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El oficio político

Sucede a menudo que los libros que mejor podrían nutrir nuestra conversación y entendimiento de lo público no reciben la atención que merecerían. En principio, basta asomarse a las secciones de novedades en las librerías para ver que hay una cantidad de títulos nada despreciable que parecerían elaborar respuestas o hipótesis en torno a las situaciones que nos ocupan como comunidad política.

Desgraciadamente, la mayoría son libros insustanciales, hechos para vender y construir discursos simplones o reforzarlos que repiten lugares comunes e ideas preconcebidas. Sinceramente, en la mayoría de los casos es una misma idea, licuada. Es decir, tenemos muchos libros sobre lo mismo y muy pocas ideas circulando en la esfera pública. Pero no tendría porqué ser así. Es una de las (muchas) razones por las que importa hablar de libros y preocuparnos por su contenido, pero sobre todo por leerlos o, en todo caso, de por qué no se leen.

Rogelio Hernández Rodríguez, profesor del Colegio de México, recientemente escribió un libro que sirve para entender qué ha habido detrás de los fallidos intentos por darle un rumbo al país (que no sea, en todo caso, el económico). La torpeza política con que solemos asociar a muchos funcionarios, de esta y todas las administraciones, no es casual ni prejuiciada (aunque sea inevitable prejuiciarse sobre la labor de las y los políticos profesionales). Se debe, básicamente, a la falta de formación, de oficio político, para usar las palabras del autor.

Hace poco se discutía, a propósito de una de tantas declaraciones del presidente López Obrador, si la política era o no (o en todo caso si debía ser) una cuestión técnica. La ciencia política contemporánea se ha convertido (y lo digo no sin cierto pesar) en una disciplina más bien técnica en lo metodológico reduciendo lo político a un aparente diálogo de expertos con información, gráficas y presentaciones de PowerPoint. Inclusive, varias escuelas de élite, en México y en el mundo han dedicado planes de estudio, becas, plazas académicas y publicaciones a construir esa idea sobre la ciencia política y sobre el quehacer político.

Doctor en Ciencia Política por la UNAM y maestro en Ciencias Sociales por FLACSO, Rogelio Hernández se pregunta cuál ha sido la formación de la clase gobernante en las últimas décadas, tanto universitaria como política. La formación política no proviene sólo de cursos universitarios —mucho menos de alta dirección de empresas, por cierto— sino de su combinación con experiencia en campo, en la toma de decisiones, negociación y conflicto.

Luego de la transición democrática, la experiencia gubernamental de quienes tomaron las riendas del país era, obviamente, escasa. Pero su formación era más bien precaria: empresarios, menos que gobernantes. Y los resultados están allí. Continuamos viviendo esa falta de formación y de experiencia con la élite actual. Y los resultados están, también, allí.

En el libro encontramos muchas más claves de las que resalto. Y tiene la virtud de ser legible, más allá de las especialistas. Tendría que despertar mucha más atención.

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