Opinión

Las familias son amor, convivencia y solidaridad

Por Jacobo Pichardo Otero

La propuesta del diputado local, Salvador Martínez Ortiz, para elevar a rango constitucional el concepto tradicional de familia y matrimonio deja ver de manera clara la mano conservadora y retrógrada de los políticos panistas.

En la visión de los diputados que conforman la Comisión de la Familia no cabe la idea de que esa institución social ya no es la que por siglos ha promovido la Iglesia Católica, no saben y no les interesa saber que la sociedad para la que trabajan ha cambiado y que ahora no se puede hablar de “familia” sino de “familias”.

Los legisladores Salvador Martínez, Gerardo Cuanalo, Pablo Ademir y la diputada Micaela Rubio, impulsaron esta reforma a la Constitución Política del estado, para que el artículo tercero estipulara que el matrimonio es exclusivamente el vínculo jurídico formado por la unión de un hombre y una mujer y que la familia es la institución social compuesta por un conjunto de personas unidas por el vínculo del matrimonio, el concubinato o por parentesco de consanguinidad, civil o afinidad.

Si bien la iniciativa no logró conseguir los votos necesarios para ser aprobada, si dejó una estela de conservadurismo en el ambiente político queretano.

Es importantísimo mencionar que las organizaciones de la sociedad civil fueron claves para detener la intentona de llevar a la Constitución local la moralidad y las creencias religiosas del partido conservador.

Con dicha propuesta se atentó contra los derechos de las miles de familias que no encajan en ese concepto de familia tradicional, como lo son las familias mono parentales y homo parentales y cualquier otro modelo familiar.

En términos prácticos esta reforma proponía que no se reconociera legalmente como familia a cualquier organización familiar no tradicional.

Y lo que quizá ignoren los diputados blanquiazules es que Querétaro es el estado con mayor número de divorcios en el país y que en la entidad hay más de 80 mil familias mono parentales y un 22 por ciento de hogares con mujeres como jefas de familia.

Pero no es ignorancia lo que nubla el trabajo legislativo de los panistas, sino su terquedad de llevar su ideología religiosa a las leyes mexicanas.

En varias ocasiones militantes de este partido han dicho que sólo hay un tipo de familia y que para que pueda ser considerada como tal debe tener en su estructura básica a una pareja compuesta por un hombre y una mujer, los hijos o hijas de ambos y estar consagrada por el matrimonio. Toda familia que no encaje en este modelo es calificada como familia disfuncional.

Y para muestra un botón. El vocero de la diócesis de Querétaro, Saúl Ragoitia Vega, declaró que estaba de acuerdo con la modificación al artículo tercero, pues dijo que si la familia no se conformaba por un hombre y una mujer, no se estaba hablando entonces de nada.

La intención de los diputados panistas es entonces todo menos desconocimiento de la realidad en la que viven, es más bien deprecio por el presente y añoranza de tiempos en los que el gobierno tenía que rendirle cuentas a la jerarquía católica.

Entonces hay que explicarles a nuestros diputados que la composición de las familias actuales es muy diversa, pues existen parejas sin hijos, los padres y madres sin cónyuge, las integradas por una persona, las integradas por personas del mismo sexo, las personas unidas en segundas nupcias, y las integradas por diversas generaciones o por personas que no son parientes.

Hay que recordarle a Martínez Ortiz y compañía que el sentido de la palabra “familia” no tiene que ver con un parentesco de consanguinidad, sino con sentimientos tales como el amor, la convivencia, la solidaridad y la cooperación de quienes viven juntos en el mismo espacio.

Es cierto, y eso es innegable, las familias son el grupo primario de convivencia, seguridad, protección y afecto de los seres humanos y eso hay que defenderlo; es en su interior donde se inculcan los valores para la vida democrática y ciudadana como la libertad, la solidaridad, la equidad, el respeto, la igualdad y la tolerancia.

Pero también es cierto que los gobiernos deben respetar y garantizar el derecho que tenemos todas las personas a decidir con quién compartimos nuestros afectos y nuestro patrimonio, independientemente de que la familia se constituya por padres o madres sin cónyuge, un hombre y una mujer sin hijos, por una pareja de homosexuales, lesbianas o bisexuales o por personas unidas en segundas nupcias o integrada por diversas generaciones.

Por eso ya no podemos seguir hablando de un modelo único de familia, sino de “familias” y buscar desde las organizaciones civiles y la sociedad en general que la legislación actual en efecto cambie, pero no para acotar, sino para que reconozcan los diversos arreglos familiares más allá de la consanguinidad y se garantice la libertad de elección y de conciencia y el pleno respeto a los derechos humanos de todas las personas.

Es prioritario también no perder de vista que el Estado laico debe prevalecer como principio de convivencia en la diversidad y como ámbito que permite la pluralidad.

Los grupos conservadores ya no pueden contener los cambios sociales. Su ideología es medieval y está rebasada.

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