Opinión

La Reforma Educativa

Por: Martagloria Morales Garza

Las reformas estructurales generaron diferentes niveles de reacciones sociales. La reforma educativa, es la que ha tenido una reacción social más intensa y la protesta en torno a ella es la que ha perdurado por más tiempo. Hoy todavía está presente sobre todo en los estados de Oaxaca, Chiapas y Guerrero.

Es extraño este comportamiento social pues mientras la reforma energética divide al país en dos partes casi iguales entre los que la defienden y los que no la comparten,  la reforma educativa, es la que más consenso tiene en términos sociales.

Según los resultados de la encuesta de Parametría en junio de 2015 el 90% de los entrevistados pensaban que los maestros de las escuelas públicas debían ser evaluados, y el 85% está de acuerdo en que los maestros que no acepten ser evaluados sean sancionados.

 

No sólo eso, a diferencia de lo que afirman los maestros; el 60% de los encuestados piensan que los maestros se oponen a la reforma educativa porque no quieren ser evaluados y el 61% piensa que los maestros temen a la evaluación porque les falta preparación.

 

Independientemente de que la población esté en lo correcto o no, lo cierto es que 90% de la población piensa que la reforma educativa es correcta. Y esto es muy importante, pues hace que el movimiento magisterial no tenga legitimidad entre la población.

 

Sin duda el tema de la reforma educativa es un tema delicado, sobre todo para los que somos críticos del gobierno, pues las posturas entre la izquierda son diversas y enfrentadas. El motivo de esto es que en la reforma se involucran dos problemas de carácter diferente que deben ser diferenciados para entender a cabalidad el dilema.

 

Uno de los temas es el de la calidad de la educación. Lo cierto es que, más allá de definiciones, nuestros estudiantes llegan incluso a nivel superior con serias deficiencias en dos importantes áreas del conocimiento; lectura y redacción, y pensamiento lógico, elementos que dificultan de manera significativa su ingreso a la Educación Superior, o incluso su egreso satisfactorio.

 

Prueba de ello es que el nivel de reprobación en los exámenes de ingreso a educación superior a nivel nacional alcanza a más de la mitad de los aspirantes. Algunos de ellos a pesar de esto ingresan, pero el 50% de los que ingresan no terminan en tiempo y forma su educación universitaria, y 30% del total que ingresaron, desertan y nunca concluyen.

 

Me parece que estos datos son suficientes para hablar de problema serios en la calidad de la educación, y por lo tanto la reforma se vuelve muy relevante. Aunque es importante mencionar que el tema de la calidad no sólo está relacionado con las capacidades pedagógicas y formativas de los profesores, sino también con las condiciones y el equipamiento de las escuelas y con el modelo educativo.

 

En este sentido comparto la opinión de quienes piensan que de manera simultánea a la evaluación de los profesores, deberán ser reconocidas y solventadas las carencias de muchas escuelas y las deficiencias del propio modelo educativo en educación básica, que deberá ser revisado y actualizado.

 

Sin embargo, estos temas no son los que han provocado las movilizaciones de los profesores, lo que realmente los ha molestado es la eliminación de la participación del sindicato en la contratación de los nuevos docentes, en la promoción, y en la permanencia en el trabajo.

 

La historia de la participación del sindicato en estos procesos tiene una larga tradición que se remonta al tiempo del corporativismo mexicano, el cual con el objetivo de que el PRI contara con el apoyo político y electoral de los sindicatos les proporcionó un conjunto de privilegios y prebendas.

 

Este es el meollo del asunto, y lo más contradictorio de esto, es que, a pesar de las implicaciones que este modelo corporativo tiene en el sistema electoral, un segmento de la izquierda manifiesta su apoyo a las luchas de los maestros de Oaxaca, Chiapas y Guerrero.

 

Me parece que Morena deberá revisar con mucho cuidado sus prioridades; apoyar el corporativismo, aunque este pudiera favorecer electoralmente a la izquierda, es sin duda un error, pues significa combatir a la derecha autoritaria con las armas melladas de ella misma. La construcción de una alternativa de izquierda no puede alimentarse con los resabios de un sistema en agonía. Tendrá, por el contrario, que construirse sobre sus cenizas, por encima de ellas.

 

 

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