Opinión

Rameshbabu, los hermanos dinamita.

Los hermanos se cuentan entre las personas de las cuales aprendemos a jugar ajedrez. Aun así, son raros los casos de hermanos ajedrecistas. Quizás los primeros fueron Robert y Daniel Byrne, dos estadounidenses de tiempos de Bobby Fischer.

Jonathan Penrose, gran maestro británico, es hermano de Roger Penrose, nobel de física 2020, quien inventó una posición de ajedrez imposible de resolver para una máquina, al tiempo que en segundos para un humano.

Las hermanas Polgar (Susan, Sofía y Judith) de Hungría han sido la dinastía más grande de hermanas ajedrecistas. En la actualidad, las más fuertes son las ucranianas Anna y Mariya Muzichuk, de las que hablaremos en el mes de marzo.

La novedad en ese rubro es la familia Rameshbabu: Vaishali (mujer, 22) y Praggnanandhaa (hombre, 19), caso único en la historia. De origen indio, dominan la escena ajedrecística internacional en las categorías femenina y masculina. Juegan actualmente el prestigioso torneo “Tata Steel”, que se celebra cada enero en Países Bajos, donde se dan cita los mejores ajedrecistas del orbe, con siete participantes indios de una nómina de 28 jugadores. Prag juega en Masters y Vaishali, en Challengers.

Vaishali y Prag formaron parte de los equipos olímpicos femenino y masculino de India el año pasado, que triunfaron en Budapest, llevándose la medalla de oro a casa. Las fotos no mienten: la orgullosa madre, Nagalakhsmi, es el indiscutible artífice de esta hazaña sin parangón en la historia. Al igual que Klara Kasparova lo fue para Gary Kasparov, ella es el soporte emocional de sus vástagos en la dura competición internacional.

Al momento de escribir estas líneas y a falta de una ronda, Prag y el campeón del mundo, el también indio D. Gukesh (18), van liderando el torneo. La victoria de Prag sobre el estadounidense Fabiano Caruana lo coloca a las puertas de su primer gran logro en un torneo internacional de este calibre. Prag es un jugador posicional que recuerda al mejor Kárpov o al sueco Ulf Andersson, quienes construían su victoria con paciencia y perseverancia, ganando casilla por casilla y, al final, cual boa constrictor, aplastaban a su rival inmovilizado.

Por su parte, Vaishali, como la mayor parte de las mujeres, despliega un juego audaz, violento, agresivo. En esta semana, Vaishali dio la nota por una cuestión alejada del tablero. En la cuarta ronda del torneo, su rival fue el uzbeko Nodirbek Yakkuboev, quien al inicio de la partida se negó a darle la mano: su religión no le permite tocar a una mujer.

Se armó un revuelo por tal situación, ya que es un gesto de cortesía y deportividad estrechar la mano del rival al inicio y al final de la partida. Justicia divina: Vaishali le derrotó en una gran partida. Sin embargo, la mesa estaba servida para la polémica. Algunos pidieron una simple sanción para el uzbeko, otros su expulsión del torneo.

La cuestión se zanjó luego de que Nodirbek esperó a la entrada del torneo a los Rameshbabu y, delante de la madre y hermano de Vaishali, le regaló flores y chocolates. Hay quien dice que fue arrepentimiento sincero, otros que fue por la presión social. Como sea, el gesto fue reconocido y, por ahora, pasa al cajón de las polémicas ajedrecísticas.

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