Opinión

Un punto de vista sobre la huelga del STEUAQ

Por: Francisco Ríos Ágreda*

El Sindicato de Empleados y Trabajadores de la Universidad Autónoma de Querétaro (STEUAQ) cumpleen este 2014, al igual que el SUPAUAQ, 40 años de haber sido fundado, y aglutina aproximadamente a unos mil 700 trabajadores que mantienen viva y dinámica a la Universidad. Hace unos años, cuando fungía como director de una unidad académica de la UAQ,decían mis compañeros profesores en la Facultad de Filosofía: “Honestamente, Paco, no pasa nada si tu no vienes a la Facultad, pero si no viene don Panchito, no funciona nada, pues no habría salones, pupitres, ni pizarrones limpios, mucho menos aparatos electrónicos para apoyar nuestra labor docente y nuestro trabajo de investigación y de difusión de la cultura.” Por mi cuenta, ratifico la labor silenciosa de las compañeras secretarias que tienen que salir al quite con los bomberazos de la elaboración de informes del PROMEP, de los cuerpos académicos, de los informes parciales y finales de investigación, con la elaboración de todo tipo de documentos estudiantiles, cartas de becas, postulaciones de intercambios, actas, calificaciones, exámenes profesionales, actas de consejos académicos, de colegios de profesores y cuantas cosas se nos ocurran a los profesores; y además, que los baños de las facultades, escuelas y campi se encuentren aseados, a pesar de nuestras veleidades sanitarias. La Universidad sin sus trabajadores administrativos, manuales y de intendencia sería en Estados Unidos algo así como el filme: “Un día sin mexicanos”. Imagínese usted.

Ello lo expreso porque durante el curso de la sorpresiva huelga del STEUAQ, que estalló el sábado 1 de marzo, a las doce del día, y levantada una semana después, el sábado 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer), a las doce del día, los trabajadores administrativos fueron denostados como flojos, intransigentes, radicales, duros y neciosen los medios de comunicación por algunos reporteros y caricaturistas (Beto del Noticias y Pepe Gómez del Diario de Querétaro), por haber hecho uso del derecho de huelga, consagrado en la Constitución Política de México, como último recurso ante la defensa de su salario, de sus prestaciones (incluyendo la cláusula del CCT del festejo del STEUAQ) y lo que en las percepciones de los miembros del STEUAQ denominaban como las violaciones al Contrato Colectivo y su dignidad como trabajadores.

Me pareció una estrategia incorrecta del equipo de la Rectoría el plantear que la Universidad es de todos y que por ello se contrataría a los estudiantes para trabajar en la Universidad, sin respetar la bilateralidad laboral del sindicato de los trabajadores administrativos, oponiendo los intereses de los estudiantes a los de los trabajadores. En el mismo sentido, a mi juicio, es un error la afirmación de que los jubilados del STEUAQ y del SUPAUAQ somos una carga para las finanzas de la UAQ, confrontando a los trabajadores en activo con quienes nos hemos jubilado o pensionado. De ninguna manera, yo, como jubilado, me apeno de mi condición. Todo lo contrario, me siento orgulloso de que hace cuarenta años, gracias a la labor de Mariano Amaya y de un centenar de profesores, se logró, mediante un movimiento de huelga realizado en 1975, que se reconociera el primer Contrato Colectivo de Trabajo, incluyendo la cláusula 33, referida a la jubilación. Después de más de 25, 30 o 35 años dedicados a la UAQ, la jubilación colabora a que tengamos una vejez digna y un sistema justo de seguridad social. Es el sistema capitalista neoliberal y la insuficiencia del presupuesto otorgado a la UAQ lo que ahorca las universidades públicas, y no el sistema de jubilaciones. También pongo distancia de la ineficacia de la huelga como medida de protección de los trabajadores, sostenida entre otros, por el colega Manuel Basaldúa, en su columna “Diálogo Universitario” en conocido medio local. El STEUAQ no hubiera logrado lo que alcanzó (4% de incremento directo al salario, 2.4% en prestaciones no atadas al salario y un programa de basificación de 480 trabajadores que inicia con 50 plazas y de una bolsa de un millón 300 mil pesos, además del pago del 100% de salarios caídos) de no haber estallado la huelga. El manifiesto publicado por el STEUAQ el 28 de febrero de 2014, en los periódicos locales, da perfectamente cuenta de los objetivos de su movimiento.

Más reflexiones tendría que formular sobre el papel del Estado, de los empresarios, de la Iglesia, de un sector de estudiantes (particularmente de la FEUQ) que realizaron diversos tipos de presión para que el STEUAQ levantara la huelga, pero también habría que rescatar que estuvo la solidaridad de los partidos políticos progresistas, de la delegación de profesores de la Facultad de Psicología; con sus contradicciones, del apoyo de un sector del SUPAUAQ, de los profesores jubilados del SUPAUAQ, de las organizaciones de UNT y del algunos sindicatos fraternos como el STUNAM, la CONTU y la ANASPAU. Ahora sería importante retomar la relación solidaria entre el SUPAUAQ y el STEUAQ, independientemente de quiénes dirijan los gremios universitarios y generar más mecanismos de coordinación permanente en las revisiones salariales y contractuales de nuestros sindicatos, de tal forma que nadie se quede colgado de la brocha, como nos ocurre al sindicalismo universitario con el STUNAM, que revisa anticipadamente el 1 de noviembre y nos somete al incremento que ellos negocien con la UNAM, que en este caso fue del 3.5% de incremento directo al salario.

Por último, es necesario un trabajo quirúrgico para restañar los raspones y heridas generadas por el conflicto laboral. Conociendo la apertura de Gilberto Herrera Ruiz, nuestro rector, seguramente dará indicaciones a sus colaboradores de no permitir vendettas, recriminaciones o reclamaciones a los trabajadores del STEUAQ por haber participado en el movimiento huelguístico, decidido por una gran mayoría de las bases sindicales del mismo y no por Laura Leyva Saavedra, su valiente representante sindical.

*Delegado sindical de jubilados del SUPAUAQ

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