Opinión

Ventana de oportunidad

Por: Ovidio González Gómez

 

PARA DESTACAR: Desde mediados de los ochenta del siglo pasado, el sindicalismo independiente universitario fue acosado y reducido. Algunos de los logros más importantes de los trabajadores universitarios fueron recortados quirúrgicamente de los contratos colectivos.

Vino la huelga como torbellino… y como tal pasó: ya es historia. Movió anquilosados sujetos y estructuras muy cómodamente asentados en su área de confort. Levantó opiniones, posiciones y acciones inesperadas. Es momento de entre nosotros, universitarios, comentar, externar, plantear y/o discutir  nuestras interpretaciones. El ánimo es, como siempre, contribuir al esclarecimiento de la situación en esta nuestra (de todos) universidad para, de ser posible y sin evadir el conflicto, llegar a consensos y tomar las acciones que correspondan.

Breve recuento incompleto de hechos (complételos y contextualícelos como cada quien quiera):

1) Emplazamiento a huelga por violaciones al contrato colectivo. 2) Declaración de improcedencia de huelga. 3) Emplazamiento a huelga por aumento salarial y violaciones al contrato colectivo. 4) Incorporación de contrademandas por parte de rectoría 5) Negociaciones a tropezones y ausencia del patrón 6) Estallamiento de huelga. 7) Convocatoria a concentración para la defensa de la autonomía universitaria.

8) Fallo de la Junta local de conciliación y arbitraje (JLCA) favorable al Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad Autónoma de Querétaro (STEUAQ). 9) Levantamiento de huelga. 10) Amago de la parte patronal sobre solicitud de revisión a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje y de amparo para la suspensión temporal del fallo local. 11) Reunión entre el Rector de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) y el gobernador del Estado de Querétaro. 12) Firma del convenio entre la dirigente del STEUAQ y el Rector con la presencia del gobernador.

Para la presente interpretación se considera intrascendente la personalidad específica de los tres actores principales: Ni el supuesto férreo control charro de la secretaria general del STEUAQ, ni la pérdida de piso que el culto a la personalidad ha provocado en el Rector de la UAQ, ni el posible pero no probado afán de intromisión del gobernador del estado de Querétaro en la UAQ se toman aquí en cuenta. Probablemente las tres interpretaciones sean valederas y queden incluso cortas, cada una de ellas, parece, merecen en sí mismas discusión, decisiones colectivas por estamento y acción consecuente, pero no es a ellas que se aboca este breve análisis. Finalmente los actores pasan, son en cierto modo efímeros aunque dejan huella (originalmente involuntaria alusión a José Guadalupe Esparza, 1989).

Se quiere destacar aquí un acontecimiento disruptivo, inesperado y con rumbo incierto… y su retorno al estatus quo. Algunas enseñanzas sugiere este derrotero (en el sentido de senda) que llaman la atención.

La JLCA dictaminó completamente a favor de la organización de los trabajadores. Pareciera que son pocos los antecedentes en este sentido, si existen. Sea como haya sido, la organización de los trabajadores, con poca participación en asambleas, con un contrato colectivo que incluye artículos considerados propios del sindicalismo charro (cláusula de exclusión) y con una dirigencia tildada de manejos oscuros, consiguió lo que pocas (o ninguna). Probablemente con el tiempo se esclarezcan lo que algunos suponen: que hubo una cercanía inadecuada de la dirigencia sindical con el Gobierno del Estado, por encima de la negociación con los servidores públicos de la UAQ. Si así fuera y quedara al descubierto una situación de este estilo, lo destacable aquí es que, aliándose con quien sea, la organización sindical consiguió una respuesta del árbitro laboral correspondiente totalmente favorable. No es poca cosa.

Esta inédita situación ha de ser considerada en el contexto de una tendencia cada vez mayor de derrotas sindicales. Los grandes sindicatos han sido demolidos, uno tras otro, no por los embates directos del capital, sino por las acciones sostenidas de las diversas instancias del gobierno (por trillado se antoja no utilizar el epíteto, pero no queda de otro: neoliberal). Innecesaria es la lista y caracterización de los sindicatos derrotados (Ferrocarriles, Aeroméxico, CFE, Pemex y demás) y no parece correcto aquí, en esta argumentación, establecer la tan mañosa distinción entre los trabajadores (puros) y su dirigencia (amafiada).

Interesa, eso sí, mencionar la situación de los sindicatos universitarios y su tendencia de derrotas. Desde mediados de los ochenta del siglo pasado, el sindicalismo independiente universitario fue acosado y reducido. Algunos de los logros más importantes de los trabajadores universitarios fueron recortados quirúrgicamente de los contratos colectivos. La participación de algunos sindicatos universitarios en la vida académica (objeto de trabajo de sus miembros) se rompió desde hace ya treinta años. Pocos parecen recordarlo.

