Opinión

Repensar la Sierra Gorda

Por: Omar Arcega E.

twitter.com/Luz_Azul

Querétaro es un estado de desequilibrios, de contrastes y de deudas históricas, los casos saltan por doquier, incluso en su mismo centro histórico, donde es posible ver restaurantes de lujo y mujeres indígenas vendiendo sus artesanías para poder subsistir; en donde el resplandor de los hoteles «boutique» no logra opacar a las personas durmiendo en los portales de la tienda «Del Sol».

Una de estas deudas históricas la tenemos con los municipios que no pertenecen a la zona de los valles centrales, nos referimos a las localidades del Semidesierto y de la Sierra Gorda. Éstas han padecido el olvido de los gobernantes durante todo el siglo XX. La dinámica de centralización que padecimos a partir del fin de la Revolución Mexicana puede explicar este hecho, pero -en realidad- el olvido ha sido ancestral. La miope élite queretana creía que después del Barrio de la Cruz y tras las últimas casas de los barrios de «La Otra Banda» ya no existía nada, esto condenó a esas regiones y a sus habitantes a una terrible falta de oportunidades, fueron expulsados del barco del desarrollo económico y social.

Afortunadamente, en la actualidad hay una serie de políticas y esfuerzos para revertir esta situación. La UAQ ha abierto una serie de campus, los gobiernos invierten dinero en mejorar las vías de comunicación de estas zonas, se proyectan polos de desarrollo en algunos municipios del Semidesierto. Todo esto es aplaudible, pero también es necesario potenciar el peso de los actores locales, pues ellos saben mejor que nadie los ritmos de sus comunidades, pues tampoco se trata de subirlos con violencia al «tren del desarrollo».

La ruta

Entre las muchas acciones que se pueden emprender para que las oportunidades lleguen al Semidesierto o la Sierra Gorda, están en cambiar los paradigmas administrativos con los que actualmente se trabaja. Una propuesta concreta, en este sentido, es la idea de la intermunicipalidad.

La carencia de servicios de un municipio o su falta de oportunidades de desarrollo casi siempre tienen qué ver con las condiciones geográficas, culturales y sociales de una zona; es por ello que si se desea que las políticas implementadas desde el orden municipal sean efectivas, es necesario pensar regionalmente. Básicamente, ésta es la idea que guía a la intermuncipalidad.

Para poder lograr esto es necesario que se reúnan ciertas condiciones. Éstas son: la generación de un sentido identitario, pues tal será el secreto para que las naturales fricciones se diluyen más fácilmente y se genere una conciencia común, desde la que se planteen metas y objetivos. Este “piso comunitario” suele estar entretejido por actividades económicas, por lo que también es importante tener un diagnóstico de la vocación productiva de la zona. En tercer lugar, se debe incluir a los diversos liderazgos, no basta con los individuos que detentan el poder político-electoral; en este rubro debe convocarse a cabezas de grupos sociales, organizaciones de la sociedad civil y representantes de Iglesias. Existe una figura que debe ser especialmente cuidada: la del técnico-líder. Este personaje debe ser un experto en el tema o temas a impulsar, pero -al mismo tiempo- debe poseer un poder real de orientación y decisiones. Lo ideal es que éste y la autoridad local estén coordinados y equilibrados. Finalmente, pero no menos importante, está la creación de redes, tanto internas, como externas; las primeras son las que se realizan al interior de la región entre actores políticos, sociales y económicos; las segundas son exteriores a la zona, tienen qué ver con autoridades de distinto orden al municipal, organizaciones sociales de peso nacional o internacional y actores económicos con peso, como mínimo, subnacional.

Algunos de estos aspectos ya se cumplen en la Sierra Gorda, hay un entramado regional creado por una cultura común, una vocación productiva en distintos rubros, algunas organizaciones sociales y diversos tipos de liderazgo.

Lo que administrativamente se debe crear, para que la zona serrana entre a esta dinámica, son los mecanismos de coordinación entre diversos municipios, ya no se puede pensar sólo en términos de una localidad en específico. De estos mecanismos deben surgir planes de desarrollo a largo plazo. También es importante incluir el tema de los presupuestos multianuales, los cuales trasciendan al paso de las administraciones.

Insertar a los municipios de la Sierra Gorda en esta dinámica implica un cambio total de mentalidad, pues se pasa de una visión de caudillaje municipal a una de racionalización administrativa regional. Esto no es sencillo, pues cada presidente municipal cuida con celo sus cuotas de poder; aún hay, en amplios sectores de la población, una cultura política parroquial, es decir, de no participación, y a esto debe sumarse las tensiones político-partidistas entre los diversos actores.

Creo que transitar por el camino de la intermunicipalidad puede potenciar sinergias en la Sierra Gorda, que impulsen un real bienestar social y reduzcan las desigualdades de la región. Habrá que ver si los distintos liderazgos están dispuestos a transformar su mentalidad.

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