Opinión

SUPAUAQ

Por: Martagloria Morales Garza

PARA DESTACAR: Tenemos dos Comités Ejecutivos, uno reconocido por la Secretaria del Trabajo y el otro no, pero este último ha tomado posesión de las instalaciones del Sindicato, una comunidad de agremiados atónitos ante la incredulidad de lo sucedido, y una autoridad universitaria… que no tiene claro cómo proceder… en la práctica significa que no tenemos Comité Ejecutivo.

Los políticos afirman que estando en guerra elegir una postura intermedia es prácticamente un acto suicida, pues ambos bandos lo consideran traición, sin embargo, y considerando necesario reflexionar sobre las implicaciones del conflicto del SUPAUAQ, tomo el riesgo de poner a consideración de los trabajadores universitarios la siguiente reflexión.

La convocatoria publicada el 9 de septiembre del 2016 formalizó el inicio de la lucha entre dos posturas diferentes para tomar las riendas del Comité Ejecutivo del SUPAUAQ.

Dos planillas fueron registradas y siguiendo la convocatoria se fijaron los términos de la contienda. Las campañas estuvieron rodeadas de una profunda desconfianza entre las dos planillas, una acusada de ser apoyada y promovida por el gobierno del estado y la otra de serlo por parte de la Rectoría.

Todos los universitarios sabemos, sobre todo los más viejos, que la elección del Comité Ejecutivo del Sindicato es la batalla de sombra de la elección del Rector, por lo tanto la acusación de ser apoyados o promovidos por el gobierno o por la Rectoría son acusaciones que están asociadas a la sucesión rectoral.

La falsedad o veracidad de las afirmaciones anteriores, son asumidas por cada uno de los profesores sindicalizados, y quizá con esa información y con la derivada de la actuación de nuestro Comité Ejecutivo en los últimos dos años, pues se pretendía la reelección, los maestros nos dispusimos a votar.

La Comisión de Vigilancia, que según los estatutos de nuestro Sindicato funge como Comisión Electoral, recibió durante el proceso diversas impugnaciones, pero curiosamente no resolvió ninguna, no queda clara la razón y mucha menos la intención, pero lo cierto es que la Comisión fue omisa sobre estas impugnaciones.

La votación se realizó el 27 de octubre y la noche del mismo día salieron los resultados donde habiendo votado más de mil 200 trabajadores y con un margen de victoria de cinco votos salió ganadora una de las planillas.

Sin duda, los resultados mostraron lo competida de la elección y además lo polarizada de la misma. Pero más allá de eso y de nuestras preferencias, una de las planillas ganó. Después de conocido el resultado, la Comisión de Vigilancia, revisó las impugnaciones presentadas por ambas planillas y resolvió anular la convocatoria, que ella misma había emitido, anular los resultados y cancelar el registro de las planillas.

Acción, que bajo una lectura de los estatutos, no está facultada a realizar, sobre todo después de conocidos los resultados, pues ya no hay confianza sobre la imparcialidad de sus posiciones.

La planilla ganadora en las elecciones del 27 de octubre entregó los papeles al gobierno del estado, a sabiendas de que el proceso electoral no había concluido, y este a su vez le dio la toma de nota, que es algo así como el reconocimiento oficial de su interlocución, lo cual fue interpretado, por la planilla opositora como una intromisión del gobierno del estado en los asuntos sindicales.

Con esta acción, la planilla ganadora abrió la puerta para que el gobierno interviniera. El gobierno del estado intervino porque los gobiernos no pueden o no saben lo que significa el respeto a las instituciones autónomas. No solo nos referimos al caso de la UAQ, sino al conjunto de organismos autónomos que sea han creado en los últimos años.

La otra planilla, en versión de sus oponentes, impulsó la anulación de la elección y la convocatoria apresurada a una nueva elección para el día 8 de noviembre, votación a la cual asistió la mitad de los participantes de la primera elección, y con ello darle el triunfo a la planilla que integra a buena parte del Comité Ejecutivo anterior.

Esto ha desatado una serie de acontecimientos extraños y barrocos, los cuales hoy nos permiten tener dos Comités Ejecutivos, uno reconocido por la Secretaria del Trabajo y el otro no, pero este último ha tomado posesión de las instalaciones del Sindicato, una comunidad de agremiados atónitos ante la incredulidad de lo sucedido, y una autoridad universitaria colocada ante una situación sin precedente, y consecuentemente que no tiene claro cómo proceder y a cuál de los dos comités entregar las cuotas sindicales, lo cual en la práctica significa que no tenemos Comité Ejecutivo.

La postura de desconfianza, sobre la cual estuvo sentado todo el proceso electoral y el deseo de intromisión del gobierno del estado y particularmente del secretario del Trabajo, son en realidad los culpables de la situación en la que nos encontramos; ciertas o falsas las acusaciones de ambas planillas, lo cierto es que ese ambiente de tensión llevó a este resultado, y ahora lo que procede es que sea la autoridad la que resuelva.

Es decir, justo el escenario que nunca debemos generar, pues ahora ambas partes deberán someterse a la resolución de la autoridad. Cualquiera que sea la resolución de la autoridad, ya no habremos sido los universitarios los electores.

Una cosa similar puede suceder en la elección del nuevo Rector, justamente en un año, por eso me parece importante hacer una reflexión profunda de este acontecimiento. Más allá de las razones o intenciones de ambas planillas, lo cierto es que nos llevaron a un callejón sin salida.

El próximo Rector deberá ser elegido por los universitarios y para que ello suceda, deberán ponerse las condiciones que garanticen que entre los contendientes prive la confianza y la certeza de que el que pierda, no importa por cuantos votos, acepte la decisión de la mayoría, de otra manera, nosotros mismos vulneramos la autonomía universitaria y abrimos la puerta a la imposición de un tercero en discordia.

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