Opinión

¿Qué significa ser de izquierda hoy?

La política y la ciencia

Por: Marta Gloria Morales Garza

Dos hechos sucedidos recientemente inspiran mi columna; en primer lugar, y muy importante, la entrega del Premio Corazón de León al presidente de Uruguay, José Mujica, el sábado 6 de diciembre en el marco de la FIL, por la Federación de Estudiantes de la UdG; y por el otro lado, la lectura de un libro de Héctor Aguilar Camín titulado “Pensando en la Izquierda”, regalo de un muy buen amigo.

Héctor Aguilar Camín afirma, y ése quizá es el único mérito del libro, que hay cuatro linajes de izquierda en México, y en ocasiones se extiende a América Latina: la izquierda revolucionaria, la izquierda comunista, la izquierda estatista nacionalista y la izquierda utópica.

Termina el librito criticándolos y afirmando que la izquierda mexicana debería ser socialdemócrata, o nunca será la izquierda que necesita México, según él. No comparto su posición.

Dicho libro fue publicado en 2008, así que no coincidió con el gobierno del presidente José Mujica, aunque para esa fecha ya existía el Frente Amplio y el Movimiento de Participación Popular que éste dirigió por muchos años; pero no hace ninguna mención a este movimiento latinoamericano de izquierda exitoso que no puede ser definido como socialdemócrata, sino sólo como de izquierda.

José Mujica es, sin duda, un hombre de izquierda revolucionaria, siguiendo la clasificación de Aguilar Camin; extupamaro (el nombre de la guerrilla uruguaya) estuvo en la prisión 15 años y salió en 1985 como parte de la amnistía decretada en su país después de la caída de la dictadura militar.

Al salir de la cárcel inició el Movimiento de Participación Popular dentro del Frente Amplio, por el cual fue diputado y ministro, y actualmente —desde 2010— es presidente del Uruguay. El Frente Amplio es una agrupación política que aglutina a toda la izquierda uruguaya y viene gobernando ese país desde hace diez años, y seguirá los próximos cinco, pues recién volvió a ganar la elección presidencial, con amplio margen.

La entrega del premio Corazón de León a Mujica se explica en buena medida por la fama que ha adquirido a partir de sus ya casi cinco años de gobierno, y también por un sinfín de discursos brillantes en diferentes espacios internacionales, que han conmovido al mundo y que muestran que no sólo sigue siendo de izquierda sino también marxista.

Algunos dicen que es el presidente más pobre de América Latina; sin embargo, él contesta que los demás son los pobres porque nunca tienen lo suficiente. Él en cambio tiene todo lo que necesita, vive en un granja a las afueras de Montevideo, en donde siempre ha vivido, por cierto, no se cambió a la casa presidencial como lo exige la tradición y sólo la ha dejado como casa para protocolo; maneja un bocho y un tractor con el que trabaja su tierra. Es decir, ser de izquierda hoy es vivir con modestia, sólo con lo necesario.

En síntesis, aunque inició como de izquierda revolucionaria, como guerrillero, ahora es un viejo, 79 años, de la izquierda, marxista y utópico.

El discurso de toma de posesión como presidente en el 2010 nos permite ver otras de sus cualidades; es de izquierda democrática, pero no sólo porque llegó por la vía electoral, lo cual es obvio, sino porque realmente es un demócrata. Dice en su discurso de toma de posesión: “sobre el rumbo económico del país hay una gran polémica, debemos participar todos y resolverlo entre todos y entre todos asumir las consecuencias”. Se refiere básicamente a la disputa entre los ambientalistas y los productivistas en torno al modelo agrícola del país. Es decir, es un demócrata, pero no para construir mayorías sino para construir consensos.

También manifiesta una tercera característica; una preocupación sincera por el 2% de la población indigente y por el 20% de la población uruguaya que padece pobreza; afirma, hay que terminar con esa vergüenza nacional, por lo tanto dedicaremos todos los recursos posibles y hasta los imposibles para terminar con la pobreza.

“No queremos un país que se luzca en las cifras, queremos un país que sea bueno para vivir.” Para esto se requiere no sólo el esfuerzo del Estado, sino sacar la reserva de solidaridad de la sociedad uruguaya, “estoy convencido de que esta reserva puede ser movilizada para construir un mejor país”. Es decir, Mujica representa también una izquierda que no sólo cree en el Estado sino también en la sociedad.

También es un ateo, pero con una profunda fe en la sociedad y en los ciudadanos.

Finalmente, lanza un mensaje de optimismo y de esperanza a los jóvenes en Guadalajara: “el único derrotado es el que deja de luchar”. A sus 79 años, Mujica también es un luchador social.

Quizá Mujica es lo que debería ser la izquierda de hoy en América Latina, no socialdemócrata, como dice Aguilar Camín, que en realidad dudo de su ubicación en la izquierda, sino realmente de izquierda, modesto, cercano al pueblo, pues vive como la mayoría y no como la minoría que gobierna en otros países demócrata de verdad, no sólo electoral, constructor de consensos y con una visión clara sobre el papel de la sociedad en la construcción de las soluciones nacionales.

Con fe profunda en la sociedad, pero sin permitir que el mercado regule todos los ámbitos de la vida, porque, como dijo en Brasil, los hombres ahora somos manejados por la economía que creamos. No creo que tengamos de esta izquierda en México, aún, pero creo que somos responsables de construirla.

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