Opinión

Peña Nieto y su reforma “educativa” (Tercera parte)

Por: Ángel Balderas Puga

En los números 659 y 660 de Tribuna de Querétaro proporcionamos datos que deslegitiman a Enrique Peña Nieto como líder de cualquier reforma “educativa”. Su desconocimiento de temas elementales es notorio. Planteamos también lo absurdo de la insistencia de evaluar sólo a los maestros y no a las autoridades educativas o a otras categorías profesionales fuera del ámbito educativo (tales como empresarios o funcionarios públicos).

¿Y para cuándo la evaluación de la educación privada?

El extremo rigor con el que los gobiernos neoliberales tratan de “evaluar” a la educación pública, contrasta con la laxitud con la que permiten el florecimiento de la escuelas privadas cuyo fin primordial es el lucro. Este tipo de escuelas no persiguen un fin social ni humanístico sino que ven a la educación como un negocio y, lógicamente, se comportan en consecuencia.

Por ejemplo, la educación superior privada está dominada por “universidades” patito. La SEP, si fuera seria, debería negar el registro y el funcionamiento como universidad a esas escuelas. El concepto de universidad es demasiado serio como para permitir la simulación. Una universidad debe comprender áreas científicas, ofrecer estudios de posgrado así como un amplio currículum, cosas totalmente ausentes en la mayoría de las universidades privadas de este país, las que se concretan a ofrecer unos cuantos estudios de licenciatura en carreras no científicas. Pero, además, una verdadera universidad no se hace de la noche a la mañana, se requieren, al menos, decenas de años para que se consolide como un verdadero espacio de educación superior. Se requiere infraestructura adecuada (laboratorios, aulas, equipamiento, edificios, baños, bibliotecas, instalaciones deportivas, etcétera) y personal altamente capacitado.

Exagerando un poco, se podría decir que en este país, cualquier “hijo de vecina” puede rentar una casa con dos cuartos y poner afuera una lona que diga “universidad” con cualquier nombre para que las autoridades educativas de este país le permitan funcionar como “universidad”.

El mismo Ceneval señalaba ya desde hace años que de las casi mil 200 “universidades” privadas en México, 506 ¡no reportaban titulados de ningún nivel!, 496 titulaban menos de cien estudiantes por año; 62 por ciento del total, ofrecían a lo mucho uno o dos programas y 728 tenían menos de 500 estudiantes (La Jornada, 25/04/06). El increíble número de “universidades” privadas en México, mil 422 (hasta 2008), contrasta con el sistema universitario francés que cuenta con sólo 87 universidades (todas públicas).

En México sólo 10 por ciento de las universidades privadas cuenta con acreditación de calidad; apenas 37 escuelas tienen carreras reconocidas por el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (Copaes), y sólo 49 posgrados son válidos para la SEP y el Conacyt (Revista Fortuna, 15/06/08).

Recordamos el caso de la “Universidad Hispano Mexicana”, de Naucalpan, Estado de México, la que defraudó a sus clientes. Sus dueños cobraron las cuotas por adelantado, posteriormente vendieron el centro educativo y luego se dieron a la fuga. Esto sería impensable que ocurriera en una institución seria o en una verdadera universidad. También es extremadamente ilógico que una universidad, además de ofrecer estudios de licenciatura, posgrado y bachillerato ofrezca estudios de secundaria, primaria y hasta preescolar (como sucedía con la “universidad” antes mencionada). Eso es muy poco serio.

La misma OCDE reconoce que en nuestro país estas instituciones privadas son un verdadero problema. Como señaló el rector de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Jorge Quintana, “abrir IES (Instituciones de Educación Superior) al vapor, sin infraestructura ni programas de calidad, que crean falsas expectativas laborales, es un fraude”. Quintana, justamente, sugiere que las IES privadas se sometan a los mismos criterios de evaluación y acreditación a los que están obligadas las universidades públicas. (Revista Fortuna, 15/06/08).

Tratar a desiguales como iguales

Todos coincidimos en que es una injusticia tratar a iguales como desiguales, de esta idea nacen luchas contra la discriminación por raza, edad, condición social, etcétera. Pero también es verdad lo contrario, es una injusticia tratar a desiguales como si fueran iguales, que es lo que se pretende hacer con la reforma “educativa”.

Gente ignorante, que no sabe nada de fenómenos educativos, pretende justificar la evaluación a los maestros con los resultados del examen PISA (Programme for International Student Assessment), promovido y patrocinado por la OCDE.

Pero a todos nos debe quedar claro que ante exámenes estandarizados, como PISA, jamás van a tener los mismos resultados, por ejemplo, los niños finlandeses (con óptimas condiciones de estudio) que niños mexicanos que penan en escuelas marginales sin agua o energía eléctrica.

Una viñeta anglosajona muestra a un profesor frente a sus “alumnos”: un simio, un elefante, un pingüino, un pez y una foca. El profesor dice “para ser justos vamos a aplicar el mismo examen a todos: consiste en subirse al árbol” (lógicamente, ¡la cara de felicidad del simio es evidente!). Bueno pues esto mismo es lo que se pretende con esta reforma “educativa”.

anbapu05@yahoo.com.mx

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