Opinión

La Paz con Justicia y Dignidad en Querétaro

Por Agustín Escobar Ledesma

 

A partir de las marchas en Querétaro del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, en abril y mayo de 2011, un grupo de ciudadanos preocupados por la espiral de violencia en el país que han desatado Felipe Calderón y los gringos, hasta el momento de redactar estas líneas, seguimos gritando con Javier Sicilia ¡Estamos hasta la madre! Desde entonces permanecemos los viernes, de 19 a 21 horas, en el jardín de Los Perritos, sitio que también es conocido por algunos turistas bajo el nombre de Plaza de Armas.

 

A este lugar de nuestra ciudad la gente va y viene. Han asistido integrantes del Frente Estatal de Lucha; también la doctora Lulú y Luis Humberto, quienes hicieron en material plastificado los 33 nombres de los migrantes serranos desaparecidos desde hace año y medio; las y los estudiantes del MRJ que se colocan con sus manta de NO+SANGRE; las mujeres del grupo de cocina vegetariana, Eva, Cristina, Salomé y Chitsumi, Toño Flores, Elí, Lucía, Andrés y Julieta, quien siempre lleva un árbol abrazado como si fuera su hijo.

 

Cada ocho días, sin falta, procedentes de Saldarriaga, llega Anselmo, director de un mariachi, con su esposa y sus tres hijas con sendas cartulinas en las que denuncian la incompetencia de las autoridades municipales de El Marqués. Gerardo Ayala y su servidor siempre hemos estado presentes al pie del cañón.

 

Al estar en la calle nos hemos percatado que en general, a los viandantes que circulan por la plaza de Los Perritos, no les interesa la barbarie que asuela a nuestro país, ni la suerte de los 50 migrantes queretanos que llevan año y medio desaparecidos. Los queretanos, nacidos o radicados en esta ciudad, parecen turistas en su propia tierra puesto que tampoco les importa que haya más de 50 mil muertos, miles de desaparecidos y centenas de miles de desplazados. Turistas y queretanos se hermanan y pasan de largo ante las denuncias que ponemos para sus ojos; cada quien con sus muy individuales alegrías o preocupaciones cotidianas a cuestas: acudir al rosario, al antro, al trabajo y a la cita amorosa.

 

Por supuesto que no estamos peleados con quienes pasan despreocupados por la calle después del ocaso (¿hasta cuándo?, es la pregunta que flota en el ambiente), lo que ya es difícil de concebir en las ciudades de la frontera norte de nuestro país, así como otras de Michoacán, Guerrero y Veracruz, donde existen virtuales toques de queda debido a que en las noches los ciudadanos están a merced del crimen organizado, así como de las policías municipales, estatales, federales, del Ejército y la Marina, cuyos integrantes en activo, o bien aprovechando sus días francos, violan, extorsionan, secuestran y matan.

 

Después de cuatro meses en la plaza nos familiarizamos con los compañeros trabajadores de gobernación, que cada ocho días se plantan frente a nosotros para tomarnos fotografías y anotar en un cuaderno de taquigrafía nuestras actividades; los saludamos cordialmente puesto que, como ellos mismos lo manifiestan, tienen que hacer su trabajo, incluso uno de ellos en cierta ocasión nos confió que estaba de acuerdo con nuestro movimiento, que le echáramos ganas.

 

Quienes se acercan para ver a los locos de la plaza en general son personas provenientes de la frontera norte quienes, ante la violencia de sus lugares de origen, se han venido a radicar a esta ciudad, como una familia de Reynosa, Tamaulipas, a la que invitamos para que se uniera al movimiento. También hemos conocido a gente agraviada que se ha acercado para llorar con nosotros, como la mujer del Distrito Federal quien, hace 10 años, perdió a su hijo, un brillante sociólogo que fue herido de muerte por un drogadicto. El muchacho fue llevado a un hospital en el que posteriormente murió y, como no se sabía nada de sus familiares, el cuerpo fue vendido a la morgue de la Facultad de Medicina de la UNAM, lugar del que, después de interminables trámites, la atribulada mujer pudo encontrar: un cuerpo desmembrado al que le faltaban retinas, hígado, corazón y riñones.

 

En otra ocasión llegó una viuda con su hijo. Ella pensó que en el jardín de Los Perritos podría encontrar a Javier Sicilia para que las ayudara a encontrar justicia debido a que un abogado venal la había despojado de su patrimonio familiar y prácticamente ella y su hijo quedaron en la calle.

 

Más adelante se asomaron dos hermanos, uno que tendría 25 años y otro adolescente, quienes preguntaron con preocupación lo que denunciábamos, al final nos dijeron que eran estudiantes chilenos temporalmente en Querétaro; uno de esos viernes se acercaron dos muchachas, cuyo acento, argentino, no dejaba lugar a dudas de su lugar de origen, tomaron fotos a nuestras pancartas para subirlas a Facebook, eso prometieron.

 

El viernes 15 de julio el maestro Hugo Gutiérrez Vega se convirtió en un manifestante más, al igual a su esposa Lucinda Ruiz Posada, quien en ocasiones ha venido exclusivamente desde el DF a manifestarse en esta lucha sin fin. Por cierto, ella fue quien nos hizo la propuesta de manifestarnos en el jardín de Los Perritos, para que no nos quedáramos en casa o en algún café, lamiéndonos lastimeramente las heridas que nos desangran gota a gota.

 

El viernes 26 de agosto en la ciudad de México se convocó por las redes sociales a un cacerolazo en el Ángel de la Independencia al que acudieron algunas personas. Ese mismo día conocimos a cuatro jovencitas con cacerola en ristre, listas para manifestarse con ruido por las calles; lamentablemente la lluvia nos corrió a todos para guarecernos en los portales del Palacio de Justicia (que no es lo mismo que la justicia nos proteja). Así conocimos a estas estudiantes del Tecnológico de Monterrey, campus Querétaro que ahora cada viernes acuden con sus cazuelas y ya están preparando un cacerolazo con sus pares de la Universidad Autónoma de Querétaro.

 

Uno de esos días llegó Alicia Carolina Méndez, estudiante de la FCPS, oriunda de Arroyo Seco y prima hermana de dos de los migrantes desaparecidos de la Sierra Gorda que figuran en la lista de los 33 que están perdidos desde marzo de 2010. Por cierto, aprovechando que Alicia Carolina es serrana, en la misma plaza ella impartirá un taller de huapango a los que ahí nos damos cita viernes tras viernes.

 

La convocatoria sigue abierta para manifestarnos los viernes porque, como dice Jaime Avilés “si estamos en la calle ¿por qué no estamos en la calle?”. Permaneceremos en el jardín de Los Perritos hasta que el gobierno de José Calzada, los diputados, magistrados y demás fauna política del estado tomen en serio a los agraviados familiares de los migrantes queretanos desaparecidos; basta de ofrecerles despensas y atención sicológica, cuando lo que necesitan es Paz con Justicia y Dignidad.

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