Educación alternativa, ¿acierto o error?

¿Para qué educamos, si no para contribuir a comprender el mundo y a mejorarlo?
Mientras en México, la SEP se enfrenta en desconcertante guerra intestina, en Noruega, la pedagoga Inger Enkvist sostiene que la “Nueva Pedagogía (NP) es un error que comenzó a implantarse en Suecia en los años ’60 y luego se extendió por Occidente”.
Según ella, “este enfoque -que prioriza la iniciativa del alumno, el trabajo en equipo, los proyectos y el uso de tecnología- reduce la exigencia académica, la importancia de las disciplinas y los exámenes; diluye el esfuerzo intelectual, prioriza lo social sobre el conocimiento y termina perjudicando, tanto a alumnos más capaces, pues no desarrollan todo su potencial, como a aquellos con menor motivación, que necesitan estructura, disciplina y autoridad para avanzar”.
Enkvist acierta en ciertos señalamientos, pero se confunde en otros. El problema con su declaración es que puede servir a intereses muy reaccionarios, que hoy van ganando terreno.
Según he señalado, la NP no surgió en los ‘60, sino se fue germinando desde el siglo XVII, con pensadores como J.A. Comenio, quienes llamaban desesperadamente a los gobiernos europeos a detener las guerras, que impactan sobre todo a la niñez, y también para denunciar la enseñanza adulto-céntrica, autoritaria, adoctrinadora, domesticadora y castrante.
Aunque suela decirse que “la infancia es una etapa maravillosa”, importa reconocer que, en toda la historia, muchas niñas y niños, desde temprana edad, son tratados con gran crueldad, como objetos útiles o estorbosos; sufriendo, tiranía, abandono, pederastia, explotación laboral en condiciones insalubres y sin ningún derecho.
En el siglo XVIII, la NP se impulsó por muchos otros pensadores como J.J. Rousseau, hasta florecer de modo importante entre el sigo XIX y las dos guerras mundiales del XX, con la “Revolución Copernicana de la Educación” que, en efecto, puso a la niñez en el centro. Con este movimiento nacieron disciplinas especializadas en la infancia: paidología, pedagogía, psicología y epistemología genéticas y otras que evidencian, cómo las-los niños no nacen adultos, ni vale tratarlos como tales; tampoco son objetos pasivos, sino seres pensantes, que se preguntan sobre el mundo y desean participar activamente en él. Luego, en 1959, se aprobó la Declaración de los Derechos del Niño.
Lo que no cuenta Enkvist es que la NP no es una propuesta monolítica, pues ha crecido entre múltiples debates (algunos feroces como los de Arriaga y Delgado), y desde muy diversas perspectivas: populares, elitistas; religiosas, racionalistas, libertarias, individualistas, comunitarias, etc.
Como ejemplo de NP suele citarse a la escuela elitista Summerhill de A.S. Neil, donde cada estudiante decide si toma clases o no, y no hay calificaciones. Neil se justifica afirmando que “no importa si de su escuela egresan analfabetas; importa que sean felices”. ¡Claro que esto daña a quienes carecen de oportunidades de desarrollo cultural fuera de la escuela!
Solo que Enkvist comete un error al guardar en el mismo costal de NP a iniciativas alternativas muy distintas, ignorando aquellas, que han sido fundamentales para la emancipación de las clases populares, como la Escuela de Barbiana de Lorenzo Milani en Italia o las que siguen a Celestin Freinet en su Federación Internacional de Movimientos de la Escuela Moderna.
Ambas cuestionan, no sólo a la educación autoritaria, sino también a esa NP que confunde libertad con permisividad, sin atender la disciplina y el rigor que requieren las ciencias. Cuestionan también a esas “escuelas activas” que privilegian las manualidades, sobre la actividad pensante.
Seguidores de Milani y Freinet impulsan proyectos cooperativos, que implican desafíos significativos y exigentes; organizan asambleas, en las que chicas y chicos proponen, se evalúan mutuamente y también someten sus producciones a la dura crítica oficial y de la comunidad.
Enkvist (y también Arriaga) cayó además en un falso dilema al considerar excluyentes: la enseñanza por proyectos/ y por disciplinas; o la que escucha a la niñez y a la realidad social/y la que exige compromiso y responsabilidad intelectual.
Hay mucho que aprender y discutir sobre las educaciones alternativas.


