Qué haríamos sin ustedes, admirables profesores. Educación alternativa, ¿acierto o error?

La docencia en educación básica es una profesión sometida a fuertes presiones y discusiones por todos los intereses e imaginarios que despierta. Cada gobierno busca imponer sus valores políticos y justificar sus decisiones mediante ella.
En esta etapa de transición, cada vez más gente toma conciencia de cómo se toman las decisiones públicas y se muestra menos dispuesta a ser excluida, y lo bueno de los desaguisados en la SEP es que evidencian lo que antes pasaba desapercibido: la enorme complejidad del sistema educativo y lo que implica adecuarlo a la nueva realidad, tan cambiante, caótica y excesivamente ruidosa, así como atender a la enorme diversidad de condiciones sociales, culturas e ideologías que pululan en nuestro país.
La dificultad crece si la Nueva Escuela Mexicana trata de romper los rígidos esquemas autoritarios de la escuela tradicional, en que los profesores sólo seguían, página a página, los textos oficiales, así como la ideología neoliberal, eficientista y meritocrática que reduce la educación a burocracia de selección.
Lo que ahora busca la NEM resulta más difícil, pero más edificante: contribuir a construir la emancipación individual y la democracia desde el aula. Sin embargo, hoy más que nunca, los profesores se ven desgarrados por las funciones inherentes a toda educación (opuestas entre sí): socializadora (para convivir en paz y participar), conservadora, estructuradora y represora (que pone límites, exige y encausa), liberadora (que reclama atender las necesidades de disfrute, reconocimiento y libre expresión de las-los estudiantes, y provocar su interés por el conocimiento, cuando muchos bandan a la deriva por sufrir abandono familiar o porque la escuela ya perdió sentido). Para colmo, las-los docentes sufren los cambios sexenales de la SEP, que intenta subirse al tren tecnológico de alta velocidad y frenética innovación, y confunde educación con capacitación en “apps”.
Estas dificultades pueden explicar por qué, a pesar de su encargo público, muchos profesores se van “por la libre”, siguiendo sus propias convicciones que les dan seguridad. Así, planes y programas de estudio van y vienen sin transformar de fondo sus concepciones y prácticas que, a veces, sólo reproducen inercialmente lo que aprendieron de sus mentores, en su niñez.
Para construir la NEM, la SEP ha de resolver gran cantidad de problemas que siguen pendientes, empezando por reformar el presupuesto público:
*Regionalizar el SEN para adecuarse a los diversos contextos.
*Resignificar los conceptos de escuela y docencia, su sentido, funciones y responsabilidades específicas; comprender que esta profesión es mucho más importante de lo que el Estado está dispuesto a reconocer y es una pena que la SEP/4T tampoco logre escuchar lo que las(os) profesores necesitan: salario digno, para no trabajar doble plaza, grupos pequeños; tiempo para estudiar, actualizarse, preparar clases, evaluar, interactuar con colegas y familias, descansar; jubilación digna; protección patronal frente a agresiones…
*Atender infraestructura, equipamiento escolar y materiales didácticos. No toca a los maestros resolver esto.
*Vincular la educación formal con la no formal, para que las escuelas sean auténticas “casas del pueblo”, como promovió Rafael Ramírez. Si la NEM plantea que “la comunidad ha de estar al centro”, las escuelas debieran integrarla. Esto significa diversificar las profesiones que atienden la vida escolar. Un docente NO puede hacerse cargo de todo; alguien debe atender la burocracia; alguien más los problemas psicológicos, etc.
Si no hay recursos (que sí los habría, si la educación se priorizara), ¿por qué no vincular la escuela básica con equipos de practicantes y prestadores de servicio social de universidades u otros centros educativos, o voluntariados de la propia comunidad, para organizar talleres extraescolares de todas las artes, primeros auxilios, horticultura, etc., sin afectar los tiempos de clase, ni las vacaciones de las-los maestros?
La NEM se fortalecería mucho, si sus profesores fueran realmente tomados en cuenta.
¿Qué haríamos sin aquellos que mantienen su pasión y compromiso educativo, a pesar de que sus dirigentes de élite ocupan su cargo como simple trampolín político?



