Opinión

TLC: la trampa de la libertad

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

”Una vez que se ha alcanzado la cima de la gloria,

es una argucia muy común darle una patada a la escalera

por la que se ha subido, privando así a otros

de la posibilidad de subir detrás.”

Friedrich List, economista alemán del siglo XIX

Desde que supe que el premio Nobel de Economía no existe, (el propio Alfred Nobel nunca consideró la economía con el estatus de ciencia), cualquier alusión a premios en dicha materia obliga a la cautela respecto a sus opiniones expertas.

En ese sentido, retomo la tesis propuesta por Ha-Joon Chang, economista coreano que critica el discurso de los países ricos que recomiendan a los países periféricos no utilizar las políticas que ellos utilizaron para crecer. Su libro más conocido es “Kicking away the ladder”, en español “Pateando la escalera”.  Ha-Joon Chang es profesor de Economía Política del Desarrollo en la Facultad de Economía de la Universidad de Cambridge, consultor de Banco Mundial y, según Wikipedia, inspirador de las ideas económicas de Rafael Correa, presidente de Ecuador. Obtuvo el premio Gunnar Myrdal.

Se tiene la creencia generalizada -dice Ha-Joon- de que desde la Gran Bretaña del siglo XVIII, todos los países económicamente exitosos, tal vez con la excepción de Japón, crecieron bajo la influencia del libre comercio y el libre mercado. Pero lo que pasó en realidad es lo contrario. A partir del siglo XVIII en Gran Bretaña, no todos, pero casi todos los países económicamente exitosos crecieron sobre la base de la intervención del Estado. Y ahora esos países quieren convencer a los que quieren industrializarse, que adopten el liberalismo, es decir, arrinconar al Estado para, desde la más pura, clásica, concepción liberal, dejar que las fuerzas del mercado obedezcan la justiciera mano invisible. En ese sentido, lo nuevo del “neoliberalismo”, es nada más su actualidad.

Pensar en política económica sin tener en cuenta la historia es una estafa. Ejemplifica:

“En 1771, el primer secretario del Tesoro norteamericano, Alexander Hamilton, presentó al Congreso de su país un informe sobre la situación de las manufacturas, con base en el cual recomendó proteger la industria para darle tiempo a crecer. Él y los que heredaron su legado intelectual no plantean que al proteger algunas industrias automáticamente éstas se vuelven competitivas; hay que invertir en infraestructura, conocimiento, educación, todas las cosas que las industrias necesitan. Pero, sea como sea, una industria naciente necesita cierto espacio para respirar. Básicamente, es como criar a un chico.”

En las décadas de los cincuenta a los setenta, México tuvo su dosis de proteccionismo.

Conocido, entre otros nombres, como el Desarrollo Estabilizador, en la práctica fue una división del trabajo entre el gobierno, empresarios (incluyendo banqueros), obreros (incluyendo maestros y burocracia) y campesinos, en la que se comprometían a invertir, y mucho, a cambio de lo cual tendrían utilidades considerables.

El gobierno daría el apoyo necesario, incluyendo todo tipo de subsidios. El sistema tributario no gravaría en exceso a las utilidades de las empresas y los intereses y dividendos mantendrían su carácter de ingreso personal anónimo para fines tributarios.

La industrialización del país se llevaría a cabo fundamentalmente  con los particulares y bajo un rígido sistema de protección (tarifas y controles cuantitativos) frente a la competencia del exterior.

Así, los actores involucrados, principalmente los empresarios, se comprometían a dejar en manos del gobierno (en realidad en manos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público) todo lo relacionado con la definición de la política económica y social y ciertas actividades clave para el desarrollo nacional.

La industria y la economía -en el período de los 40 a los 70- mantuvieron un ritmo de crecimiento sostenido (6% de promedio anual), basado en un mercado cautivo que les proporcionaba la política proteccionista diseñada por el Estado.

Pero “el chico se malcrió”, el proteccionismo trajo como consecuencia el desarrollo de empresas sin competitividad con el exterior.

Se contrajo la economía. Tuvimos una década perdida, la de los 80, mientras se sentaban las bases, materiales e ideológicas, para alinear a México en la directriz del Consenso de Washington.

¿La experiencia mexicana invalida la tesis de Ha-Joon Chang?

Desde que opera el Tratado de Libre Comercio, México nunca ha alcanzado tasas de crecimiento del 4%. Los años que van de este siglo con dificultad se promedia el 2%.

Podríamos suponer que las reformas del año pasado son el relanzamiento del TLC.

(Ver: http://asambleademajaras.com/documentacion/pdf/libro/Retirar_la_escalera_ha_joon_chan.pdf)

@rivonrl

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