Vale la pena apuntar a esta situación perdida para tratar de ubicar en su justa medida la ahora y de repente tan vehemente y selectivamente defendida autonomía universitaria. La autonomía universitaria fue violentada drásticamente en ese entonces y sus secuelas continúan. Pocas voces se alzan para cuestionarlo. Como también es importante remontarse al origen del diferencial salarial entre académicos que, desde afuera de las universidades (de la UAQ, para ser más aldeano) se ha impuesto a los trabajadores académicos en particular a partir del incremento salarial a unos cuantos que pueden acceder al SNI, profundizado con otras de las medidas salariales que influyen en la distinción meritocrática, los estímulos y demás bichos.

Tampoco eso ha llamado la atención por el Rector de la UAQ como intromisión a la vida universitaria. Así, el camino no sólo sugerido, sino forzado ha sido, para cada académico, la consecución individualizada, que no pasa por la acción ni discusión colectiva en los ámbitos sindicales y desaparece casi por completo la solidaridad gremial. Hueco ya el sindicalismo universitario de materia académica y de logros colectivos, se reduce su ámbito de competencia y gestión al mero salario base y una que otra prestación. No de forma sorpresiva pues, aunque se pueda tachar de incorrecta, se observa un desinterés pleno por la participación sindical, que ha permitido en la UAQ la existencia de un sindicato charro y otro blanco (¿Cuál será peor?)

En este contexto la JLCA tomó la decisión favorable totalmente al sindicato y a todos tomó por sorpresa. Inmediatamente surgieron reacciones ácidas y virulentas. La más trascendente fue la interpretación del Rector sobre la intromisión del gobernador y también su clamor por la, según él, inevitable quiebra presupuestal en que tal decisión colocaba a la institución.

La serie de derrotas sindicales en el ámbito universitario de los últimos treinta años ha consolidado (no solamente en las instituciones de educación superior) un fantasma que se transforma en real y persistente, el temor a demandar de más. Se ha introyectado algunos de los argumentos neoliberales y, el más pernicioso, el argumento de que las situaciones críticas, de quiebra y/o de inviabilidad financiera son resultado de las demandas laborales “excesivas”.

Así, los sindicatos hoy en día piden un incremento salarial no para mejorar o al menos resarcir la pérdida del poder adquisitivo, sino para negociar hacia el tope salarial indicado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es precisamente esta introyección lo que ha propiciado la generalización del sindicalismo blanco, que se suma a las preocupaciones del patrón y con él forma un frente.

El momento disruptivo de este logro gremial (no muy limpio, si se quiere hacer un juicio de valor), haya sido como haya sido (originalmente involuntaria alusión a FCH), abre las puertas, presenta una ventana de oportunidad (diría el lenguaje empresarial motivacional) y deja expuesto un camino incierto pero posible, al que se había negado la mera existencia como posibilidad.

Pero no pasó nada. Trunco este camino, sin embargo, muestra una veta que puede ser recogida para futuras acciones. Las violaciones al contrato colectivo del STEUAQ son ciertas, no son invenciones. En la visión de los jueces superiores (judeocristianismo puro), están mal algunas cláusulas y “deben” ser quitadas. Si las cláusulas “incorrectas” fueran removidas en negociación más adelante, por el momento existen y su incumplimiento es violatorio, más allá de que a algunos actores no les gusten. Las violaciones al contrato colectivo del Sindicato Único del Personal (sic, por trabajadores) Académico de la Universidad Autónoma de Querétaro (SUPAUAQ) son muchas, graves y reconocidas, sin embargo, esta agrupación gremial no levanta la voz.

La contratación velada de los trabajadores académicos bajo la figura ilegalmente manejada de contratación por servicios profesionales se ha establecido ya como una regla y no como la excepción. Cínicamente, hasta programas de estímulos son establecidos para este estamento de trabajadores que por lo demás no se diferencian en su trabajo de los de base. Sin embargo, el SUPAUAQ no reconoce como sindicalizables a estos trabajadores: esto es, no existen como tales. El argumento sobre la existencia de esta serie de violaciones es, de nuevo, la pobreza presupuestal indicada por Hacienda y gestionada por la SEP en cuanto al reconocimiento de plazas. Crecimiento universitario a costa de las condiciones laborales, mientras el sindicato blanco asume como propia esta argumentación (¡No queda de otra!, SUPAUAQ).

El STEUAQ, en este breve momento disruptivo mostró una posibilidad. La forma en que se truncó esta posibilidad deja también enseñanzas. Tanto celo casi monacal por la defensa de la autonomía se hunde en la práctica cuando se recurre finalmente al gobernador para la resolución del impasse generado por el laudo. Se espera también que los detalles de esta forma de solución (entrometida a petición de parte) salgan pronto a la luz.

El espacio de maniobra que tienen los actores principales de esta obra ha sido conseguido mediante diferentes maneras de imposición y control, pero también ha sido propiciado o al menos permitido por la indiferencia cuando no abulia de quienes los eligieron. Si el momento disruptivo abría la posibilidad de un resurgimiento de las entelequias de las bases, el final feliz de la obra con el retorno al estatus quo, deja cierto sabor de imposibilidad. Pero depende de esas bases, de nosotros…

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