Merecemos

Hace poco más de un mes que regresamos a nuestras actividades, después de más de treinta días de paro de labores tanto académicas como administrativas. Durante ese tiempo se vivieron situaciones difíciles, complicadas, estresantes, desgastantes, no sólo durante los días que no se laboró, sino también al regreso; la situación estaba tensa, había mucho cansancio y desgaste emocional y físico. Y al regresar, volvimos de lleno a las actividades laborales y poniendo mucha atención en cómo solucionar situaciones y de qué hacer para que las cosas fueran bien.
Sin embargo, ¿qué tanto hicimos para cuidarnos en lo individual, en lo personal y en lo emocional?
Durante nuestra vida, y desde que somos infantes, a muchas personas, se nos enseña que lo más importante es la responsabilidad, sea laboral, académica o familiar, que primero y antes que todo, está la obligación, aún por encima del bienestar personal. Se nos instruye para ser el mejor papá o la mejor mamá, desde lo que socialmente eso signifique; a ser la o el mejor estudiante, es decir a tener buenas calificaciones, aunque no siempre eso signifique tener el mejor o el mayor aprendizaje, e incluso aunque eso cause problemas de salud; a ser la o el mejor jefe, etc., ser el o la mejor en todo lo que tenga que ver con el deber.
Por el contrario, no nos enseñan que también es importante, es más, —yo diría— indispensable, que cuidarnos es necesario para poder estar en mejores condiciones para funcionar adecuada y eficientemente en los diferentes ámbitos de nuestra vida, y el cuidarnos implica varias cosas, no sólo es cuidar lo que comemos, que muy frecuentemente cuando se habla del auto cuidado, se hace referencia al comer.
Cuidar de sí mismo implica también poner atención en dormir lo necesario, hacerlo en demasía o muy poco puede ser un indicador de que algo no va bien; también, implica comer en horarios regulares y en la medida de lo posible al menos tres veces al día, así mismo, una manera de cuidarnos es realizar alguna actividad física o ejercicio; realizar de manera regular alguna actividad recreativa, e incluir en nuestra rutina diaria actividades que disfrutemos.
Merecemos descansar, tanto física como emocionalmente, tener bienestar, estar emocionalmente sin altibajos extremos; merecemos tranquilidad, sosiego, calma, paz; merecemos poder dormir y no pasar noches de insomnio; merecemos disfrutar de nuestros alimentos, de una rica bebida o una buena comida; merecemos tener personas cerca con quienes podamos convivir y sentirnos apoyados y acompañados; merecemos disfrutar de un buen libro, de un buena plática con amigos o familiares e incluso con nuestros colegas; merecemos poder llegar al final del día y estar en serenidad; merecemos no vivir siempre en la preocupación, en la prisa, en la ansiedad, en el estrés, en el desánimo, en la desmotivación, o en el agotamiento, físico o emocional.
Cada persona puede elegir y decidir de manera consciente, cómo contribuir para su propio bienestar.
Merecemos el descanso, el placer, el disfrute y una buena convivencia, y ahora que viene el periodo vacacional y las fiestas de fin de año, podemos aprovechar para hacerlo.
¿Y tú, cómo quieres vivir tu vida y qué estás haciendo para ello?
Les deseo un fin de año lleno de cosas y persona bonitas, y les mando un abrazo enorme.



