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El neoliberalismo terminó con los ejidos

“Se reestructura el artículo 27, ahora el campesino es dueño de la tierra, y, si quiere, pueden vender esta como propiedad privada”, enfatiza el académico.

Con las reformas de Carlos Salinas de Gortari al artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la reforma agraria –bandera del gobierno de Lázaro Cárdenas- quedaron olvidadas, pues le quitaron al ejido la personalidad para la cual fue creada, sostuvo el historiador y profesor del plantel Amazcala de la Escuela de Bachilleres de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Morel Luna Morales.

“A partir de las reformas realizadas por Carlos Salinas de Gortari, se reestructura el artículo 27: ahora el campesino es dueño de la tierra, y, si quiere, pueden vender esta como propiedad privada. Hay que recordar que el ejido antes era comunal”, recordó, en referencia a las reformas implementadas por el expresidente a principios de los años 90. “El campesino debía trabajar la tierra, pero además resguardarlas; incluyendo todos los recursos naturales que abarque el ejido. Aún permanecen los cuerpos agrarios; sin embargo, el neoliberalismo se ha ido adueñando poco a poco de las tierras”, destacó Luna Morales.

En el camino a estas ventas de campesinos a particulares hubo sangre derramada y persecución de los gobiernos para despojar a los trabajadores de su tierra. Morel Luna Morales aseguró que continúan estrategias como la persecución y asesinatos a líderes sociales y figuras relevantes; sin embargo, existen otras menos extremas, como las reformas y la compra de las tierras.

La persecución y el asesinato a integrantes de grupos y movimientos sociales y políticos es una constante que se ha dado en la historia mexicana del siglo XIX y XX, llegando hasta la actualidad. El historiador manifestó que este tipo de estrategias son “llevadas a cabo por gobiernos que buscan desestructurar o dejar en vulnerabilidad a todo un movimiento organizado mediante el ataque al líder, pues este es una figura moral, organizadora, simbólica y, a veces, con una visión jurídica. Además, el asesinato de los cabecillas pone en conflictos internos a la organización para ver quién ocupará el mando”.

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