Opinión

Querétaro

Por: Daniel Muñoz Vega

Todo lo que percibimos es una construcción de la realidad. En Querétaro se tiene bien definido el orden establecido. Hemos creado una forma de entender la vida. Están claros los roles sociales, están bien especificados los poderes, los actores cumplen sus respectivos papeles dentro de la construcción de Querétaro.

Querétaro tiene dos caras que no siempre son incompatibles: la tradicional y la moderna. En lo político, Calzada es el ejemplo de esa fusión, aunque tiene una carga mucho más  tradicional que de moderno. Calzada podrá entregar buenas cuentas en lo económico (el símbolo de la modernidad), pero hay que entenderlo como un administrador más no como un transformador.

También habría que debatir por lo que se entiende como modernidad. Si bien ya tenemos 6 ó 7 sucursales de Starbucks y pronto tendremos el centro comercial más grande de América Latina, no significa que Querétaro sea una sociedad moderna. Así entendemos la modernidad: mientras más centros comerciales más modernos. Querétaro es una sociedad globalizada en ciertos aspectos. El acceso a servicios financieros, de telecomunicaciones y  de salud, nos hacen pensar que se tiene calidad de vida. Pero si hablamos de transporte público, infraestructura y desarrollo urbano, tendríamos que pensar que Querétaro no es moderno.

En Querétaro se privilegia el sentido de vida individual y familiar para un sector de la sociedad. Es decir, los sectores acomodados pueden tener o entender que se tiene calidad de vida: condominios privados, dos o tres carros por familia, acceso a la educación privada de calidad, empleos estables.

Los que batallan en Querétaro son los que precisamente no tienen acceso a lo anterior. Y a lo que nadie tiene oportunidad, incluyendo al gobernador y a toda la clase política, es a una sociedad sustentable. Aquí perdemos todos.

El Querétaro tradicional, es aquel que añora aquel Querétaro de las fiestas, de las costumbres, de la religión, de la comida, de los lugares de antaño; el Querétaro al que pertenecieron nuestros abuelos y que nuestros padres heredaron, pero que muchos de nosotros ya no nos interesa seguir preservando.

El Querétaro tradicional no entiende la vida de la sociedad como impermanente. Es un Querétaro conservador con valores y costumbres muy arraigadas. A mi papá le producía enorme nostalgia ir a ver los carros alegóricos, los carros bíblicos, los carros de la cabalgata y las mojigangas.  No creo que sea malo dejar de preservar ciertas tradiciones, más cuando muchas de ellas están arraigadas en un claro sentido dogmático. Tampoco está mal que sigan, pero pienso que sería más importante la construcción de una nueva sociedad que seguir preservando tradiciones.

Muchas personas se alarman cuando ven que sus valores y tradiciones se ven atentados.  Hago un acto de contrición al haber sido de los que se opuso a quitar la fuente del Jardín Guerrero. He entendido que la nostalgia no nos ayuda para transformarnos. Lo indignante fue lo que se gastaron en dicha obra, y ahí no dijimos nada. Hubiera sido más útil protestar por el dispendio que por una fuente que nada significa.

Es importante mantener un constante sentido histórico. La historia es importante, las tradiciones y costumbres no lo son tanto. Si hay nuevas manifestaciones sociales que nos hagan ser una sociedad más libre, más tolerante, más incluyente, menos contaminante, más accesible ¿por qué no cambiar? ¿Por conservar el orden tradicional de Querétaro? Hay que transformarnos. No podemos entender la modernidad en cuanto a mayores números de Starbucks se pongan en la ciudad. Habría que procurar muchísimos más aspectos además  del económico para considerarnos una sociedad moderna.

A nadie le hace daño la peregrinación a la basílica, es más, a muchos les da un sentido a su vida. Lo que sí no entiendo es que los funcionarios públicos aprovechen esas manifestaciones populares para tomarse una vil fotografía. La investidura de los funcionarios no es compatible con este tipo de manifestaciones tradicionales. Se entendería como “yo (político) peregrino, sería incapaz de robarte o joderte la vida, porque soy peregrino”… tradiciones que se mal conservan para seguir manteniendo el status quo. De nada sirve.

La transformación de Querétaro se va a dar en la medida que vayamos siendo consientes: ciudadanos despiertos. Nadie puede despertar a nadie. El ciego no le puede dar vista al ciego. Entendámonos todos ciegos y desde ahí procurar abrir los ojos y darnos cuenta de la realidad de lo que pasa en nuestro entorno. De nada sirve meter la mugre debajo del tapete, la mugre sigue ahí. En la medida que podamos convertirnos en ciudadanos críticos y actores de cambiar la parte que nos corresponda, todo se irá transformando. Falta un largo camino por recorrer. Empecemos por dejar de ver la tele y dejar de leer los periódicos oficialistas, mejor veamos a nuestro alrededor, que es la forma más clara de entender el acontecer, sin juicio u opinión de terceros.

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