Opinión

Te diste cuenta

Por: Daniel Muñoz Vega

Tomas consciencia del entorno. El simple hecho de ser consciente del aire que inhalas y exhalas te hace estar en el momento presente. Traes un café en la mano, estás parado en una esquina y percibes el movimiento: la gente va ensimismada en sus teléfonos, en el auto, con la mirada perdida en la nada. Parece que hemos sido programados para vivir en modo automático.

De pronto vuelves a tu estado inconsciente. Soplas el humeante café Andati que traes en la mano; tu mente va, en poco segundos, a tus pendientes laborales, a tus problemas personales y el futuro inmediatísimo. Fijas tu mirada en un anuncio de “X” diputado que presume su informe de actividades. Ves la foto y te concentras en la imagen del congresista abrazando con sonrisa fingida a una anciana. Un niño te regresa a la realidad, pone frente a tu cara un periódico de circulación nacional donde ves una foto de una impresionante manifestación por la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero.

Tienes el periódico en tus manos y lees que la indignación es internacional. Acaban de pasar pocos días de la conmemoración del 2 de octubre, han pasado 46 años de la matanza de Tlatelolco y México sigue atorado, como si fuera presa de un karma del cual no se puede librar. Buscas dónde poner tu café para abrir el impreso y enterarte de las manifestaciones del día anterior. El mundo a tu alrededor sigue su curso, la gente va y viene mientras tú lees; el claxon de los autos parece ser el efecto de sonido de la cotidianidad. Prendes un cigarro mientras contrastas la “normalidad” de la vida que te rodea con lo acontecido días antes: la barbarie que significa desaparecer a 43 seres humanos con el poder que tiene un déspota al tronarle los dedos a sus subordinados.

—¿Qué le pasa a México? —Te preguntas. Todos preguntamos lo mismo y quizá, tenemos respuestas parecidas. No faltará el erudito que cite a Octavio Paz y su Laberinto de la soledad para dar una respuesta más elaborada del desastre nacional. De pronto, mientras sigues leyendo, parece que comienzas a dar vueltas rápidamente como si tuvieras el poder de controlar el tiempo. En 1968 no habías nacido, pero logras pararte ahí, en el contexto del fin de los sesenta y ves gente dormida, sonámbulos que van y vienen sin darse cuenta de nada. Mataron a los estudiantes y nada pasó, se dice que la sociedad mexicana despertó pero casualmente siguen gobernando los mismos y peor aún, siguen pasando las mismas cosas en los años subsiguientes. Error tras error, la queja de una nación se pierde en el inconsciente.

Fuiste al pasado y quisieras advertirles lo que vendrá, lo que te tocó vivir en la maravillosa inconsciencia de la infancia, cuando la economía se pulverizó a inicio de los años ochenta, cuando pasó el terremoto del 85 y cuando el fraude del 88. Ves los años noventa y en especial 1994, la sangre mancha todo en México, desde siempre. Sigues, logras ver las matanzas de Aguas Blancas en 1995 y de Acteal en 1997. Estás inmóvil y te comienzas a dar cuenta, ¿de qué? de que no eras realmente consciente de lo que pasaba. Lo viste en el tiempo real y lo lamentaste, como hoy se lamenta lo de Ayotzinapa, pero lo viste y lo analizaste con tu mente dormida, la que está, como la de millones, dando vueltas como un hámster en su rueda buscando respuestas en el entorno exterior.

No sales del trance, recuerdas la alternancia democrática y su fracaso. Ves miles de cuerpos caer por la inútil guerra contra el narco y escuchas dentro del bullicio, los gritos de los niños quemados en la guardería ABC. No soportas ver, con la mente despierta, lo que ha pasado. Tu nivel momentáneo de consciencia te permite vernos a nosotros dormidos, pensando que el país cambiará cuando cambien las circunstancias externas, cuando otro partido político llegue al poder, cuando algún personaje mesiánico reivindique el ejercicio del poder. Nos gritas, tratas de despertarnos pero dormimos con los ojos abiertos, presas del inconsciente colectivo.

¿De qué no nos damos cuenta, que en México sigue pasando lo mismo? Nos ves votando cada periodo, nos ves protestando, nos ves cuestionando, nos ves concentrados en el entorno, aspirando a un cambio político para que las cosas cambien. Nos gritas, pero no te oímos, seguimos consumiendo de forma absurda, seguimos viendo los mismos noticieros, seguimos soñando con una revolución sin entender que las que han pasado, sirvieron poco. Seguimos pensando exactamente igual como lo hacían nuestros padres en 1968.

Tú has logrado despertar, ahí estás parado, has tirado el periódico, has entendido que el momento presente es el resultado de la acción causal a lo largo del tiempo. Con dolor entiendes que los sucesos históricos han sido construidos por todos, que las causas son colectivas, no de fenómenos independientes. Vuelves del trance, y para ti, las cosas han dejado de ser como eran: te has dado cuenta. Despertaste, ahora, México necesita despertar para frenar la inercia de su karma.

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