Opinión

Resaca postelectoral en Baja California

En un ambiente frío ‘adornado’ con la miseria de las calles, Tijuana y Ensenada reflejan la inconformidad postelectoral

Por: Ernestina Hernández

Bastaron 14 días para darme cuenta del descontento nacional del resultado de las elecciones de 2012 y la indiferencia de los ‘chicanos’ por este proceso electoral.

Un día después de que el IFE diera a conocer el resultado de las elecciones, en los que reconocía al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, como virtual ganador, abordé un autobús en la Central del Norte en el Distrito Federal con destino a Tijuana.

Hasta ahora no puedo ponerle nombre a lo que sentí en el momento de poner un pie en ese autobús, pues era la incertidumbre de saber que lo peor aún no había pasado, que tenía que esperar seis años para poder hacer el recuento.

Mientras cruzaba la cuidad más grande de México no pude evitar mirar por la ventana, y encontrarme espectaculares con los rostros de Peña Nieto, AMLO, Josefina y Quadri, voceadores entre el tráfico, el conteo de las casillas (resultados pegados en paredes), tiendas y zaguanes, y manifestaciones a favor de AMLO y otras más en contra del IFE y Enrique Peña Nieto; cerré la cortina de mi ventanilla.

Desesperada por encontrar un diario de circulación nacional pasé un día completo recorriendo las centrales de autobús en las que arribaba: Querétaro, Michoacán, Jalisco, Nayarit, Sonora y Sinaloa; no tuve suerte; sin embargo tuve mucha con los periódicos locales, así que los compré; la primera plana no eran cuestiones relacionadas con las elecciones, sino con asesinatos, descuartizados, feminicidios, masacres, enfrentamientos y balaceras.

Al llegar a Tijuana, me invadió la melancolía ayudada del frío intenso, la niebla, la miseria, el color gris predominante en toda la ciudad y las aguas heladas del Pacífico.

Fueron tres días los que me quedé en una de las ciudades más peligrosas del país para el ejercicio del periodismo, así que sólo recorrí sus calles llenas de migrantes escuálidos, cansados, ojerosos y hambrientos por la faena de haber llegado hasta ahí desde Oaxaca, Chiapas o Centroamérica. También vi arte, pero no en el interior de una galería o algún museo referente al bicentenario de la Independencia o al centenario de la Revolución; lo vi en las calles, en las bardas repletas de grafitis llenos de color, representando un nacionalismo híbrido entre México y Estados Unidos. Después tomé el autobús hacia Ensenada, Baja California.

 

Lugar donde los “pochos” festejan el 4 de julio

De algo estoy segura, “La bella Cenicienta del Pacífico” (como se conoce, también a Ensenada) estaba descontenta por los resultados de las elecciones, hasta allá el movimiento #YoSoy132 también salía a las calles y en los cerros que rodean la costa del Pacifico cientos de banderas del PRD se dejaban ver con ese amarillo chillón característico.

No intento vanagloriar esa bandera, lo que sí intento es dar mención que a pesar de la popularidad de este partido en esta ciudad, ganó el PRI, y que después de cuatro días de anunciarse el retorno del PRI a la silla presidencial, en las calles de Ensenada se escuchaban cosas como “Yo confío en el PRD pero tengo miedo de que si gana me quiten el apoyo que me da Oportunidades”.

A la par de la incertidumbre sobre la legitimidad de las elecciones presidenciales del 2012 en México, llegó el puente del 4 de julio para los Estados Unidos, un día para festejar su independencia.

Los ‘gringos’ van a pasarlo a Cancún, Los Cabos, Puerto Vallarta, Manzanillo o Nuevo Vallarta, pero a Ensenada y Tijuana los que bajan son “chicanos” o “pochos”, legales y con una nacionalidad incierta, pues los caracterizaban tatuajes con el escudo de la bandera de los Estados Unidos Mexicanos, la leyenda Hecho en México, el Calendario Azteca o la Virgen María.

Eran pocos los que hablaban español o los que estaban conscientes del proceso decisivo para el rumbo del país ocurrido hace apenas una semana; ellos sólo venían a México a pasar y festejar el puente del 4 de julio a playas mexicanas.

Después de nueve días en Ensenada, el desierto y las playas vírgenes de Sonora llegaron a mis ojos. Aquí no había espectaculares.

Pero sí un intenso calor de 40 grados centígrados a todas horas; el contraste entre Ensenada y Tijuana a las playas de Sonora era todo un mundo, el clima era tropical y los periódicos, esta vez no hablaban de voto por voto, casilla por casilla, sino de la pretensión por parte del PRD de impugnar las elecciones, pero la gente comenzaba a resignarse.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba