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Star Wars: polarización, el universo sin equilibrio

Para el filósofo alemán, Friedrich Nietzsche, no hay lado bueno ni malo, ni siquiera hay una verdad como tal, sino interpretaciones; en su primera obra ya dejaba en claro que el equilibrio es importante, ya que no podemos ser plenamente apolíneos o dionisiacos, es un micha y micha, de ahí que el drama griego (para Nietzsche) es esa gran mezcla entre felicidad y tristeza, entre lo bueno y lo malo (socialmente hablando), entre lo recto y lo embriagador.

En La venganza de los Sith, el episodio III de Star Wars, Nietzsche se alegraría… pues de manera sutil se critica al dogmatismo de una religión, el temor a entender que la realidad es la suma de muchas partes no de una batalla a muerte entre oscuridad y luz, que la radicalización engendra a su propio enemigo.

La filosofía Jedi del Concejo de las precuelas: rígida, cuadrada, conservadora y digna de ser parte del senado panista (no me sorprende que el sable de luz de varios referentes Jedi sea el mismo que de aquel partido) tiene su peor falla en la intolerancia y temor a lo diferente. Si hoy me dicen que Kuri o Murguía se siente caballeros Jedi en defensa de la República, se los creo.

Los Jedi se ven como únicos poseedores de la verdad, del conocimiento y de la rectitud, pero a su vez niegan y ocultan un lado de la fuerza, cuando lo correcto (como diría Sun Tzu) es conocer a tu enemigo, comprenderlo; algo que hacen figuras como Qui-Jon Jinn o Mace Windu (este último con soberbia, la cual lo condenaría).

No hay buenos, ni malos… solo decisiones muy humanas: esa es la belleza de la trilogía que se compone de los episodios I, II y III. Una historia que cuentan como un individuo cae en la desesperación al ver que sus seres queridos mueren, el Concejo al que le debe fidelidad se corrompe y cae en contradicciones, le dan la espalda y todo eso en medio de una guerra.

Y sobre la guerra, el personaje de Anakin Skywalker sufre cambios desde el episodio I. Dejemos de lado la mala dirección de actores y, además, de diálogos un tanto extraños de George Lucas (no es su fuerte); el joven Skywalker es separado de su madre, su único vínculo emocional, viene de ser esclavo —pese a que los Jedi están para defender valores justicieros, hay esclavitud—.

En el episodio II muere su madre y se encuentra enamorado de Padme, cosa que no puede suceder por el voto de celibato del Concejo Jedi. No podemos glorificar el comportamiento de la panda de monjes, pues se rigen por un código unilateral y bastante mocho.

El contexto de Anakin es una guerra, absorbe varias cosas en el trayecto, sufre heridas, tanto emocionales como físicas: cicatriz en la cara que refleja que ya no es un niño, el elegido (cosa que le han repetido desde que lo encontraron en Tatooine) perdió una batalla donde fue humillado junto a su maestro y le costó un brazo.

Se encuentra fragmentado, vive en medio de contradicciones sin ser libre, ama a Padme, pero a su vez carga con el peso de ser quien le dé equilibrio a la Fuerza, teme de perder a la persona que ama, así como perdió a su madre, el Concejo no le da verdadero consejo y dentro (recordemos, en medio de la guerra) le dan órdenes que van en contra de la República al espiar al Canciller, ve cómo el aparato político se mueve detrás de las sombras y que los bandos no son del todo sanos como profesan y tampoco malignos en su totalidad, son varias tonalidades de claros-oscuros; no hay verdadero equilibrio si una de las partes de la fuerza está al borde de la extinción.

Para ejemplificar esto, con el lenguaje audiovisual: Al inicio de La Venganza de los Sith, en el enfrentamiento entre Anakin y el Conde Dooku, cuando acaban con el Sith, Skywalker se siente culpable pues su oponente estaba desarmado, no representaba ya una amenaza, el Canciller le dice que era muy peligroso como para dejarlo con vida… ¡misma frase que en unos minutos dirá Windu al tener contra las cuerdas a Palpatine! Y Obiwan, desde su postura de Jedi, se creía con la autoridad moral para decirle a Anakin (ya como Sith) en Mustafar que solo un Sith es tan radical en sus acciones… veamos para adentro, Sócrates le recomendaría al Concejo que primero se conocieran a sí mismos.

Hay una profundidad filosófica y política dentro de la saga de Star Wars… o lo había, ya que un ratón dueño de todo lo que toca el sol ha tomado el universo (inserte risa de Mickey Mouse). Ahora importa exprimir a los personajes que le dieron vida a esta saga, llevarlos al extremo y flanderizarlos. No culpo a Harrison Ford de solicitar la muerte de Han Solo, está mejor muerto antes de que lo vuelvan en un chiste que se repite y se repite.

Tal vez a la saga le hace falta un descanso, ya sea fuera de los reflectores o un giro en su argumentación, es todo un universo por cubrir y me sorprende que el centro del universo es solo un apellido. Hasta en Rogue One, donde parecía que nos contaban una historia fuera de lo común, había que darles su biberón a los fanáticos y cerrar con lo que ya saben que vende: ¡que aparezca Darth Vader! (pues todos lo ubican y así todos pueden comprar) y su hija. No hacía falta, pero hay un desequilibrio en la fuerza… son los Skywalker llevados al absurdo y el cuento de hadas de que hay buenos y malos.

Brandon De la Vega Contreras

Pluma decadente | A ratos periodista Columnista de Inches yardas: análisis de la mejor liga deportiva NFL

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