Promover entre menores, reflexiones sobre las crisis hídrica y alimentaria V y última

He señalado que en la Casa de Vinculación Social (CVS), espacio educativo no escolarizado en Carrillo Puerto, Qro., trabajamos varios proyectos en torno a las preguntas: ¿de dónde vienen las cosas que usamos, a dónde van a parar cuando las desechamos? Y ¿qué les sucede a las personas y a la naturaleza en el proceso?
Uno trató el tema de la alimentación, reconociendo que la actual crisis alimentaria se generó, sobre todo, por el abandono de la agricultura tradicional (la milpa) para suplirla por la agroindustria, los transgénicos y el consiguiente exceso de comida industrializada que, aunado al sedentarismo dominante, está ocasionando serios problemas de salud, especialmente entre la niñez.
Por eso, el veto a la comida chatarra y bebidas industrializadas fue una condición, señalada como “no negociable” para participar en la CVS.
Pero pugnar por “el plato del buen comer” resulta muy difícil, pues implica no sólo cuestionar hábitos o estilos de vida culturalmente muy arraigados o tratar de “crear conciencia”, evidenciando los graves daños a la salud que genera la comida chatarra, sino contradecir la percepción de que es más barata y desactivar adicciones sostenidas legal e ilegalmente, por el gran mercado, con poderosos aparatos publicitarios, pues gente sigue consumiéndola a pesar de toda advertencia.
Algunos roces eventuales que surgieron por ese invento evidenciaron que varias familias consideran “derecho”, consumir dichos productos, a pesar de tener familiares con diabetes, hipertensión u obesidad; así que llevar agua simple, frutas o granos como refrigerio, se hacía a veces a regañadientes.
En algunas expo-barriales -en que colocamos enormes cazuelas con envolturas de comida chatarra, o envases mostrando la cantidad de azúcar de ciertas bebidas con letreros sobre las graves enfermedades que produce su exceso – encontramos que varias chicas y chicos alegaban (¿en broma?): –“A mí los dulces que más me gustan son los de cinco sellos” (los de advertencia de la SSA).
Hay que reconocer que la comida chatarra está integrada a nuestra cultura desde hace varias décadas; que no sólo las misceláneas barriales o tienditas escolares son susimportantes promotoras, sino que incontables vecinas abren sus puertas para ofrecerla en mesas improvisadas, y muchas amas de casa sin tiempo para cocinar la ofrecen en su mesa. Además, los embotellados suplen al agua en comunidades en que ésta escasea, e incluso varios pueblos originarios (como S.J. Chamula) añaden una Coca-Cola como elemento sagrado en sus altares.
A pesar de la intensa labor de legisladores, SSA, COFEPRIS y otros promotores de la salud para denunciar al monstruo de la chatarra, pesan más los TikTok mostrando a gente que la defiende como el más preciado bien.
Es inconcebible además la sumisión de funcionarios públicos como la secretaria de Turismo en Querétaro, Adriana Vega Vázquez Mellado, a quien parece inofensiva la caravana navideña de Coca-Cola con su perversa y agresiva estrategia publicitaria. Para colmo, Mario Delgado, secretario de Educación Pública ya había generado polémica por reunirse con representantes de empresas de alimentos y bebidas ultra procesados, tabaco y alcohol, agrupadas en CONMÉXICO.
Ante semejante drama (global), urge una alianza internacional para exigir a la OMS una estrategia que detenga el daño, como la MPOWER del control del tabaco.
El micro esfuerzo de la CVS incluyó la promoción de la agroecología y la construcción de huertos barriales en varias delegaciones de Querétaro, dirigidas por el Grupo Micelio Urbano, vinculado a ForTeRa (Fortalecimiento de Territorios Agroecológicos en Red) y con el apoyo de QCA/Ciudad del Aprendizaje/UNESCO.
Desde la Escuela Rural Mexicana, al inicio del siglo pasado, hasta la actualidad, muchas escuelas alternativas siguen impulsando proyectos agroecológicos en sus espacios, pues son altamente formativos para la niñez, al visibilizar la extraordinaria biodiversidad de la naturaleza y su capacidad colaborativa y regenerativa.
He aquí otro desafío para la NEM.

