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¿A la FIFA le interesan la democracia y los derechos humanos?

Finalmente rodó el balón en el estadio Al Bayt, pero el futbol no es aún el tema principal en Qatar sino los derechos humanos, la corrupción y la continuación del desencuentro histórico entre Occidente y el mundo árabe.

Sirva como ejemplo de esto la imagen del actor Morgan Freeman: en el Mundial de 2010 en Sudáfrica representó a Nelson Mandela, ícono de la lucha contra el racismo; 12 años después le lava la cara a Qatar, que es señalado por su intolerancia a la comunidad LGBT, negación de derechos a las mujeres, entre otras cosas que, aunque argumentan son parte de la cultura árabe, van en contra de la universalidad de los Derechos Humanos.

Qatar no es el origen, sino la consecuencia de las prácticas de la FIFA. Fue designado país sede en diciembre de 2010, siendo Joseph Blatter presidente de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y desde el primer momento fue cuestionada como sede, primero por la infraestructura, la cual el país se comprometió a hacer; por el clima, por lo que el Mundial se retrasó seis meses, pasando de fines del verano a finales de otoño boreal.

La FIFA como empresa de entretenimiento

Joseph Blatter junto con Joao Havelange transformaron a la FIFA en una exitosa empresa capitalista de entretenimiento dejando atrás la visión romántica de Jules Rimet —cuyo nombre le fue impuesto a la copa que se entregó a los ganadores de los primeros campeonatos.

La dupla Havelange-Blatter llevó a la FIFA a asociarse con las grandes corporaciones de bebidas, ropa deportiva y comida. Con las carretadas de dinero, surgieron las tentaciones de la corrupción, que incluso, llevaron a la caída de Blatter en 2015 en medio de un gran escándalo donde él y otros miembros de la FIFA y federaciones asociadas fueron acusados por los delitos de lavado de dinero, fraude y cohecho por el tema de los patrocinios y derechos de las transmisiones de los partidos de futbol.

¿Y la democracia?

¿A la FIFA le interesa la defensa de la democracia y los Derechos Humanos? Antes de Qatar y el FifaGate, ya había otorgado la sede del Mundial a países no democráticos y sin respeto por los Derechos Humanos. Hago un breve repaso:

Italia 1934. El país mediterráneo vivía bajo la dictadura fascista de Benito Mussolini, quien usaba el deporte como arma propagandística, incluyendo imágenes de los jugadores haciendo el saludo fascista.

México 1970. Nuestro país había sido seleccionado como sede para los Juegos Olímpicos y Mundial consecutivamente. En 1968, diez días antes se dieron los hechos de la matanza de estudiantes en Tlatelolco. Eso no impidió que se realizarán los juegos ni la FIFA puso en duda realizar el Mundial en nuestro país. Al mismo tiempo, iniciaría la época negra de la guerra sucia del régimen contra opositores.

Argentina 78. El país sudamericano vivía bajo la dictadura militar con Videla al frente. Pese a los repetidos señalamientos de desaparición de los opositores al régimen, la FIFA no le quitó la sede. La mayor protesta simbólica vino del capitán de la selección holandesa Johan Cruyff quien no asistió a la justa deportiva en protesta. Su selección perdió la final contra los locales, mientras a cientos de metros del estadio estaba ubicado el lugar donde torturaban a críticos del régimen.

Rusia 2018. Entonces el líder ruso Vladimir Putin tenía buenas relaciones con Occidente y se le concede la sede pese a que en su país no se respetan los derechos de la comunidad LGBT. 

Así, con este breve repaso, vemos que para la FIFA no le importa dar su sede mundialista a países con dictaduras. Lo importante para la FIFA es el negocio y para el país sede, la imagen pública que proyectan ante el orbe.

El mundo árabe como gran mercado para la FIFA

En los últimos 30 años, la FIFA se ha abierto a nuevos mercados, rompiendo así la exclusividad de América y Europa que dominó el siglo XX. Ya en las primeras dos décadas del XXI Asia y África habían tenido su mundial, pero faltaba un enclave económico y cultural: el mundo árabe. Qatar llevaba ya varios intentos para ser sede y finalmente lo consiguió antes de la caída de Blatter. Pese a los señalamientos en contra, no se le quitó la sede pues ya hemos visto que ser un garante de los Derechos Humanos no es algo que sea la función de la FIFA.

La sede del Mundial fue el gran premio a los petrodólares de Qatar, pero ya poco a poco se habían insertado en el mercado del futbol global patrocinando a través de Qatar Airways a equipos como el Real Madrid, Barcelona, Paris Saint Germain, Bayer Munchen, entre otros. Empresas de Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita también participan activamente en el mercado del futbol.

Por eso, no es de extrañar que la FIFA devuelva a la zona el favor dándoles un Mundial pese a todos los señalamientos y que incluso el presidente de la FIFA Gianni Infantino lo defienda diciendo que hoy se siente catarí y gay, entre otras cosas, lo cual, es imposible de garantizar de acuerdo con las leyes del país árabe.

En fin, el balón ha rodado y la FIFA sigue siendo una máquina de dinero y, por lo pronto, nos ofreció un partido molero soporífero y a un Morgan Freeman interpretando su rol de dios de documental en tierras de Alá.

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