Opinión

Lo que Fidel nunca fue

Por: Rafael Vázquez Díaz

PARA DESTACAR: Al que hoy acusan de “tirano” no temió a la muerte, evidentemente tampoco temió a la cárcel mientras fuera por un motivo justo. Fidel no fue un hombre que quisiera educarse para obtener un trabajo seguro o una posición acomodada en la sociedad.

Fidel fue muchas cosas: ángel y demonio, un concertador de pueblos y un férreo crítico de la explotación del hombre, dictador y libertador, revolucionario y persecutor de los que se opusieron a su régimen (que duró más de cinco décadas). El debate se centra entre sus detractores y quienes lo idealizan.

Pese a que sus padres eran analfabetas, lograron una posición económica lo suficientemente acomodada para darle educación a su hijo que desde las pujas políticas universitarias decidió oponerse a los delegados estudiantiles de la Federación Universitaria, enviados desde gobierno para incidir en los jóvenes.

Como estudiante de tres carreras nunca eligió plegarse al poder, a la crítica liviana y al destino facilón que implicaba el ser servil con los intereses políticos. Castro no sería un hombre que cediera ante la tentación de una vida fácil.

¿Qué elementos de vida conforman la naturaleza de un hombre? Perseguir el bienestar colectivo sin duda es más arriesgado que la incesante competencia y el bienestar individual. Quizá por eso, Fidel no fue un conformista ni un cobarde; ¿atacar el cuartel militar de un régimen afianzado y armado hasta los dientes? No creo que haya sido una decisión fácil si no era motivada por la profunda esperanza de un cambio político que trastocara el orden injusto de la dictadura de Batista.

Al que hoy acusan de “tirano” no temió a la muerte, evidentemente tampoco temió a la cárcel mientras fuera por un motivo justo. Fidel no fue un hombre que quisiera educarse para obtener un trabajo seguro o una posición acomodada en la sociedad. Motivado por las enseñanzas de Martí, decidió reorganizarse en el exilio –no vivir como conferencista, académico, intelectual o estrella de cine en México- para retornar a su patria a continuar con su revolución.

El resto es medianamente conocido por todos, pero poco comprendido en torno al sacrificio; las hambres de la selva, la persecución constante, la lluvia, el calor, el acoso militar, la planeación estratégica cuando contaba solo con un puñado de hombres mal comidos y peor armados. Hollywood no podía haber hecho una historia con mayor abnegación altruista.

Pero lo que hizo antes de la Revolución cubana del 59 sería solo el preludio de un destino colectivo al que se ciñó junto al pueblo cubano; profundamente creyente de un sistema económico que erradicara las relaciones de explotación, decidió no establecer como normalidad, una democracia liberal que tolerara que siguiera existiendo una élite económica cuyos lujos y excentricidades fueran la norma y no la excepción.

¡Qué fácil hubiera sido para Fidel renegociar los términos de su gobierno con Estados Unidos! ¡Cuán poco dificultoso hubiera sido el permitir el comercio sexual y la explotación de sus conciudadanos! ¡Con cuánta alegría le hubieran entregado medallas, reconocimientos y portadas en los Estados Unidos! Pero Castro no era así.

No solo presentó cara ante una invasión  que genuinamente enfrentaba a David con Goliat, sino que además tras expulsarlos, exigió ser indemnizado por la fallida ocupación militar de Bahía de Cochinos. Nadie puede recriminarle el ser un aferrado al poder cuando aquellos que buscan perpetuarse en el mismo, suelen tener relaciones muy amistosas con los Estados Unidos.

(¿Los anticastristas se preocuparon tanto por los derechos humanos de los países sudamericanos cuyos golpes de Estado llevaron al poder a dictadores genocidas? ¿Estados Unidos propuso un bloqueo económico a un país con un régimen de partido único que se preservó a través del poder durante más de 70 años?). Fidel habrá sido un dictador, pero jamás un hipócrita.

En redes sociales se leía un comentario muy acertado; “A quien visita Cuba se le activa una aguda conciencia crítica (que rara vez muestra al visitar las zonas populares de su propio país)”.

Y es que cuando se habla de la “pobreza” de los cubanos, el simplismo y el dolor superficial de criticar la falta de un consumo desbordado en la isla caribeña, pareciera ser que se les olvida que a unos cuántos kilómetros, en las zonas periféricas de sus ciudades hay millones de personas cuya vida precaria está además flagelada por la violencia, el crimen y la impunidad de una clase política que utiliza a las instituciones para hacer engordar su cartera.

Castro tampoco fue un político que acabara como millonario con propiedades por todo el mundo.

Y sí, en la isla hace falta democracia y libertad de expresión, pero ¿acaso esa es una conquista que se lograra en otros países? Sí, el joven revolucionario Castro hoy sería detenido en la isla, pero en México hubiera sido desaparecido, desollado y acusado de criminal y narcotraficante. Los que hoy lo acusan debieron haber estado en cada una de las marchas y foros exigiendo la presentación de los 43 normalistas para tener la mínima calidad moral que tuvo Fidel para oponerse a un régimen tiránico.

Se necesita mucha ética de vida, se necesita no ser todo lo que Fidel no fue jamás para poder ser un crítico de un personaje que tuvo muchísimas faltas, pero que no fue partícipe de esta sociedad pequeño burguesa, hipócrita, ruin, doble moralista y profundamente cobarde.

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