Opinión

Reforma laboral

Sólo para nostálgicos…

Por: Salvador Rangel

 

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos del 5 de febrero de 1917, fue de las más adelantadas en cuanto a las relaciones obrero-patronales.

En la Ley Federal del Trabajo (LFT), se contempla el salario mínimo, los sindicatos, jornadas laborales, el derecho de los trabajadores a pertenecer a una organización sindical.

La LFT, en el título séptimo, capítulo II, artículo 358, a la letra dice: A nadie se puede obligar a formar parte de un sindicato o no formar parte de él.

Y en la vida real, en la práctica cuántos trabajadores están en un sindicato, por el solo hecho de ser contratados, tal es el caso de los trabajadores al servicio de la Federación, específicamente en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, en forma automática al ser contratados quedan en el sindicato, y pagan su cuota, no hay ni siquiera una solicitud para pertenecer al gremio. Nada, eso no existe.

La LFT, establece dos grupos de personal sindicalizado, los del apartado “A”, que prestan sus servicios a la iniciativa privada y los del apartado “B” que prestan sus servicios al Gobierno Federal.

Y de acuerdo a la LFT en su artículo 359, señala: Los sindicatos tienen derecho a redactar sus estatutos y reglamentos, elegir libremente a sus representantes, organizar su administración y sus actividades y formular su programa de acción.

En la letra toda está bien, en la práctica en qué sindicato se vota libremente por sus representantes.

Líderes que se han eternizado en el puesto y manejan libremente el patrimonio sindical, no rinden cuentas a nadie y cuando lo hacen es en el mismo círculo de ellos, el destino de las cuotas sindicales es un misterio, las aportaciones que hacen los patrones y los secretarios de Estado se desconocen, los apoyos para festejos sindicales se ignoran, el patrimonio sindical (edificios, autos, etc.), se desconoce cuánto gana el líder sindical.

La fuerza de los sindicatos no tiene medida, aun en las pequeñas empresas, el líder sindical goza de prerrogativas, comisionado de tiempo completo o parcial, viajes por “comisión sindical”, asistencia a reuniones de la central obrera son pagados por las cuotas sindicales y ello no se justifica ante nadie y quien osa cuestionar a los líderes obreros, lo mínimo es el despido y que se le aplique la cláusula de exclusión.

Es por ello, que sorprende que en la Cámara de Diputados se vayan a hacer las reformas a la Ley Federal del Trabajo, enviada por Calderón.

Los problemas laborales son muchos, el primero nada más son los líderes obreros, que manejan a los sindicatos como de su propiedad y los consideran patrimonio familiar. No hay que olvidar la sucesión de la Secretaría General del sindicato minero del fallecido Napoleón Gómez Sada a su hijo Napoleón Gómez Urrutia; de la secretaria general “vitalicia”, Elba Esther Gordillo en el SNTE, ésa es democracia, ésa es libertad sindical. Nada más es vitalicia, hasta que la muerte la separe del cargo.

El secretario general de la CTM, Joaquín Gamboa Pascoe, que ha sido líder toda la vida, ¿permitirá que se cambie la forma de nombrar a los líderes de las secciones locales y del Comité Ejecutivo Nacional? Claro que no.

Líderes sindicales locales que llevan años en el puesto nada más porque los trabajadores lo piden y en un acto de compañerismo acceden y de una buena vez son diputados locales, presidentes municipales, lo que caiga, lo importante es “sacrificarse por la clase obrera”.

Y serán estos líderes obreros los que combatan la contratación outsourcing, donde los empleados no tienen derecho a nada, serán estos líderes los que combatan los contratos de protección, serán los que impidan la existencia de sindicatos “blancos”; además qué derechos tienen los empleados de las tiendas departamentales y de las cadenas de autoservicio.

Con todo el poder sindical, las organizaciones gremiales no permitirán ser tocadas ni con el asomo de una auditoría externa o de democracia.

Y los 36 sindicatos que integran el Congreso del Trabajo, CTM, SNTE, Petroleros, solicitaron a Peña Nieto no respaldar la iniciativa de reforma laboral.

Y los nostálgicos consideran que de aprobarse la reforma laboral, únicamente dos sectores serán favorecidos: patrones y sindicatos, y los trabajadores… bien gracias, ellos nada más tienen derecho a pagar sus cuotas sindicales y ser invitados a la “comisión de aplausos” en los actos del partido.

rangel_salvador@hotmail.com

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