Opinión

Lo que resiste, apoya

La política y la ciencia

Por: Marta Gloria Morales Garza

A finales de la década de los setenta, don Jesús Reyes Heroles acuñó la frase con la que titulo esta colaboración: Lo que resiste, apoya. Es decir, lo que se opone al sistema, también lo sostiene.

Reyes Heroles fue padre de la famosa reforma política y electoral de 1977. En aquel entonces, la corriente mayoritaria compartía con él la idea de que la oposición sirve para apoyar al sistema. Cuándo, cómo y dónde… ese es el tema.

Lo que don Jesús consiguió en 1977 fue que los priistas aprobaran dos grandes reformas: la reforma política, que en realidad era una amnistía, un perdón, digamos, a toda la guerrilla que en aquel momento estaba escondida, que estaba siendo buscada y reprimida; se les dice “Todos salen” —aunque ninguno de quienes estaban en la cárcel salió—, los que estaban libres dejan de ser perseguidos, y se les llama a que entren a participar y dirimir sus diferencias dentro del marco del ámbito electoral.

Pero para eso se requería otra reforma: la electoral, la madre de todas las reformas. Creada simultáneamente con la política, esta reforma permitió la apertura del sistema político: se crean los diputados de representación proporcional y se permite que la izquierda participe en el ámbito electoral. Hasta ese año, el Partido Comunista estaba proscrito y no podía participar en las elecciones; sus apariciones con mantas y pintas eran reprimidas.

Así pues, la reforma de 1977 es parte de esa concepción de la política según la cual la oposición —la que resiste— apoya la legitimidad del propio sistema. Curiosamente, dicha reforma fue aprobada sin la necesidad de la oposición, que además era muy escasa, pues sólo había cinco diputados del PAN.

El PRI decidió, entonces, abrir el sistema electoral y hacerlo incluyente. Esto significó un gran de debate para izquierda que estaba fuera de la guerrilla: ¿entrar o no entrar en la trampa?. Recordemos que aquella era la década de la guerra sucia, de la izquierda clandestina. Finalmente, Reyes Heroles tuvo la capacidad de abrir el sistema con el apoyo de sus correligionarios.

Actualmente vivimos un escenario similar. Uno podría decir que no hay guerrilla: la hay, quieta, pero presente. Pero además hay un conjunto de organizaciones legales e ilegales —los narcos— y de organizaciones sociales que están revelándose en la vida nacional, sobre todo a raíz de los hechos en Guerrero.

Estas organizaciones sociales están actuando en los límites del sistema. ¿Qué quiere decir esto? Pensemos que el sistema es un círculo, los límites son aquello que está a punto entre lo prohibido y lo permitido. Hoy, esos límites se están acortando.

A diferencia de lo ocurrido con la reforma del 77, cuando la guerrilla obtuvo una amnistía del gobierno y éste amplió así los límites del sistema, ahora esos mismos límites se cierran mediante leyes como la Ley bala de Puebla, y todo ese conjunto de restricciones cada vez más severas impuestas a las movilizaciones, llegando incluso a rozar la criminalización de la protesta. A la luz de esta reducción de los límites, cualquier acción se vuelve criminal.

Debemos reconocer que hasta este momento el Estado no ha reprimido la acción social, y seguramente tiene que ver con dos cuestiones: el repudio internacional que se ha extendido rápidamente y la amplia reunión de los estudiantes en una especie de bola de nieve: aunque tienen agravios de distinto tipo, desde el Politécnico hasta los normalistas se han unido en acciones de repudio a la violencia institucional. Hechos como el bloqueo de la carretera México-Acapulco durante ocho horas son actos ilegales, y sin embargo, ocurren… Estamos en los límites.

Y aunque el Estado hasta el momento no ha reprimido estas acciones, otros órganos del sistema hacen lo propio: las ministras Olga Sánchez Cordero y Margarita Ramos han preparado su proyecto de decreto respecto a la posible consulta ciudadana en torno al asunto de la Reforma Energética, y van en sentido negativo. Más allá de los argumentos, que son bastante débiles, con este tipo de acciones, se acaba de cerrar el círculo; es decir, en 1977 se permitió la apertura del sistema, hoy se está cerrando.

La participación de la sociedad, de los ciudadanos, está volviendo criminal. Y, lo único que resultaba “novedoso” de la reforma política, las consultas y plebiscitos, se elimina con la negativa de las ministras.

Y cuando el sistema es muy cerrado, se convierte en un régimen totalitario. Para que la oposición apoye, tiene que estar dentro del sistema, legitimar el sistema; hoy todos estamos fuera. Todo se vuelve ilegal: pensar es ilegal, hablar en tu casa en contra de “equis” es ilegal… Manifestarse como ciudadanos en contra de una reforma constitucional —que me parece totalmente legítimo— resulta, hoy, ilegal.

El sistema está cerrado. Ahora, ¿cuál es el peligro? que todos vamos a estar fuera del sistema… y, por lo tanto, el sistema se romperá.

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