Opinión

Lo que no informan los que informan

Por estas fechas se acostumbraba en México que el presidente de la República presentara su informe de cara al Congreso, según el artículo 69 de la Carta Magna.

En el podrido régimen priista-presidencialista, el informe era un acto reverencial del gran tótem, que hacía una exposición autocomplaciente, dilatada y tediosa, suspendida por aplausos postizos, para pasar luego al “besamanos” en una larga fila de sujetos mínimos que se le acercaban a él para hacerse notar. Cuando la ciudadanía crítica ganó fuerza, el informe cambió por un mensaje a la nación que, en 2006, se suspendió cuando los feroces legisladores de oposición impidieron a Vicente Fox entrar al recinto legislativo.

En el 2008 se reformó el artículo mencionado, para eximir al presidente de presentarse (exponerse) ante el Congreso, permitiéndole sólo enviar su informe por escrito.

¿Qué informan y qué no informan los mandatarios?

Habrá que recordar algunas nociones de la antigua clase de civismo, para contrastar lo que nos dicen, con el deber ser y con lo que estamos viviendo.

En un Estado republicano todos los ciudadanos (gobernantes y gobernados) participan en la toma de decisiones y son: iguales ante la ley; ninguna clase social puede ser privilegiada. Como el Ejecutivo no es un autócrata; debe dar cuentas al pueblo (su patrón), de las decisiones que toma. Éstas están sujetas a la ley y, si la viola, será sancionado por el poder judicial. Lo que la ley ordene depende del legislativo.

En una democracia, los legisladores deben consultar e informar sistemáticamente a la población (incluidos expertos de las diferentes ramas), para reconocer qué ordenamientos realmente benefician a la gente. La exigencia zapatista de “mandar obedeciendo” sigue esta lógica.

La separación de poderes fue concebida e impulsada desde la Ilustración ( siglo XVIII) (especialmente con Montesquieu), como un modo de equilibrar y controlar el poder, y evitar abusos por parte del gobernante (antes, monarca).

Más allá de esta definición formal, en los hechos, la estructura republicana está sostenida con alfileres y sufre fuertes tensiones. Su establecimiento no se debió a un acto gratuito de la monarquía, dispuesta a ceder generosamente sus privilegios al pueblo. El pueblo organizado tuvo que arrebatarle el poder a la nobleza, desterrarla o guillotinarla y establecer leyes e instituciones que garantizaran el bienestar para todos. En las primeras asambleas republicanas, se llamó “izquierda” al grupo que defendía los derechos de la plebe, y “derecha” a quien buscaba conservar los privilegios de los pudientes.

La historia de México constituye una cadena de luchas por fortalecer o debilitar esté régimen republicano y democrático.

Con el imperio neoliberal se desmorona, en los hechos, la república democrática y se impone, por encima de las naciones soberanas, el gobierno de las grandes empresas trasnacionales. La libertad para hacer y deshacer se vuelve exclusiva de quienes tengan poder económico.

El Pacto por México quita muchas barreras que la Revolución mexicana, el cardenismo y muchos otros movimientos populares (ecologistas, feministas, sindicalistas, agraristas…) habían logrado oponer a la voracidad de los grandes capitales.

So pretexto de “desarrollo” y de “globalización”, se legaliza la acumulación por despojo; se abren las puertas a las mineras y a las petroleras extranjeras para extraer riquezas, devastando la tierra; emporios privados invaden nuestras playas, bosques y selvas, expulsando a los nativos; los campesinos dejan de cultivar, pues Monsanto patenta los genes de los granos y hay que pagarle derechos; se recorta el presupuesto a las universidades públicas (críticas), para privilegiar a las escuelas privadas que inoculan la ideología neoliberal a los jóvenes; se cierran las normales rurales y escuelas de educación básica que “no contribuyen al desarrollo”; se privatizan los servicios de salud, porque “ya no hay dinero”; se extermina a los que estorben o protesten (periodistas, maestros, pobres, indígenas…).

El resultado de este régimen neoliberal es que los bancos en México incrementaron sus riquezas en un 31 por ciento, sólo en el primer trimestre de este año, (CNBV); que la pobreza no cede y sólo tres estados de los 32 aplican “óptimamente” las políticas sociales” (CONEVAL); que el INE espera un presupuesto exorbitante para 2018 (25.4 mil millones de pesos), y que se siguen desviando fondos para las elecciones (INAI); que tenemos una impunidad del 98 por ciento (IGIMEX) y que muchos de quienes gobiernan son o terminan siendo delincuentes.

No sé qué dijo Peña en su informe (escribí esto antes), pero dudo que deje claro este grave contraste.

Cuando el Gran Mercado subordina a la política, y cuando la mitad de la población no importa, porque es pobre, ¿qué informarán los legisladores y alcaldes que se anuncian sonrientes en sus espectaculares comerciales, cuando sus representados ni siquiera los conocen?

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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