Opinión

Tu participación hace la democracia

Por María del Carmen Vicencio Acevedo

En estos tiempos, previos a las elecciones, se hacen especialmente presentes los promocionales del Instituto Federal Electoral, para motivar a los ciudadanos a participar, ya sea como funcionarios de casilla, como observadores o como votantes.

Varios de esos promocionales reconocen además que, más allá de estos tiempos, la democracia implica un compromiso permanente de los ciudadanos con el mejoramiento de su comunidad.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos comunes al respecto?

Quienes participamos en diversas organizaciones sociales, dirigidas a mejorar nuestro entorno, descubrimos múltiples y extrañas formas de funcionamiento del sistema que nos rige y que, en los hechos, desalienta profundamente la participación ciudadana.

Varios amigos que han sido funcionarios públicos, en ayuntamientos de diversos estados de la República Mexicana, nos develan cómo se tejen las relaciones en ciertos niveles gubernamentales y cómo se toman las decisiones que nos afectan.

Un Director en el área de Servicios Públicos Municipales de cierto ayuntamiento, en el Estado de México, nos comentaba que, al hacer sus “pininos” en ese cargo, le sorprendía encontrar que varios ciudadanos se acercaban a su oficina, para solicitar los servicios que, de suyo, le correspondían a dicha dirección. “Usted no tiene que tomarse la molestia de solicitarnos eso, señor (respondía). Es nuestra responsabilidad atender a las necesidades de la ciudadanía, sin que ella lo pida”. Ese excepcional ayuntamiento estaba organizado de tal modo, que una buena cuadrilla de inspectores, tenía como tarea recorrer CADA RINCÓN de su área de atención, para identificar cualquier necesidad o falla en el servicio.

Más tarde, el mismo funcionario cambió de opinión: “Mejor, para que el público valore los servicios hay que esperar a que los pidan y también hay que pedir que participen, ya sea con mano de obra o con un porcentaje del costo”. (Por supuesto que esta conclusión sólo es válida para las colonias populares, pues los ciudadanos de las zonas residenciales “sí saben valorar”).

En nuestra experiencia, como miembros de una organización popular, conseguir la atención de nuestras autoridades es un proceso francamente laberíntico y tortuoso. En general nos damos cuenta de que una planeación urbanística minuciosa, está ausente en los diferentes niveles de gobierno y que, en general, los funcionarios responden prioritariamente (en el mejor de los casos) a la demanda ciudadana.

Es decir, cuando responden, atienden generalmente, sólo a aquellos sectores que tienen capacidad de pedir (los influyentes). Los que no, pueden pasar décadas sin ser atendidos, pues los funcionarios responsables ni siquiera se dan cuenta de todo lo que la población marginada padece.

Ante semejante ignorancia, solicitamos el auxilio de nuestros legisladores. ¿No sería conveniente promover una ley que exija a quienes pretenden ocupar cargos de elección popular, que vivan “todo el tiempo que dure su gestión”, en las zonas más desatendidas del lugar que gobiernan, y que se trasladen en el transporte público a su lugar de trabajo? No basta que durante sus campañas se den su vuelta “generosa” por los lugares sórdidos de la ciudad, ni que se cambien los zapatos para que no se les ensucien, saluden de mano y abracen “solidariamente” a los vecinos en desventaja.

El IFE promueve la idea de que la participación ciudadana implica “exigir y dar seguimiento a las promesas que hacen los candidatos, para asegurarnos que las cumplan”.

¿Por qué los ciudadanos no exigen? La respuesta a esta pregunta es muy compleja. No siempre es “por desidia” o “por falta de conciencia cívica”, como suelen argumentar, quienes no viven en las zonas desatendidas. La falta de participación ciudadana se debe, muchas veces, a que la mayoría de la población está atrapada en extenuantes tareas de supervivencia; trabajando largas jornadas; cambiando frecuentemente de turno, o moviéndose de un lugar a otro para conseguir el sustento, en varios empleos simultáneos (pues uno no alcanza).

Lograr que un grupo de ciudadanos sea atendido, cuando pertenece a la clase popular, es algo extraordinariamente difícil.

Un amigo, que trabajaba en un ayuntamiento mexiquense, nos recomendó varias acciones “infalibles”. “Lo que yo he visto que funciona (decía), son dos cosas: la insistencia y el apapacho. Hay que reconocer que los funcionarios son seres humanos como todos, tienen mucho trabajo, entre tanta solicitud, no es raro que traspapelen la tuya, y que se les olvide que la hubo. Por eso es necesario visitarlo frecuentemente”.

Otra de las claves está en conectarse directamente con los trabajadores a quienes les corresponde dar el servicio y apapacharlos. “Una señora logró que finalmente le arreglaran un problema de alumbrado público, a fuerza de acercarse con los trabajadores, para platicar con ellos y seducirlos con ricos tacos de canasta”. Pero, ¿quiénes pueden darse el lujo de andar en esas tareas de “pesca”?

Más complicado resulta conseguir recursos para realizar obras de mayor envergadura. Sabemos que, aunque nunca haya presupuesto, siempre hay mucho dinero en las arcas. El problema es saber como “bajarlo”.

Esto no es difícil, cuando se trata de emprender obras suntuarias como “La ciudad luz”, en Querétaro o la “La estela de luz”, en el DF, o la visita del Papa en Guanajuato, basta con que “la primera autoridad” lo autorice. Pero para las obras que realmente necesita el pueblo, el proceso resulta altamente tortuoso y sofisticado, incluso para los administradores públicos, a quienes les corresponde la gestión, por eso prefieren evitarlo, argumentando cualquier pretexto.

La participación ciudadana es fundamental para transformar el sistema que tenemos, pero el propio sistema la hace casi imposible o impotente. Quien quiera que sea que llegue al gobierno de cualquier nivel, en las próximas elecciones y no comprenda esto, contribuye, por su ignorancia y egocentrismo al estado de descomposición social en el que nos encontramos. Un estado en el que ya nadie cree en nada.

metamorfosis-mepa@hotmail.com

 

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