Opinión

Reflexiones frente al discurso “vanguardista” neoliberal

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

PARA DESTACAR: El Estado de bienestar fue tachado de “obsoleto”, cuando la nueva “vanguardia” impulsó el modelo económico, que hoy domina al mundo. Con él, los dueños de los grandes capitales tienen absoluta libertad para acrecentar sus fortunas sin importar cómo afectan a los demás. Con este “nuevo” modelo regresamos dos siglos atrás en la historia.

Recientemente, la Secretaria de Relaciones Exteriores (SER), en un foro internacional, dijo que “la realidad actual (…) implica un ejercicio de innovación multidinámica, para adaptar (los principios constitucionales) a un mundo que cambia aceleradamente”.

Desde antaño solemos asociar “la innovación” o “la vanguardia” con “lo mejor”, sin reflexionar suficientemente qué hay detrás de esas palabras.

En los hechos, las reformas laborales “innovadoras y multidinámicas” (neoliberales) están dejando (legalmente) a muchos trabajadores sin empleo o sin seguridad social, e imponen condiciones, en extremo precarias. Esto explica las agresivas protestas de muchos queretanos, el pasado 1 de mayo, asediados por el Gran Poder económico, político, fiscal y judicial, y hartos de la traición de sus mandatarios y líderes sindicales.

Después del zafarrancho del Día del Trabajo, el gobernador Domínguez, acompañado de varios charros sindicales (y en el más rancio estilo priista), advirtió a los quejosos que serían castigados. Desconcertado e indignado por las protestas, no comprende por qué precisamente él es objeto de tanto enojo, pues las nuevas reformas pertenecen al ámbito federal y el gobierno municipal es responsable del problema ocasionado a los trabajadores de limpia; entonces, “nada tiene que ver él”.

En Querétaro y en todo el país aparecen espectaculares, ofreciendo servicios de “out sourcing”, sin el menor recato. Hacia ese “innovador modo de administrar la nómina” se dirige, no sólo el mundo empresarial, sino también el gubernamental. Pero el “nuevo” modelo, que no es más que otra sofisticada versión del esclavismo, está haciendo crisis en todo el mundo.

El esclavismo corresponde a la Antigüedad y tuvieron que pasar varios milenios de luchas sociales, buscando justicia, libertad, igualdad, fraternidad, democracia, para llegar a la Revolución Francesa; los sindicatos se impusieron ante los abusos de la Revolución Industrial y, apenas con el siglo XX, algunos países lograron concebir el llamado “Estado de bienestar”, después de la traumática Segunda Guerra Mundial. Más tarde, sin embargo, ese proyecto fue tachado de “obsoleto”, cuando la nueva “vanguardia” impulsó el modelo económico, que hoy domina al mundo.

Con él, los dueños de los grandes capitales (y sólo ellos) tienen absoluta libertad para acrecentar sus fortunas, hasta el infinito, sin importar cómo afectan a los demás. Con este “nuevo” modelo regresamos dos siglos atrás en la historia.

Algunos consideran irreversible el actual orden mundial. Pero habríamos de preguntar ¿qué significa “irreversible”? Graue, el rector de la UNAM, en el mismo foro antes mencionado, criticó la xenofobia de D. Trump, diciendo que en el mundo de hoy “no hay cabida para muros; la globalización es irreversible”. En los hechos, sin embargo, aún sin el muro de Trump, la “apertura global” se da sólo de norte a sur y no a la inversa. Y ¿por qué los del sur querrían huir al norte, si en sus países reinara un Estado de bienestar?   El señalamiento de Graue, en otro contexto, suele confundirse con el “TINA” de Margaret Tatcher: “There is no alternative”, no hay alternativa: globalización y capitalismo son lo mismo.

Si no hay alternativa, se cancela toda posibilidad de renovación social o ésta se reduce al sólo ámbito tecnológico; siempre habrá nuevos y más sofisticados aparatos, pero no más. Los humanos estamos condenados a ser, por los siglos de los siglos, los mismos seres ambiciosos y voraces que, según la perspectiva dominante, “dicta la naturaleza”.

El  “no hay cabida para muros”, en otro contexto, suele significar también que “no es posible frenar el imperio mundial, ni hay lugar para soberanías locales”. Por mucho que luchen los zapatistas, Cherán u otros pueblos por alternativas autonómicas, terminarán siendo devorados por el gran monstruo global.

No podemos permitir que conclusiones como ésta inmovilicen o frustren la búsqueda de otras formas de organización social, de otros modelos económicos y políticos, menos dañinos, que lo que ahora tenemos.

Algunos economistas de primer nivel, como el Thomas Piketty o Paul Krugman, vigorosos críticos del neoliberalismo, están convencidos de que la salvación de la humanidad sólo será posible cuando se reimpulse el Estado de bienestar, lo que necesariamente implica frenar la voracidad capitalista.

Estos pensadores abren nuevos caminos a la esperanza.

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