Opinión

Un fantasma digital recorre el mundo

Por Rafael Vázquez Díaz

El proceso actual electoral que se vive en México es un parteaguas histórico en muchos sentidos. Por un lado, los cambios innovadores que han aportado las redes sociales han incluido activamente a millones de usuarios. No sólo han sido las primeras campañas que han tenido que ser construidas en un medio tan interactivo como lo es Twitter o Facebook, sino que también los candidatos han tenido que responder casi en tiempo real a la percepción generada colectivamente a través de dichos medios.

Y es que las redes sociales nos sitúan a los ciudadanos en una igualdad práctica con el temido Cuarto poder, es decir; los ciudadanos no estamos más a merced de la arbitrariedad con la que se distribuían los contenidos de manera masiva y de la forma unilateral del duopolio televisivo y los medios impresos –como los de la Organización Editorial Mexicana de Mario Vázquez Raña– y los millones de usuarios que estaban a su merced.

Hoy en día una nota interesante, un video bien grabado, un audio recopilado en el anonimato de un celular puede llegar a conmocionar a un país de manera casi inmediata, sin restricciones, sin imposiciones ni línea, basándose en el poder compartir de cada usuario en una especie de epidemia virtual que contagia, si es que encuentra el medio adecuado.

Obviamente el Internet tiene sus limitaciones. En México el acceso a las computadoras en general, y al Internet en particular, no es aún un derecho consolidado, las características demográficas –el gran sector rural todavía alejado de la urbe o los cinturones de miseria y hacinamiento en las grandes ciudades–, así como el monopolio que existe en el negocio de los servicios digitales, terminan encareciendo el servicio y mantienen alejado a una parte importante de la población, marginándola de un mundo cada vez más interconectado.

Sin embargo se podría asegurar, sin temor a equivocarse, que gran parte de la clase media ya entró a la era de las redes sociales. No olvidemos que México es el quinto país del mundo con más usuarios en Facebook: 31 millones, de los cuales más del 75 por ciento están en edad de votar.

Esta situación pone al internauta en una especie de igualdad democrática digital; salva distancias, reparte la palabra equitativamente, ofrece oportunidad de exponer y de conocer nuevas propuestas sin favoritismos. El Internet no discierne entre la palabra de un mexicano en México o en cualquier otra parte del mundo, ésa fue la oportunidad que tuvieron los mexicanos que también se encuentran en campaña más allá de las fronteras.

Por primera vez, en la historia de la humanidad, las luchas políticas electorales son emprendidas desde bastiones a miles de kilómetros de distancia. Ya no es una élite en Washington definiendo destinos de países lejanos, no es un político con un dedo en el botón de la historia, ahora son ciudadanos que de manera totalmente virtual crean opinión y tendencia en la dirección de un país de más de 110 millones de habitantes.

Bajo esta lógica, miles de mexicanos en todas partes del mundo han visto nacer células de la asociación ciudadana de Morena en apoyo al candidato de las izquierdas, así como estudiantes comprometidos con el movimiento apartidista autodefinido como #YoSoy132.

Por primera vez la globalización no llega sólo bajo su faceta económica y política o de resistencia –puesto que en 1994 los zapatistas hicieron eco en el mundo– también presenta su cara en la faceta de lucha electoral. La incapacidad de controlar medios digitales, así como de crear tendencias, ha abierto la contienda a todo aquel que tenga algo que compartir, una información que dar o una impresión autónoma que busque un eco colectivo. Hoy la lucha electoral se ha convertido en un proceso incluyente en el que cada opinión vale según se vea reflejada en el otro.

Pero la socialización de la información fue sólo la punta del iceberg, la apertura en Internet también mostró la contracara: el control político y económico de los dueños históricos de la llamada “opinión pública”. Si en Internet las opiniones cuentan por igual, ¿cómo puede contraponer Televisa, incluso con todo su poder, a miles de voces con una percepción mucho más apegada a la realidad? ¿Cómo puede desacreditar el Estado o las televisoras, con escuetas declaraciones parciales una movilización, cuando YouTube tiene 500 videos que contradicen a la opinión “oficial”? El error es pretender que aún es posible hacerlo.

El movimiento estudiantil adentro y afuera del país puede catalogarse como uno mismo, hoy los frentes son comunes y la organización es mucho más sencilla, por lo mismo es muy difícil dividirlo. En estas elecciones, por primera vez en la historia, hemos visto fracasar dos veces al aparato mediático; primero con la organización planeada durante meses por el Consejo Coordinador Empresarial y Televisa, “México del futuro” que buscaba situarse como una opinión ciudadana “diferente” y en épocas recientes a la organización estudiantil autodenominada como “Generación MX”, que pretendía dividir a los estudiantes #132 y que se señaló como un grupo organizado desde la Coparmex y el PRI.

¿Cuándo nos íbamos a imaginar a los grandes informadores perdiendo credibilidad? Sólo en las más grandes utopías el poder ciudadano se imponía sobre los medios masivos de comunicación. Sólo en una película de ciencia ficción Anonymous defendía al pueblo del malvado gobierno, tirando páginas oficiales como un castillo de cartas.

Es muy pronto para definir el rumbo de esta nueva apertura. Hemos visto cómo el sistema cuenta con mecanismos para regular sus fallas y corregirlas para preservar la explotación, no obstante, ¿quién iba a pensar que el Internet, bastardo de una organización de inteligencia militar gestado por el poderío económico y tecnológico, iba a llevar en sus entrañas las condiciones materiales para un empoderamiento ciudadano? ¿Quién hubiera creído que los ciudadanos más alienados por la tecnología –según las teorías marxistas– iban a encontrar dentro de la misma venda su propia liberación?

Hoy pareciera ser vivimos aires de cambio. Un fantasma digital recorre el mundo.

Con razón Televisa y el PRI están tan nerviosos.

 

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