Scherer vs Salinas

“¿Cómo podría Proceso trascender a Scherer, Vicente?” inquirió alguna vez Carlos Salinas a Vicente Leñero. Si Raúl fue un hermano incómodo, Julio Scherer fue, es y seguirá siendo uno de los más incómodos críticos del sexenio salinista. Salinas intentó eliminar a Scherer desde el principio de su mandato; al final, Scherer trascendió los intentos de Salinas por eliminarlo y, gracias:a ello, el mejor periodista mexicano del siglo XX publica su libro más reciente: Salinas y su imperio. Desprovisto de revelaciones espectaculares en su contenido, el reportaje de Scherer finca su valor en la inteligente asociación de personajes y situaciones donde el único protagonista es el poder, o en todo caso, sus prosélitos. He aquí varios botones de muestra, extraidos de la memoria de Scherer.
Todavía como director general de Proceso discute con Raúl Salinas de Gortari un reportaje publicado, en el cuál se afirma que Raúl intentaba apropiarse ilegalmente de una hacienda en Altamira, Tamaulipas.
«De improviso llegó Enrique Salinas de Gortari, de barba espesa y sin cabello en la coronilla, parecido a Carlos y vagamente a Raúl. Preguntó qué nos reunía y su hermano le habló de los intereses encubiertos, la información turbia, el rancho de Altamira que se le adjudicaba con razones descalificadas.
Percibí un humor agrio en la mesa y repuse en el lenguaje de mi trabajo:
—No sé por qué habría de creerle a una de las partes y a la otra no.
La respuesta cayó como un golpe:
—Ya le explicó Raúl —ordenó Enrique.
Entendí la lógica de la impunidad: del poder no se sospecha”.
Scherer no ha sido nunca un hombre ajeno al poder. Lo enfrenta, lo cuestiona, lo atemoriza, escapa a su seducción. Pero es gracias a su cercanía con el poder que tiene acceso a múltiples relatos inéditos, como el de Carlos Castillo Peraza durante su reunión con Carlos Salinas de Gortari dos días después del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Cuenta Castillo: “el presidente se veía encorvado, jorobado, desalentado… No soy psiquiatra ni psicólogo, pero ese hueso sin pellejo ni carne —refiriéndose a una escena durante la cual estrecha el débil brazo del presidente me hace pensar que Salinas no mató ni mandó matar a Colosio, sino más bien que el asesino de Luis Donaldo Colosio acabó políticamente con Salinas… Mi razonamiento tal vez es simplista o quizá carezca de premisas sólidas. Puedo conceder hasta que no es razonamiento sino impresión, intuición”.
En apenas 86 hojas, el exdirector general de la revista Proceso indaga sobre la desgracia de la familia Salinas, el enfrentamiento entre Carlos Salinas y Luis Donaldo Colosio, la amistad entre éste último y el historiador Enrique Krauze, los encuentras entre algunos intelectuales como Octavio Paz y Alejandro Ross con Luis Donaldo, los encuentros y desencuentros del propio Scherer con los poderosos a los que cuestiona valientemente en su semanario. Prueba irrefutable de esto son las palabras que dirigió a Zedillo durante una reunión que sostuvo con el entonces Secretario de Educación: “Opté por la franqueza: no me gustaría que llegara usted a la Presidencia de la Republica. Usted me educa y no quiero que me eduque. Quiero que me transmita valores, que hable de su amor por México. Quiero que me cuente de sus muralistas, de sus escritores, de sus músicos, de sus héroes y de los que no lo son, de su cielo y de su tierra. Y esto no lo hace usted, señor secretario”,
En su prosa, Scherer utiliza el adjetivo más que para calificar, para desnudar a los poderosos y dejarlos muertos de frio y ¿de verguenza? ante la opinión pública. Con la misma intención ilustra la agonía del sistema político mexicano, con el testimonio del secretario particular de Luis Donaldo Colosio durante su campaña por la presidencia: Alfonso Durazo. Durazo explica a Scherer cómo Colosio sugiere al presidente, en julio de 1993, que forme un grupo que le “vaya dando forma a lo electoral”, para recibir con fortaleza las elecciones y le sugiere que Gobernación, Córdoba Montoya y el Partido deben reunirse. Al respecto dice Scherer “Sorprende la nota. Colosio era Secretario de Desarrollo Social y nada tenía que hacer en asuntos electorales; el PRI no debería participar como actor central por su condición de partido, sin privilegios sobre sus contendientes; por alguna razón, Colosio concedía a Córdoba el trato de igual con Gobernación y el PRI, columnas del sistema, Salinas veía con naturalidad las reuniones extralegales de Colosio —refiriendose a la intromisión de Colosio en cuestiones electorales—, a quien según su dicho, preparó con tiempo para la presidencia.”
“Privaba la invasión de funciones, el desorden, revueltos todos. No es otra el alma del poder”.



