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El huevo de la serpiente y la devastación informativa

“Aún es fecundo el vientre del que surge la bestia inmunda”.

Bertolt Brecht

En el convulsionado mundo que hoy habitamos y que parece que no tarda en derrumbarse del todo, es preciso hacer un análisis, con cierta profundidad, de cuáles pueden ser los detonadores de la catástrofe que se nos viene encima y uno de los más demoledores, que actúa sigilosamente, como serpiente venenosa y suele tener incluso un impacto subliminal; es, sin dudarlo, la información, el turbulento manejo que se hace de la información y que tiene repercusiones hasta hoy ignotas y no lo suficientemente investigadas por comunicólogos y analistas de medios.

En primer término, quiero referirme a lo que Raúl Zibechi denomina como la guerra perpetua y que, citando a Ralph Peters, “(…) para las masas del mundo, devastadas por información que no pueden manejar o interpretar con eficacia, la vida es desagradable, brutal y en cortocircuito”. (La Jornada 10/10/21) Al respecto, no le falta razón. El desasosiego que produce la información que se genera en oleadas incalculables por todos los medios posibles, en especial los digitales, es imposible de asimilar y, peor aún, de seleccionar y procesar.

No es sólo cuestión de cantidad; especialmente habría que hablar de la cualidad de esa información y es allí donde la complejidad interpretativa se vuelve abrumadora y donde subyace el mayor peligro, pues el significado de guerra perpetua tiene que ver con un dilema ético permanente, dado que, en palabras del propio Peters “una de las bifurcaciones definitorias del futuro será el conflicto entre los maestros de la información y las víctimas de la información”, es decir, se trata de una batalla muy desigual donde se erigen como vencedores invencibles los grandes generadores informativos, para someter al mundo entero a sus designios.

El ejemplo perfecto lo tenemos con el tratamiento informativo que ha recibido la pandemia del coronavirus y las respectivas medidas de contingencia sanitaria de las cuales se ha informado hasta la saciedad, pero con una cualidad muy cuestionable e inadmisible: la imposición del miedo, el terror sanitario como medida principal y así envolver el discurso del control social en un tosco ropaje de prevención de la salud y de responsabilidad social para evitar el contagio a los demás. Un discurso hipócrita que desdeña al resto de los caídos por otras enfermedades que son incluso más elevados, tales como los muertos por cáncer, diabetes o enfermedades cardiovasculares.

Las cifras se inflan, se anticipan variantes sin fin y se condena al mundo al ostracismo y a la sumisión total. Esto es lo que provoca la guerra perpetua y la devastación informativa que, a través de un sensacionalismo inaudito, una estridencia periodística nunca antes vista, desatan una pandemia mediática que, según Ilán Semo, sólo terminará “cuando se encuentren salidas a la depresión social y económica. Para el capitalismo, la muerte ideal reside cuando logra evitar su responsabilidad en ella”. (La Jornada 26/06/21).

Si interpretamos sus palabras, significa que tendremos pandemia mediática para rato, debido a que la situación imperante se la debemos, principalmente, a los grandes monstruos del capitalismo salvaje mundial: los imperios Google, Facebook, Amazon y anexas, los nuevos poderes supranacionales que han escapado a todo intento de regulación que hoy gobiernan al planeta entero y censuran implacablemente a todo aquel que ose manejar un discurso contrario al discurso hegemónico del Nuevo Gobierno Mundial que nos tiene postrados en la inmovilidad absoluta y en la obediencia ciega a sus dictados.

¿Qué nos espera en lo inmediato? Veo como una de las alternativas el tratar de desenmascarar al “poder oculto” como lo denomina Abraham Nuncio, ese poder de las grandes empresas mediáticas, de internet y de las redes sociales que controlan la mayor cantidad de información que circula en el mundo y que provoca los estragos enunciados líneas arriba. La otra posibilidad de salvación, también la refiere Zibechi, al proponer el fortalecimiento de la comunicación comunitaria, alternativa o popular y, yo agregaría, generarla y difundirla a través de la red, es decir, con las mismas herramientas que el monstruo utiliza para dominarnos. Estamos ante un enorme desafío, por ello, otra de las salidas es alfabetizar a las grandes audiencias de medios para despertar en éstas el sentido crítico, la discrepancia hacia el discurso dominante y la ponderación de otras opciones informativas que nos acerquen a la verdadera comunicación entre los seres que poblamos este atormentado planeta. De lo contrario, “la bestia inmunda” nos devorará irremisiblemente…

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