Opinión

Una temporada vacía

Por: Rafael Vázquez

A mediados del año en ciclo, mientras hastiado  y sentido, absorto en reflexiones embebido, inclinado entre panfletos y sonidos vacíos y sin sentido; desesperado, triste y casi perdido oyóse de súbito una voz, que manando de la televisión en el cuarto, fluyendo casi en silencio.

“Es –dije musitando- algún anuncio por la convergencia. Eso es todo, y nada más”.

¡Ah! Aquel lúcido recuerdo de las temporadas electorales pasadas, espectros de votos moribundos ignorados, quemados y violados por los suelos; angustias de las instituciones caídas, el recuerdo del 2006 y el 2012, el dolor por la pérdida de la democracia, la única, virgen radiante. Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante de casillas vacías de marcadores rotos, votos anulados y abusos desmedidos, llenábame de fantástimos terrores antes sentidos. Y ahora aquí, en pie, acallando el latido de mi corazón, vuelvo a repetir: “Es sólo un jingle inofensivo, algunas palabras del Instituto Electoral del Estado de Querétaro queriendo escucharme, buscando tocar el corazón de un ciudadano, nada más”.

Ahora, mi ánimo cobraba brío y ya sin titubeos: “Señor o señora consejera, en verdad vuestro perdón imploro, más el caso es que, decepcionado, cuando vinisteis a buscarme para emitir mi voto, apenas pude oir vuestro llamado” Y subí el volumen del televisor, era sólo una métafora creativa y nada más.

Escrutando palabra por palabra de aquel negro mensaje, permanecí largo rato, atónito, temeroso, teniendo ideas que ningún otro mortal se atrevió a pensar. Mas el mensaje se repetía, retumbaba en el silencio insondable de las instituciones y su constante quietud y lejanía y la única palabra ahí proferida era el balbuceo de una frase: “Si no votas, no existes”

La pronuncié en un susurro, y el eco lo devolvió como murmullo: “¡Si no votas, no existes!” Apenas esto fue y nada más.

De un golpe abrí la computadora, entré al explorador y la sorpresa me golpeó el rostro: con aires de gran señor o de gran dama encontré expuesta la dichosa campaña.

Entonces, las palabras ahí expuestas cambiaron mis tristes fantasías de la democracia en una mueca

“Aun con tu campaña coercitiva –le dije- no te creo, horrida institución reciclada y amenazadora. ¡Yo sé cuál es tu verdadero nombre aunque te hayas querido rebautizar en la ribera institucional nocturna!

Y el IEEQ dijo: “No existes”.

Cuánto me asombró que el atrevido y desgarbado instituto pudiera ser tan cínico aunque poco significaba su respuesta. Poco pertinente era -pues no podemos sino concordar en que ninguna institución hayase compuesto por no-existentes- pero más que entrara a la privacidad de un hogar con semejante eslogan: “No existes”.

Mas la institución, haciendo oidos sordos a los reclamos populares, seguía pronunciando sólo esas palabras una y otra vez. Y entonces yo me dije, apenas murmurando: “No es la primer campaña de coacción del voto, recularán como otras que han reculado antes”

Y el IEEQ dijo: “No existes”.

Sobrecogido pensé: “Sin duda lo que dice es todo lo que sabe, es sólo un repertiro aprendido de un amo infortunado a quien necesita del voto popular para legitimar sus ambiciones “No existes”, es sólo eso”.

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra, frente al monitor cuyas imágenes quemaban hasta el fondo de mi pecho. Siluetas recortadas de un amigo, un conocido, un familiar. Esto y más adivinaba, con la cabeza reclinada en el aterciopelado forro del cojín acariciado por la luz de la lámpara ¡Ay! ¡No existo!

Entonces me pareció que el aire se tornaba más denso, perfumado por invisible incensario mecido por serafines cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado. “¡Miserable –dije-, la gente te lo ha concedido, con su confianza te otorga una tregua, tregua de nepente de los recuerdos de aquel IFE de Woldemberg!”

Y el IEEQ dijo: “No existes”.

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡Institución diabolica! ¡Mediador enviado por el poder, arrojado a la tempestado de éste país desolado e impávido, a esta desértica tierra encantada, a este México hechizado por el horror! Anda, dime, en verdad te lo imploro, ¿existo aunque vote? ¡Dime, dime que mi voto cuenta, te imploro!”

Y el IEEQ dijo: “No existes”.

“¡Sea esa nuestra señal de partida, institución maligna! ¡Vuelve a la oscuridad del régimen totalitario que te concibió, no dejes boleta o casilla alguna, prenda de la mentira! Déjanos en nuestra soledad intacta, abandona nuestras calles, nuestro oidos y ojos, aparta tu campaña de mi vista”

 

Y el IEEQ dijo: “No existes”.

Y la institución que nos da la certeza jurídica de las elecciones no se movió. Su campaña tampoco, sigue ahí. Y cuando la veo me parece que estoy en un mal sueño. Los recursos le llegan por millones, tiende sus ramas por medios y espectaculares. Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo no puede liberarse. ¡No existo!

Con el permiso literario y con el honor de construir sobre las palabras de Edgar Allan Poe y su maravilloso cuento: “El Cuervo”.


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