Corcholatour Querétaro: Adán Augusto, bajo la sombra del gran hermano AMLO

Más tardó el jardín Guerrero en llenarse que en vaciarse. Fueron 30 minutos en los que el hermano de “ya saben quién” habló a las masas queretanas, esas que tardaron en llegar cerca de dos horas y unos 20 minutos en disiparse. Adán Augusto López Hernández, alguna vez poderoso secretario de Gobernación, llegó a su cita con sus simpatizantes.
El ambiente lo puso la banda Clave Azul (¡Ups!) con canciones variadas del regional mexicano. Tuvimos un homenaje a Mi Banda El Mexicano (¡Feliz, feliz!), pasamos por grupo Firme (En tu perraaaa vidaaa…) y también Peso Pluma (Compa, ¿qué le parece esa morra) para quienes gustan de las últimas tendencias.
Mientras bailabas en tu propio sitio y esperabas a Adán Augusto, observas el entorno. No es un mitin, es una asamblea informativa para definir el futuro de la Cuarta Transformación. Los músicos estaban en el escenario del festival Querétaro Experimental, organizado por la capital, sólo que las lonas del acto cubrían el fin original del podio.
A las 7:03 de la noche se anuncia que Adán Augusto viene a 10 minutos. Hay que elevar el ánimo y llenar el tiempo, porque tardó otros casi 20 minutos en llegar y tomar la palabra. En el ínter, se presentó a parte del equipo que hace posible el evento. Los cuestionables entre ellos, como Ulises Gómez de la Rosa, exdirigente de Redes Sociales Progresistas, se sube con todo el equipo.
Otros, como Lupe García Ramírez, exregidor y exdiputado federal del PAN, se quedan tras bambalinas. Van por su tortita de chorizo y su Sidral Mundet a un localito escondido en el lado este del jardín Guerrero.
La tan anunciada presentación seguía. “Adán Augusto ya ha sido de todo”, decían, mientras repasaban su curriculum y paso por poderes legislativos y ejecutivos de Tabasco y federal. Destacan que es el hermano del presidente Andrés Manuel López Obrador, no de sangre, sino porque llevan años de lucha desde que el movimiento era en el sur del país.
En un momento lo presentan como el hermano de todos. Fue un momento bíblico, como la llegada de San Pablo para esparcir la palabra del hermano mayor, el presidente de México.
“Al Hijo, en cambio, se le dice: Tu trono, oh, Dios, permanece por siglos y siglos, y tu gobierno es gobierno de justicia”, dice la primera carta a los Hebreos. Ha llegado el mensajero del reino de la cuarta transformación.
Cambia el protocolo, en lugar de subir del lado del palacio Municipal, se acerca por el lado opuesto. Comienzan las porras, los gritos. Para este punto, el reparto de banderines ya había terminado, objetos que había que armar, pues primero recibías el asta y luego la tela.
Adán Augusto se disculpa por su tardanza. Baja y saluda a sus simpatizantes, se toma fotos. El discurso fue breve. El aumento a la pensión del Bienestar, el rechazo a Televisa, su visita al Congreso de Querétaro y el reto de posicionarse cuando no era una persona muy conocida.
Sin embargo, lo que llama la atención es el tema del agua, pues según sus palabras, el Acueducto III fue una iniciativa de AMLO.
“Por eso hoy, aquí en Querétaro, ya se vislumbra una crisis por la falta de agua potable y ¿qué estamos haciendo? El presidente de la República nos instruyó para realizar un proyecto para que haya agua potable suficiente para los queretanos y ya se está trabajando. La Comisión Nacional del Agua y el gobierno del estado, en el tiempo que me tocó a mí estar de secretario de Gobernación, el presidente me encargó que coordináramos eso”.
En su rueda de prensa, la mañana siguiente, aclararía que el proyecto fue llevado a la federación por el gobierno del estado, pero sin reconocer que por un momento pareció que el gobierno federal se apropió del proyecto que busca traer agua de la presa de Zimapán.
El discurso termina con una serie de vivas a México y Querétaro. El exsecretario toma otras fotografías con sus simpatizantes y camina hacia el lado norte de la plaza. Unos pocos lo seguían, otros —la mayoría— comienza a disiparse entre las calles del Centro Histórico.
“Ya se va la Cuarta Transformación”, gritaba un simpatizante. Adán Augusto se sube a su Suburban y parte de la plaza. “Ya se fue la Cuarta Transformación, se queda la quinta”, ríe el mismo simpatizante. Con la camioneta un poco más lejos dice de nuevo (¿broma o seriedad?). “Ya, ahora sí, es Claudia”.



