Opinión

Presumir las reformas

Por: Ángel Balderas Puga

En su segundo informe de gobierno y en la incesante campaña propagandística de su gobierno, Enrique Peña Nieto presume de haber promovido 11 reformas de envergadura para “mover a México”. Sin embargo, poco se dice de los resultados de tales reformas. La idea que se quiere hacer pasar y aceptar es que todo cambio es bueno o que cambiar por cambiar es bueno, lo que es totalmente falso.

En el caso de la reforma laboral, la legalización del outsourcing a lo único que ha conducido es a la legalización de la precariedad laboral en este país.

En el caso de la reforma energética, se nos vende como positivo el regreso al pasado, el avanzar en el sentido contrario a la modernidad en la que los datos duros muestran que los países periféricos han recuperado el control sobre sus recursos energéticos. No es casual que mientras en 1970 las grandes compañías petroleras transnacionales -las famosas “siete hermanas”- controlaban el 85% de las reservas de petróleo y gas en el mundo, para 2009, el mismo control se había reducido a sólo el 8%. Países como Arabia Saudita, Irán, Venezuela, Ecuador o Qatar, sin hacer tanta alharaca de “reformas energéticas”, siguiendo políticas mucho más nacionalistas que las de nuestros gobernantes; han recuperado para sus países y para sus ciudadanos el control de la enorme riqueza que representan, hoy en día, los hidrocarburos. Así que, en México, no hay nada qué presumir.

Por cierto, una de las reformas prometidas por Peña Nieto en su campaña electoral es la relativa a una reforma “anti-corrupción”, de eso sí no se dice nada; dos años después de haber tomado posesión, no se ha hecho nada al respecto, a pesar de ser éste uno de los peores males que asolan a este país.

Atenco de nuevo

En 2006, el gobierno de Vicente Fox intentó -por la fuerza- imponer a los habitantes del municipio de Atenco la construcción de un aeropuerto. Muchos recordamos la represión desatada por el gobierno federal en ese municipio del Estado de México, que en ese tiempo estaba gobernado, justamente, por Enrique Peña Nieto. La protesta de los habitantes de Atenco era justa, pues les querían comprar sus tierras a precios irrisorios, lo que en la práctica significa un verdadero despojo de la posesión ancestral de la tierra.

Ahora, ya en el gobierno federal, Peña Nieto insiste en la construcción de otro aeropuerto para la zona metropolitana de la Ciudad de México, en la misma zona en la que lo intentó Vicente Fox. La historia se repite.

Los habitantes de Atenco han intentado defenderse por medios legales, pero ya sabemos cómo se maneja la justicia en este país. Para despojar a los ejidatarios de su propiedad colectiva se inventan asambleas, se inventan ejidatarios (con el fin de ganar votaciones), se inventan documentos. En un puro sistema capitalista, debería hacerse un avalúo de las tierras tomando en cuenta la plusvalía que tendrá con la construcción del aeropuerto y con base en eso ofrecer un precio justo a los propietarios; pero, desde Vicente Fox, lo que hemos visto es que se trata de quedarse con la tierra a precios irrisorios para quedarse con la mayor parte de las ganancias antes de cualquier tipo de construcción, pues constituye un negocio redondo y rápido: comprar barato para después vender caro.

Se prevén nuevos conflictos sociales en esa zona pues, ciertamente, al menos un grupo de pobladores tratará de defender su tierra.

La caída del PRD

Las últimas elecciones internas en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) muestran el enorme deterioro y desprestigio en el que ha caído ese partido político que cuando nació representó una esperanza de alternativa en México.

Un partido que en su interior hace fraude en sus elecciones internas no tiene calidad moral para alegar fraude en la competencia contra otros partidos.

En 2006, la Coalición por el Bien de Todos (que incluía al PRD) ganó las elecciones presidenciales, triunfo no reconocido luego de un descomunal, y bien documentado, fraude electoral. Un partido que estuvo a punto de llegar a la presidencia de la República debería haber llevado a cabo una inteligente política de oposición que le permitiera consolidar su capital político de oposición, tal como se hace en otros países.

Sin embargo, al contrario de lo que dicta la lógica política y la experiencia internacional, el PRD dobló las manos, se conformó con migajas, entraron en componendas con el poder, alejando tanto a militantes como a simpatizantes y a votantes. Este partido pasó de ser casi el número uno de México a ser un partido más. La formación de Morena es resultado de esta traición del PRD a sus electores.

El triste, muy triste, papel del PRD en la lucha en contra de la reforma energética neoliberal dice más que muchas palabras, acerca del verdadero significado de su “ser oposición”; no se vieron ni en el debate, ni en la resistencia en contra de la más nefasta de las reformas estructurales recientes.

Como se dice por ahí, el PRD es la “izquierda” que la derecha quiere, un opositor a modo.

anbapu05@yahoo.com.mx

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