Opinión

Linchamiento en Matanzas: la otra historia

Por: Jorge Coronel

Los centralistas y clasistas medios de información queretanos difundieron, entre los días 18 y 19 de octubre de 2013, la nota sobre un linchamiento en la comunidad de Matanzas –la más alejada y abandonada–, en el municipio de El Marqués.

 

 

Según sus informaciones, un par de sujetos asaltó a los dueños de una pequeña miscelánea. Los vecinos, al darse cuenta del acto, persiguieron a los delincuentes, los alcanzaron y los lincharon al grado de que uno de los malhechores falleció.

En el lugar fueron aprehendidos varios participantes y, al momento de redactar esta entrega, se asegura que se ha consignado a dos implicados en el homicidio. Hasta aquí sólo se da cuenta de los acontecimientos desde una perspectiva digna de una nota roja: no se profundiza en lo mínimo.

He aquí mi lectura de los acontecimientos:

Actualmente nuestro municipio, El Marqués, experimenta, como nunca antes en su historia, cambios cuya dinámica la podemos observar, sobre todo, en el terreno de la industria y el crecimiento poblacional imparable. Por lo tanto afrontamos varios retos: uno de ellos es el preguntarnos qué papel jugaremos en nuestra comunidad, qué debemos hacer para que nuestras tradiciones, nuestras raíces y cultura, no se pierdan ante la llegada de otras costumbres. Somos miles los habitantes que vivimos en las diferentes comunidades de El Marqués.

Por supuesto, requerimos de empleos bien pagados, educación, salud, deporte, etc., para tener una vida digna que nos permita tener un futuro esperanzador. Y, sin embargo, hay que aceptar que por varias circunstancias que serían largas enumerar y describir, muchos de nuestros jóvenes, sobre todo, no tienen las oportunidades mínimas para tener una vida decorosa. Y es por eso que vemos que nuestros jóvenes caen en las garras de las drogas, o que las chavas a muy temprana edad ya sean mamás, debido a que no tiene un proyecto de vida. Este fenómeno no es exclusivo de El Marqués: ocurre en todo el país, sobre todo, a gran escala, en las ciudades.

Y es en las ciudades donde los problemas de la juventud se agudizan, entre otras razones, porque allá prevalece el egoísmo, el individualismo. Es decir: allá no hay vida en comunidad. Ésta es nuestra gran ventaja, un tesoro que debemos cuidar porque nos protege de muchos peligros: la vida en comunidad. ¿Alguien de los lectores sabe qué significa «comunidad»? Pues bien, según el diccionario comunidad quiere decir: «Calidad de compartido, un grupo social con intereses comunes» Y esto último es los que hemos hecho desde hace muchos, muchos años, desde que nuestras abuelas y nuestros abuelos eran jóvenes: compartir, preocuparse por el vecino, ayudarnos, organizar nuestras fiestas, nuestras danzas; sencillamente hacemos, día a día, vida en comunidad.

Hay que aceptar que el concepto de comunidad se está perdiendo: muchos de nuestros jóvenes ya no les interesa porque se avergüenzan, les da pena vivir, o haber nacido, en una comunidad, en un pueblo, en un «rancho». Les quiero decir a esos jóvenes que se avergüenzan de sus raíces, de sus orígenes, que por el contrario deben sentirse orgullosos de haber nacido en una comunidad, porque aquí aprendieron lo que no les enseñarán en la ciudad: la solidaridad con el otro, el respeto a la naturaleza, el cariño por la tierra, por la lluvia… Nuestro municipio y el todo el país pasan por una dura situación: violencia por doquier, crisis políticas, económicas, etc. Tenemos una inmensa responsabilidad: la de preservar nuestras esencia, nuestra identidad, sin cerrarnos a otras costumbres. Y, sobre todo, no avergonzarnos de lo que somos.

 

Ahora que los habitantes son vistos como salvajes, queda preguntarse, ¿por qué actuó la gente de Matanzas así? Por una sencilla razón: porque se mostró el concepto de comunidad: cuidarse el uno al otro. Así haya sido a costa del linchamiento hacia al agresor. Suena duro, pero así es.

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