Bella Ciao

Finalmente se concretó la venta del avión de la ignominia

De manera totalmente absurda y evidenciando un gran despilfarro de dinero público, Felipe Calderón, el espurio, solicitó en 2011, un año antes del fin de su mandato, la adquisición de un avión Boeing Dreamliner 787 para uso de la Presidencia de la República, que estaba por dejar.

El avión original era un avión con capacidad para 265 pasajeros, pero fue modificado para que únicamente pudieran volar 80 pasajeros, dado que se hicieron modificaciones para convertirlo en un avión de lujo tipo de jeque árabe. Por esta razón, el avión llegó a México hasta principios de 2016, tres años después de que Enrique Peña Nieto tomara posesión como presidente.

El ‘chistecito’ de la modificación del avión para que tuviera despacho privado, sala de juntas, recámara con cama king-size, sanitario completo, recámara con caminadora, cocinetas, baño de mármol y otros detalles de lujo, nos costó a todos los mexicanos ni más ni menos que 80 millones de dólares, mil 600 millones de pesos al tipo de cambio actual. A lo que hay que agregar otros 23 millones de dólares (460 millones de pesos) en accesorios y refacciones.

En total el avioncito de súper lujo nos costó 7 mil millones de pesos más otros mil millones de pesos para construir un hangar especial, pues el avión era demasiado grande como para usar algún hangar de los ya existentes en el aeropuerto internacional de Ciudad de México.

El mantenimiento y operación del avión nos costaron 45 millones de pesos anuales durante los tres años que Peña Nieto usó el avión, es decir, 135 millones de pesos por ese rubro.

Tan sólo los inútiles viajes de Peña Nieto a Bali y a Rusia nos costaron 313 millones de pesos. Y, ¿cuál fue la utilidad de que Peña Nieto fuera a Bali? ¿Qué tipo de acuerdo se logró con Rusia? ¿En qué beneficiaron al país ese tipo de viajes en los que, por ejemplo, se gastaron 270 mil pesos en alcohol?

La inutilidad de tal avión de súper lujo era más que evidente pues se trata de un avión con una autonomía de vuelo de unos 15 mil kilómetros, es decir, diseñado para viajes intercontinentales.

Todos sabemos que nuestros principales clientes comerciales son los Estados Unidos y Canadá y principalmente el primero. Por ejemplo, en 2017, el 80 por ciento de nuestras exportaciones se dirigieron a los Estados Unidos, apenas un 2.8 por ciento a Canadá, un 1.7 por ciento a Alemania, un 1.6 por ciento a China y de ahí para abajo a otros países. Con base en lo anterior, al máximo podríamos pensar en viajes a Washington, capital de los Estados Unidos, a la que se llega con vuelos de cuatro horas y media.

Es más que evidente que Felipe Calderón compró el avión para Peña Nieto y la única razón plausible es por el apoyo del PRI para el fraude electoral del PAN en las elecciones presidenciales de 2006. Aparte del pacto de dejar que el PRI regresara a la Presidencia de la República, los panistas debían pagarle al PRI muchas más cosas, entre ellas la adquisición del costoso e inútil avión.

Desde que se compró el avión con dinero público perdimos. Era inútil mantener un ‘juguete’ tan caro, digno de personas acomplejadas, como lo era Peña Nieto, enano frente a otros mandatarios más serios. Mantenerlo era costoso, usarlo era costoso y ofensivo para un país con 60 millones de pobres por lo que lo más racional era venderlo y eso fue lo que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador. Con el dinero recabado se financiarán dos hospitales en una de las regiones más pobres de Guerrero, lo que significa una cachetada con guante blanco a los despilfarradores e irresponsables del PRIAN.

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