Opinión

Primero de noviembre. La muerte

Por Edmundo González Llaca


La vida tiene bastantes cosas para hacerla soportable, pero tiene una que es como para hacerla insoportable: no es eterna. Yo estoy seguro que veré a la muerte física y concretamente. La veré acercarse, dulce y suave como una tentación. Se sentará a mi lado. Yo le diré: “Perdone señorita, no cree Usted que ya exageró con su dieta”. Ella se quedará callada. Volveré hablar. “Disculpe ¿Es Usted, presidenta de los weight watchers o corredora de maratón?” Sin verme exclamará: “Cuando me llevo de este mundo a los sangrones, me da más gusto mi tarea”.

 

Me haré el desentendido para no entrar en discusión sobre su falsa opinión, pero la veré duramente a los ojos. Perdón, a sus huecos. Sentiré un poco de escalofrío al perderme en su negrura. Ella dirá con un tono irónico: “–¿No me reconoces? –Sí, contestaré, he visto tu caricatura en los postes de gasoductos y al lado de los cables de alta tensión”. Como buena mujer esto de seguro que la enfurecerá, pues no sale de cuerpo entero. “Ya basta, soy la muerte y vengo por ti”. ¡Ay Nanita!

 

La barreré con la mirada, le sonreiré en forma displicente. “Perdona, pero la muerte que a mí me lleve será una muerte elegante, vestida con sombrero y pieles, como ‘La Catrina’ de Posadas. Y discúlpame, pero tú te ves muy naca”. Le veré un ligero rubor de molestia en el hueso de los pómulos. Dirá: “Efectivamente, yo antes así vestía. Pero no sé si sepas que en tu país hay cerca de 50 millones de personas que viven, bueno, eso de viven es un decir, en pobreza extrema. El otro día, después de un pleito, fui por un pandillero a ciudad Nezahualcóyotl y me trataron de asaltar. Desde entonces cuando vengo a este México de crisis, me pongo este modelito del mercado sobre ruedas”.

 

Nos quedaremos un momento callados. Ella reflexionará en voz alta: “El problema de los seres humanos es que piensan que la muerte es la negación de la vida. Nada de eso. Al vivir morimos y al morir vivimos. Si la humanidad supiera lo que le espera en el más allá, todos se pegarían un tiro al llegar al uso de razón. No es gran cosa, pero es mejor que aquí, simplemente porque uno está más solo y sin tantos fantasmas”.

 

Tomará con firmeza su guadaña y verá su reloj de arena, del que caerán unos granos apenas imperceptibles. Escucharé su voz metálica: “Ya es hora”. Le diré con un aire de suficiencia: “Tu tecnología está muy pasada de moda, creo que traes tu reloj adelantado”. “No, responderá, antes de venir por ti puse mi hora con el radio”.

 

Sentiré un poco de miedo. Insistiré: “Déjame terminar de hacer el amor; déjame que me acabe esta copa; déjame concluir esta discusión; déjame decir unas últimas palabras para la historia”.

 

Ella suspirará desesperada: “Me choca venir por los periodistas, se echan unos rollos interminables. Te dejo que escribas tu epitafio, que de seguro es más corto”. Agradecido se lo leeré: “Ya no amo, ya no odio, ya no ambiciono. Ya soy libre”. Espera, tengo otro: “En la vida todo es adiós, todo es pasar y partir, se muere tanto, pero tanto en esta vida, que lo de menos es morir”. Ella me responderá: “Ya dijiste. Veré si tu desdén a que te lleve no es promesa de campaña”. Después la muerte me dará un beso, sentiré el frío de su vacío. Suavemente me subirá en sus hombros. Emprenderemos el ascenso. No le costará mucho trabajo porque no estoy muy subido de peso.

 

Veré como se van perdiendo los perfiles, primero de los rostros angustiados de los que me rodean, después de mi casa, luego de Querétaro. En brevísimos instantes contemplaré esta esfera azul flotando en el espacio. Volveré los ojos hacia arriba, hacia el lugar que me espera (obviamente, dada mi bondad, una suite en el cielo).

 

Quedaré maravillado. La muerte me preguntará: “¿En qué piensas?” Girando una y varias veces la cabeza hacia arriba y hacia abajo, como buscando comparar los lugares, le contestaré: “Pienso que, después de todo, tienes razón. La ‘rola’ de la vida… no es para tanto. Chance allá arriba pueda echarme un mejor fuaaaaaa”.

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Querétaro para atrás

El año pasado el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y la Conferencia Mexicana de Acceso a la Información Pública (Comaip) hicieron una investigación para medir la transparencia en toda la República, Querétaro fue uno de los estados peor calificados. El pasado 12 de octubre el Instituto Mexicano para la Competitividad hizo una investigación sobre la transparencia presupuestaria. Querétaro no solamente es de los últimos lugares sino que va para atrás. En el 2009 era el lugar 24, el 2010 el 27 y ahora somos el 29. La herencia opaca del gobierno pasado no solamente no se ha eliminado sino que se ha agravado, de opacos a oscuros. ¿Qué esconderán?


Otra reprobada

El Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC) realizó un estudio en la República: “¿Por qué gastan así?”, que consistía en averiguar la normatividad de los estados en el gasto público. Querétaro, lo que ya parece una costumbre institucional, salió una vez más reprobado y en los peores lugares de la República. En otras palabras, los recursos que recibe el gobierno no tienen controles, no se sabe de la calidad del gasto y, por supuesto, no regula su deuda. El Gobierno del Estado no pasa los exámenes nacionales ni con acordeón. La mayor preocupación de los ciudadanos es que las finanzas en el estado siguen siendo un arca abierta que, como bien dice el refrán, en ella hasta el más justo peca.

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