Opinión

¿Quién gobierna al INE?

Por: Marta Gloria Morales Garza

El 19 de febrero de este año, en pleno proceso electoral se levaron de la mesa del Consejo general del INE siete partidos políticos (PAN, PRD MORENA, Convergencia, PT, Encuentro Social y Humanista) y dejaron solos a los Consejeros Electorales y a los partidos PRI, PVEM y Nueva Alianza.

 

¿Cuál es el origen de este descalabro del INE? En principio es importante recordar al auditorio que los Partidos no tienen voto, sólo voz, en el Consejo general del INE. Sin embargo, el que todos los partidos que se oponen al PRI se levanten de la mesa donde se organizan las elecciones genera obviamente un problema de legitimidad y de gobernabilidad de la institución y del proceso electoral en su conjunto. Más aún cuando declaran a la prensa que el Consejo general está controlado por el PRI y sus aliados.

Este hecho no es más que un síntoma que tiene su origen en dos circunstancias: la primera, una reforma electoral que, como casi siempre sucede en este país, resultó ser una mescolanza de varios proyectos que generaron un monstruo sin cabeza y con muchos principales[1] que piensan que lo pueden mandar; en segundo lugar, un Consejero Presidente, muy buen académico pero con poca experiencia en el ámbito del manejo de los partidos, que debe controlar a Consejeros Electorales con mucha experiencia, y que además muestra más soberbia de la necesaria.

En relación con el primer aspecto, la reforma Electoral aprobada en mayo de 2014, propició cambios en dos órdenes; en primer lugar cambios en el ámbito estrictamente político con la inclusión de la reelección de diputados, senadores y ayuntamientos. Por otro lado, y esto es muy importante para el tema que nos ocupa,  generó un cambio fundamental en el organismo electoral, pues le dio atribuciones para nombrar a los consejeros electorales locales. También acordó un nuevo procedimiento para la elección de los consejeros electorales que de alguna manera obligaba a los partidos a ponerse de acuerdo. De otra forma, el Tribunal Electoral Federal tendría atribuciones para elegir a los consejeros por sorteo.

Esta reforma pretendía originalmente eliminar los organismos locales, que según se argumentaba eran muy caros, duplicaban el presupuesto de los partidos y además obedecían a los gobernadores y no eran árbitros justos en las contiendas electorales.

Sin embargo, esta propuesta que originalmente era del PAN fue cambiada en el proceso por una media entre lo que había y lo que se buscaba, de manera que finalmente nos quedamos con órganos locales muy debilitados, con muchos patrones o principales, que responden a los partidos pero a nivel nacional y no local, y con un organismo federal con una estructura muy compleja y en ocasiones inmanejable, pues se le agregaron funciones centralizadas como la de fiscalización de todos los partidos en todas las elecciones,  y además la elección y coordinación de los órganos electorales locales. En síntesis se cambió para seguir igual o incluso peor.

En el Consejo General del IFE hay consejeros muy experimentados, como sería el Consejero Marco Antonio Baños, con mucha experiencia y muy cercano al PRI, quien además coordina la Comisión responsable del nombramiento de los órganos locales y responsable también de coordinar los trabajos de las elecciones locales.

A partir de esta Comisión, el Consejero Baños obtuvo un enorme poder en el INE y logró articular a consejeros que no son priistas como Javier Santiago, quien a pesar de esto, está casado con una asesora del Consejero Baños,  y Benito Nacif, además de otros tres consejeros muy vinculados al PRI. De esta manera, se formó el bloque de los seis consejeros que en la sesión del 19 de febrero votaron por atrasar la discusión sobre dos puntos de acuerdo para garantizar la imparcialidad en el uso de los recursos públicos.

El tema fue en realidad la gota que derramó el vaso, pues, en una agenda siempre atrasada, el consejo quiso abordar tres temas muy complejos: el reemplazo del Contador Cristalinas, responsable de la Unidad de fiscalización del INE, el tema de la cancelación de contrato con la empresa española que estaba haciendo el programa para la fiscalización de los recursos a los partidos y, sobre todo, el tema de los anuncios del Partido Verde, tanto en espectaculares como en televisión y cines.

Los temas que propiciaron el levantón de los partidos son muy relevantes, pero en realidad muestran la ineficacia de la reforma política para impedir que los partidos controlen al organismo electoral. Habrá que pensar en otro diseño institucional pues este ya mostró sus debilidades.

A finales del mes de febrero de este año, la empresa Parametría presentó los resultados de su más reciente encuesta sobre preferencias electorales. Dos cuestiones son muy reveladoras: en primer lugar, el PRI se encuentra en el nivel más bajo de preferencias desde que ganó la Presidencia Enrique Peña Nieto (46-32%) y por otro lado el PAN está recuperando preferencias lentamente (30-26%), el PRD pierde preferencias lentamente (19-13%),  pero los que están francamente incrementado sus preferencias son los “otros” (12-29%), particularmente el Partido Verde y Morena.

En este contexto de competencia y donde no hay nada para nadie aun, se entiende la guerra por la presencia mediática de los partidos, y por lo tanto, se entiende la importancia de retirar los anuncios del Partido verde.

Ciertamente, no sabemos a ciencia cierta el impacto que los medios tienen en la formación de la preferencia electoral, pero de eso hablaremos en la próxima semana.

[1] Utilizo el término principal en el mismo sentido que se usa en la teoría del Agente y el Principal.

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