Opinión

Nuño, el cobarde

Por: Ángel Balderas Puga

anbapu05@yahoo.com.mx

 

PARA DESTACAR: Nuño, por ignorancia y cobardía, se niega a debatir con comunidades científicas serias pues sabe que no tiene ni la razón ni los elementos para un debate de altura por lo que prefiere despotricar contra los maestros. No tiene agallas para decir “no” a su patrón y cómplice, Enrique Peña Nieto; mucho menos para decirle “no” a la OCDE.

Algunos felicitan a Aurelio Nuño por su “valor” para “enfrentar” a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Claro que se trata de un “enfrentamiento” sui géneris, por decir lo menos, ya que no se trata de un enfrentamiento directo, sino indirecto. Quienes enfrentan directamente a los y a las maestras de México son policías federales, estatales y municipales. Nuño no se atreve a enfrentar directamente a los maestros, ni siquiera se atreve a debatir con ellos sobre la reforma laboral disfrazada de “educativa” pero que de educativa tiene lo que tiene Peña Nieto de chino mandarín, es decir, nada.

Cabe señalar que la resistencia magisterial a la reforma “educativa” no proviene solo y únicamente de la CNTE sino que hay otras vertientes del movimiento magisterial como el Comité Ejecutivo Nacional Democrático del SNTE (CEND-SNTE) y algunos grupos más que encabezan la resistencia en los estados menos famosos de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán. Sin embargo, el señor Nuño ni siquiera sabe eso, o hace finta de no saberlo pues de manera permanente se refiere a la CNTE y desea confinar el conflicto, amplificado por su terquedad, a los cuatro estados antes mencionados, a pesar de que en mayor o menor medida la resistencia es fuerte también en muchos otros estados de la República.

La extrema cobardía de Aurelio Nuño es manifiesta. Tiene una especie de tara que lo lleva a “discutir” sobre la reforma en auditorios formados por niños y niñas de preescolar, primaria y, menos, de secundaria, a sabiendas de que en tal tipo de auditorios no serán refutadas las tonterías que dice un día sí y otro también. Los ambientes controlados en los que Nuño suele ejecutar su monólogo incluyen a líderes sindicales charros del SNTE, directivos de escuelas, maestros que no han leído o no han entendido aún la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD), periodistas a modo, cientos de policías y guaruras, a unos cuantos padres de familia y membretes como “mexicanos primero”. Sinceramente creo que es difícil hallar en el mundo a un secretario de Educación tan cobarde que se niega a enfrentar a sus verdaderos interlocutores.

Nuño habla ante niños pero ya tiene miedo de enfrentar a esos niños cuando han crecido un poco, por ejemplo, los estudiantes de bachillerato del Politécnico Nacional, a los cuales Nuño les tiene un verdadero pavor y por eso se niega a debatir con ellos.

Nuño, el cobarde, se niega a debatir sobre la reforma con los directamente interesados y expertos del tema: los maestros. Cuando en varias ocasiones ha sido cuestionado en un kínder o en una primaria por algún profesor, Nuño huye inmediatamente por la puerta trasera de los establecimientos pues es incapaz de encarar a la crítica certera de los mentores.

Nuño, el cobarde, hace finta de no escuchar las críticas fundamentadas a la reforma, que provienen de académicos expertos. Nuño, por ignorancia y cobardía, se niega a debatir con comunidades científicas serias pues sabe que no tiene ni la razón ni los elementos para un debate de altura por lo que prefiere despotricar contra los maestros frente a cámaras de televisión, a sabiendas de que se trata de un canal de comunicación unidireccional.

Nuño sale con su batea de babas de que discutirá con la CNTE sólo si dicha agrupación acepta en pleno la reforma “educativa” y entonces ¿para que se sentarían a debatir si precisamente el objeto del diferendo es el contenido de la reforma? ¿Para tomarse un cafecito en sus oficinas? Nuño no ha acabado de entender que una cosa son los dirigentes charros del SNTE y otra muy diferente los nuevos liderazgos del magisterio mexicano que encabezan la lucha contra la reforma impuesta desde el extranjero.

Naturalmente, Nuño, el cobarde, no se atreve a enfrentar a los dizque “empresarios” demagogos e ignorantes de “mexicanos primero”, ni tiene las agallas para decirle “no” a su patrón y cómplice, Enrique Peña Nieto; mucho menos para decirle “no” a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con esta última organización se comporta como lacayo y como corderito, no como secretario de Educación de un país soberano y con una larga tradición educativa.

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