Opinión

Sembrar y cosechar

Por: Omar Arcega E.

twitter.com/Luz_Azul

La generación que vive un acontecimiento histórico, le da una sentido, una interpretación; pasado el tiempo las generaciones siguientes vuelven sobre el mismo hecho y desde sus coordenadas lo reinterpretan, en este proceso, muchas  veces hay una total disociación entre los que vivieron el hecho y quienes lo miran a la distancia. Este comportamiento social lo podemos apreciar en la tradicional marcha de conmemoración de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas.

 

Desvirtuar el pasado

Algunos de los jóvenes que acompañaron a los integrantes históricos del Consejo Nacional de Huelga de 1968, optaron por actos de agresión y violencia, amparados, según ellos, en la libertad de expresión y de libre manifestación de ideas. Sus acciones propiciaron 51 personas heridas, 32 policías lastimados, comercios saqueados y pérdidas por 50 millones de pesos para los pequeños negociantes de las calles donde se dieron los hechos. Todo esto, según ellos, son «daños colaterales» de una defensa de la libertad y de la lucha contra autoridades antidemocráticas. Lo que debería ser una conmemoración de reflexión sobre el pasado y presente de nuestra nación se transforma en actos de confrontación sin sentido, donde prima el coraje, el odio, la sinrazón; en cascada se suceden episodios de rapiña y vandalismo. Con esto se desvirtúa el sentido original de esta marcha, Gilberto Guevara Niebla, uno de los líderes históricos de esa movilización, descalifica sin rodeos estas formas y lamenta que el recuerdo de este acontecimiento sea  «pretexto para mover una serie de banderas políticas ajenas al sentido luctuoso» del evento conmemorativo.

Quienes generaron violencia en esta marcha, en primer lugar lastimaron la libre expresión de aquellos que optaron por una vía pacífica, en segundo lugar contribuyeron a que los medios de comunicación tuvieran elementos para fomentar una crimiminalización de la protesta legítima, en tercer lugar trasmitieron  mensajes de intolerancia y finalmente desvirtuaron todo el sentido del evento. En pocas palabras, hicieron un flaco favor a la lucha por la democracia y por la primacía de los valores ciudadanos.

Año con año se realiza esta marcha para que las nuevas generaciones no olviden lo que un gobierno autoritario puede hacer con sus ciudadanos; para que el recuerdo de los jóvenes del 68 perviva y sea un aliento para las nuevas generaciones, un ejemplo de que en la juventud hay potencialidad de cambio y pueden ser motor de transformaciones; para que como sociedad no se nos olvide que cuando el diálogo falta, la violencia se entroniza y con ello perdemos todos. Estas son algunas de las reflexiones a las cuales nos debe llevar el recuerdo de aquel octubre de 1968. Y con estas ideas pensar la nación que deseamos, sólo así tendremos un diagnóstico claro de dónde estamos y las carencias que tenemos en nuestra vida democrática como sociedad.

Construir el futuro

1968 fue un año importante en el despertar de la conciencia cívica de los ciudadanos, una toma de conciencia que es proceso permanente, el cual se construye día a día en las escuelas, actividades laborales y familias. Este aspirar a una sociedad justa y democrática debe trasmitirse de una generación a otra, pero sin tergiversarlo. La matanza del 2 de octubre fue fruto de la ausencia de una cultura del diálogo y del entendimiento, surgió en una sociedad que privilegiaba la imposición de ideas a su discusión. Que esto no se nos olvide. Pues los grupos autodenominados “anarquistas” no saben compartir visiones, solo quieren ejercer dictaduras ideológicas, no les importa la democracia, solo quieren imponer el caos, no les interesa que las nuevas generaciones aprendan las lecciones de este acontecimiento, solo aspiran a ser protagonistas de una sociedad dividida y resentida.

 

Si realmente aprendemos las enseñanzas de este acontecimiento, sabremos distinguir la legítima protesta de la violencia sin sentido; sociedad y actores políticos buscaremos permanentemente el diálogo, no permitiendo que la intolerancia y cerrazón se apropien del espacio público; crearemos vías para que los diversos grupos sociales que forman a nuestra multicultural nación puedan expresar sus inquietudes, miedos y necesidades; quizá lo lección más importante es que cuando los ciudadanos se unen, detonan verdaderas transformaciones en el sistema político, pero estas no siempre serán inmediatas, pues se enfrentan a mentalidades de grupos de poder, esto no nos debe llevar a la frustración, al contario debe ser motivo de aliento, pues estamos sembrando las semillas que otros cosecharan, esa es la marcha de la humanidad: unos echan la semilla y otros saborean los frutos. Nosotros disfrutamos de lo que se inició hace 45 años la pregunta es ¿Qué sembraremos para las próximas generaciones?

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