Opinión

Sociedad cibercontrolada

Por. Daniel Muñoz Vega

PARA DESTACAR: En la época de los smartphones y las redes sociales, la denuncia ciudadana ha encontrado otras maneras de ejercerse. Las redes sociales y los gadgets nos han empoderado en todos sentidos; hoy opinamos, satirizamos, enjuiciamos, denunciamos, firmamos peticiones… todo para ponerlo en el debate público.

¿Cómo controlar nuestro instinto de hacer lo indebido? ¿Por nuestra propia constitución del “deber ser” o por temor al juicio que resulta de una grabación que arroje pruebas fehacientes de nuestros actos? El juicio popular, carnicero e inclemente de las redes sociales, resulta ser un fenómeno digno de estudio. De pronto concebimos plena y absoluta justicia después de saciar el ocio  a través de los videos que exhiben a personas en ataques de ira… ladies y lords, así nombrados en internet, se han convertido en el tema de la colectividad digital y a través de ellos, se replantea una moral muy ligera de lo que debemos ser como sociedad.

Ya pasaron 12 años de que Rene Bejarano fue exhibido, en el noticiero de Víctor Trujillo en su papel de Brozo, embolsándose fajos de billetes. Aquel evento fue antes de que la vida se hubiera digitalizado como ahora. La escena era irrefutable, un golpe que trastabillaba la carrera política de Bejarano… Carlos Ahumada, poniéndose él también la soga al cuello, hizo de aquellos videos un aparente “seguro de vida” para salir bien librado de los escándalos de corrupción en los que estaba metido. El tiro le salió por la culata; pisó la cárcel y fue abandonado por los que lo protegerían (Salinas y Fernández de Ceballos). Pero aquel episodio de los videoescándalos, nos creo esa falsa sensación de justicia, como si al exhibir al político corrupto, cambiaran las cosas.

En la época de los smartphones y las redes sociales, la denuncia ciudadana ha encontrado otras maneras de ejercerse. Las redes sociales y los gadgets nos han empoderado en todos sentidos; hoy opinamos, satirizamos, enjuiciamos, denunciamos, firmamos peticiones… todo para ponerlo en el debate público. En la época de los años noventa y ochenta, se acostumbraba a poner cartas abiertas en los diarios de circulación para hacer público asuntos de relevancia civil. Obviamente había que pagar una plana completa para dicho propósito, pero ante el círculo rojo, esas cartas tenían impacto en la opinión de la gente. Hoy con los medios digitales, la prensa escrita ha perdido su capacidad de influir en la opinión pública; sin embargo, analizando lo que los periódicos eran en décadas pasadas, denunciar por estos medios, pagando un desplegado, resultaba ser una acción de alto impacto.

A diferencia de las cartas abiertas en los periódicos de hace tiempo, hoy se llega a más personas por medio de la red; sin embargo, ahora el impacto de las denuncias ciudadanas es mucho menor, es más escandalosa  pero  de poca duración en la opinión pública; es decir, el ritmo de denuncias va tan rápido que profundizamos poco en lo que vemos, por el hecho de que ya viene una nueva.  Nuestra capacidad de análisis es totalmente vulnerable al nivel de distracción que manejan las redes; de igual manera, nuestra capacidad de análisis está influenciada por lo que nos muestra el video, sin saber contextos previos o posteriores a lo que se observa.

“Sonría, lo estamos grabando” es un letrero que vemos constantemente en diferentes locales comerciales. Es el eufemismo de “no te vayas a robar nada que te estamos viendo”. Igualmente leemos “por su seguridad lo estamos grabando”, lo que realmente quieren decir es: “por nuestra seguridad lo estamos grabando”.  El video nos hace sentirnos protegidos, sin embargo, regresando a la primer pregunta de este artículo, qué limita más nuestro instinto de hacer lo indebido, si la moral o el riesgo de ser exhibidos, esto último, tampoco resulta ser una limitante; en el caso de las ladies y los lords, les importa poco ser grabados debido a lo que ellos creen que son dentro de la sociedad, generando una prepotencia por su complejo de superioridad; o personas comunes, de pronto son presas de su neurosis, haciendo de igual forma, que no les importe ser grabados.

El video, del que pensamos será un elemento indispensable para hacer justicia, no tiene ese poder que le atribuimos, de hecho es difícil hacer justicia, más en un país como México, donde el aparato gubernamental es de naturaleza injusta, haciendo del ejercicio del poder un patrimonio personal del gobernante por un tiempo determinado. Le estamos dando tanto poder a la imagen, y a las cámaras, que ahora, si no hay pruebas visuales de los hechos, parece que no hay nada que juzgar y que perseguir, y eso es muy peligroso. No menosprecio el poder de la imagen, de hecho termino estando a favor de que la gente grabe, simplemente no podemos estar a expensas de ver todo lo que pase, de hecho lo estamos viendo todo y no pasa nada; no me digan que necesitamos ver como el Estado fue quien levantó, mató y desapareció a los estudiantes de Ayotzinapa para convencernos de lo que se ha dicho sin necesidad de un video.

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