Opinión

Y, ahora ¿qué sigue?

A pesar de todo el esfuerzo, el dinero, las pasiones e ilusiones invertidas, ganar una elección es lo de menos. Importa más lo que se hará con el cargo obtenido.

Salvo excepciones (que cada quien puede nombrar) la clase política se ha ganado a pulso la desconfianza y repudio ciudadanos. Paradójicamente muchos buscan candidatearse, imaginando poder hacer un mejor papel y alegando ser sólo “ciudadanía preocupada, sin nada que ver con los políticos” (sic).

Por eso, entre quienes fueron electos se encuentran personas “de buena voluntad”, carentes de experiencia y otras “de gran colmillo”, con muchos años “sirviendo a la población”, reeligiéndose o brincando de un cargo a otro o de un partido a otro y ganando habilidad discursiva y legal para acumular dinero y poder (y hacer negocios de beneficio personal).

Mientras tanto, los grandes problemas de México y del mundo se complejizan y agudizan con el imperio neoliberal (Naomi Klein: “La doctrina del shock”). No sólo es notoria la grave desigualdad social, sino el desastre ecológico que la sociedad de mercado ha generado, así como la inoculación en la población de una ideología profundamente individualista y polarizante, del “sálvese quien pueda” y de total falta de autocrítica.

El esfuerzo de López Obrador para detener el desastre fue confundido por muchos, en especial por gente de derecha, con la brutal degradación que sufrió el sistema dominante, que terminó, a veces, por estallarle en las manos. Por fortuna ha crecido la toma de conciencia en un amplio sector ciudadano sobre las causas profundas del desastre, apoyada por la buena obsesión del presidente de evidenciar cómo nuestro país viene siendo saqueado y puesto en venta, no sólo desde que fue conquistado, sino sobre todo en las últimas décadas. Su gran experiencia y lucha por lograr un cambio de rumbo hacia una mejor y más equitativa distribución de la riqueza fueron reconocidas en las pasadas elecciones, lo que llevó al “tsunami” con Claudia Sheinbaum. En otros lugares, en que la ultraderecha parece recuperar terreno, europeos y argentinos expresan expectativas de esperanza sobre el ejemplo que está dando México.

En el contexto queretano, sea, quien sea quien gobierne, se hace evidente la insostenibilidad de un modo de comprensión y práctica de la gestión pública, como empresa mercantil, que trata a la ciudadanía como “cliente” y a la meritocracia como “valor ético”.

Por simple cuestión de supervivencia, urge que los tres poderes del Estado (sean del partido que fueren) comprendan y actúen en consecuencia: Si no se rescata el campo de la agroindustria y monocultivo, para fortalecer la agroecología y soberanía alimentaria; si no se detiene a los cárteles inmobiliarios y a la gran ganadería; si no se frena el dispendio de agua en fábricas y campos de golf; si no se diseña y practica una estrategia efectiva para resolver la crisis hídrica; si no se atienden prioritariamente los barrios urbanos populares (en donde viven los trabajadores), por décadas invisibilizados y abandonados; si no se forestan las ciudades con especies arbóreas nativas y todo se sigue encementando; si no se resuelven las causas de la grave contaminación, por el hiper desorden urbano y el pésimo sistema de limpia; si no se respeta efectivamente el triángulo de la movilidad, se fortalece el transporte colectivo y se desalienta el uso del automóvil; si no se crean más casas públicas de la cultura, escuelas de artes y oficios, campos y jardines para el deporte, la recreación y la convivencia familiar, Querétaro seguirá avanzando hacia su grave debacle.

Pretender que el “orden” vendrá de cámaras de vigilancia, de reprimir a quien proteste o de “regular” el despojo; el progreso, de desviar cientos de millones a “bloques de altísima tecnología”; la “igualdad”, de entregar dinero público a empresas privadas como la “Universidad de la mujer”; o la confianza, de letreros como “Querétaro-love” …, es no entender nada.

No se puede gobernar con ocurrencias ni amiguismos.

Mucho conocimiento se viene gestando por la ciudadanía organizada y científicos-activistas que, desde la resistencia, generan diagnósticos y propuestas precisas.

Es indispensable abrir el gobierno a la participación popular, para VER y ESCUCHAR.

maric.vicencio@gmail.com

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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