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¿Quién es David y quién Golíat en el México actual?

La realidad es tan compleja que nunca lograremos comprenderla en su totalidad. Por eso, ante lo ininteligible, para dar sentido a nuestra existencia, acudimos a relatos míticos o románticos, que dan fe o confianza en que, a pesar de todas las contrariedades, “el bien triunfará”. Esos relatos acompañan a la personas independientemente de su ideología, con ciertas diferencias: Algunos grupos explican el movimiento del mundo por la acción de seres “sobrenaturales” (“divinos” o “satánicos”) y lanzan sus proyecciones a “la vida después de la muerte”, mientras que otros tratan de explicar los sucesos racionalmente: por la fuerza de la naturaleza, la cultura, la historia, los modos de producción…y proyectan utopías sociales, animando a construir desde ya otros mundos mejores y posibles.

Estos relatos, que implican diversos modos de comprensión de la realidad (E. Kieran), se acompañan de intensas pasiones (miedo, odio, repugnancia, gozo, etc.) y adquieren mayor o menor fuerza a lo largo de la vida, según las circunstancias. En las primeras etapas de vida o en condiciones de extrema tensión no es fácil regular dichas pasiones y la falta de un aparato crítico puede acrecentarlas y desbordarlas, hasta llevar al desquiciamiento, linchamiento social o a las guerras. 

La petición a la virgen de Guadalupe de “que salve a México” o al Sagrado Corazón de “que nos perdone” (en algunos espectaculares) son manifestaciones de pensamiento mítico. También la advertencia sobre el “fantasma del comunismo”, la creencia de Xóchitl G. de haber recibido “el llamado de Dios”, la acusación de “satánica” a Claudia S., o la irrupción con violencia en casillas para destruir boletas electorales.

En otro nivel o modo de comprensión (un poco más avanzado en el desarrollo del pensamiento crítico) acudimos a relatos “románticos”, en que ya no son dioses, sino personas extraordinarias o heroicas (buenas o malvadas) quienes provocan o resuelven los problemas sociales. Ejemplos de este modo de comprensión son: la carta de esos 200 “intelectuales” con pretensión de “superioridad”, que advierten sobre “el grave peligro en que se encuentra nuestra democracia”, o lo que expreso la politóloga Denisse Dresser ante los resultados electorales: “Me entristece saber que la mayoría de mis compatriotas volvieron a ponerse las cadenas que les quitamos” (¡sic!).

En esas narrativas románticas desde la derecha, Amlo ha sido tachado como “tirano”, “déspota”, dictador”, “autoritario”, (entre muchos otros insultos), y sus seguidores (que rebasan los treinta millones) han recibido similares injurias.

Si hemos de aceptar que en tiempos electorales se impone (¿inevitablemente?) el modo de comprensión romántico parece más pertinente, para Amlo, la metáfora del “Mesías tropical”: Desde otra perspectiva, él no es El monstruo por vencer, ni los grupos que lo atacan, pobres “víctimas a quienes les fueron arrebatados sus derechos”. Amlo ha sido más bien una especie de Hércules, un luchador incansable que se atrevió a enfrentar a la Hydra Capitalista, o un David que logró vencer a esa runfla de Golíats neoliberales que se apoderó de nuestra nación. Un David que anima a su pueblo a continuar en la lucha, para liberarse de las trampas de los monstruos trasnacionales y construir la utopía de la Cuarta Transformación, que apenas se está esbozando.

Si bien no es bueno que un solo partido o gobernante concentre tanto poder (pues esto puede llevarnos a una época similar a la del dominio del PRI), la responsabilidad no es tanto del nuevo gobierno, sino prioritariamente de los partidos de oposición. Si Morena arrasó en estas elecciones fue porque sus opositores fueron incapaces de ofrecer a la ciudadanía otros proyectos de nación, que ésta pudiera reconocer como opciones.

¡Urge que esos partidos se levanten de sus cenizas y se pongan a trabajar para ejercer un real contrapeso!

La buena noticia es el gran interés por la política que se ha despertado en la ciudadanía en los últimos tiempos. Con C. Sheinbaum, destacada científica, podemos avanzar, como pueblo, hacia un modo más crítico de pensar y actuar sobre la realidad, hacia una democracia más participativa, en la que sea el pueblo el sujeto de su historia, ya sin dioses ni héroes. ¡Enhorabuena!

maric.vicencio@gmail.com

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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