con todos los medios que tenemos para que no nos vaya peor.

En cualquier caso es importante prepararnos preguntando a fuentes distintas a la dominante para comprender mejor lo que está sucediendo y para actuar en consecuencia.

Preguntar, por ejemplo: ¿Por qué dicen que PEMEX es un “monopolio de estado”, si los monopolios concentran la riqueza en un solo dueño y PEMEX pertenece a TODOS los mexicanos, al ser una empresa pública?; ¿de dónde sacan que PEMEX está quebrada, cuando es una de las petroleras con mayores ganancias en el mundo?; ¿qué provocó su crisis?; ¿por qué si está quebrada, empresas privadas querrían invertir en ella?; ¿qué no tenemos en la UNAM o el IPN científicos capaces de desarrollar una estrategia distinta?

¿Realmente es necesario reformar a la Constitución o lo que se tiene que reformar es otra cosa?

metamorfosisi-mepa@hotmail.com

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