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El reto, ser generadores, no acumuladores de conocimiento: Álvaro Arreola

No sean acumuladores de conocimientos; generen conocimientos. Así de sencillo, pero de difícil. Porque el primer problema es el maestro si no está preparado para eso; sino, vas a estar adormilado y pensando lo que pensaron las generaciones anteriores

Álvaro Arreola Valdez, presidente del Comité de Huelga de la entonces Universidad de Querétaro en 1958, indicó que el reto actual de la máxima casa de estudios es la formación de un pensamiento propio y la generación de conocimiento por parte de los estudiantes y docentes, superar la división interna de la institución y buscar un beneficio común en el interior y exterior de la misma; esto al ser entrevistado por Tribuna de Querétaro con motivo del 60 aniversario de la Autonomía de la institución.

También licenciado en Derecho, director durante 10 años de la antes Escuela Preparatoria de la UAQ, director de Educación en la Secretaría de Educación estatal y casi Rector de la Universidad en 1971, Arreola expresó sus consideraciones respecto al panorama actual de la Federación de Estudiantes Universitarios de Querétaro (FEUQ), el estado académico de la Universidad y sus retos, así como la perspectiva del movimiento estudiantil de 1958 y una remembranza de la organización entre estudiantes, sociedad y las “fuerzas vivas” del Querétaro de esa época.

La conquista de la autonomía de la hoy Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) posibilitó primero la autoorganización de la misma, después se amplió a definir el contenido de los programas educativos y la libertad de cátedra e investigación. Eso se orientó a incrementar la calidad, fortalecer la organización, la transparencia y rendición de cuentas de la educación en lo científico, la investigación y la extensión.

El libro Historia de la Universidad Autónoma de Querétaro, de Gabriel Rincón Frías, señala que hubo al menos cuatro razones que detonaron el movimiento de 1958: la mala relación del entonces gobernador, Juan C. Gorráez Maldonado, con el Rector Fernando Díaz Ramírez; la mala organización de los programas educativos; que los estudiantes exigían que Díaz Ramírez continuara al frente de Rectoría y la imposición de José Alcocer Pozo como rector por parte del gobernador.

 

¿En qué considera que la Universidad debe reforzarse?

—Yo creo que uno de los papeles principales de la Universidad es hacer pensar a los jóvenes de la problemática que vive el país y de ahí saldrán algunas propuestas. Para eso estudian. Porque si van a estudiar para abrir un despacho, para ser un doctor del Seguro Social, claro que es una carrera, pero como que se limitan. Se vuelven parte de la cadena, pero eso no es culpa del joven, es culpa de la Universidad, de sus maestros. ¿Quién es el mejor alumno? El que critica lo que dice el autor y dice “está bien, está mal, yo propondría esto”. Porque si no lo enseñas a generar conocimiento va a seguir siendo un burócrata. ¿Y qué pasa? El estado se estanca también. De ahí salen, teóricamente, los cerebros y, si los cerebros salen condicionados a no esforzarse, el país la lleva.

¿La búsqueda de obtener un presupuesto justo es lo que nos toca a nosotros?

—Sí, definitivo. La lucha por la Universidad ha sido, desde mi actuación y perspectiva del poco tiempo que he observado el pasado a través de los libros, es que está fraccionada. Los alumnos por un lado, los maestros por otro lado, los administrativos por otro, los trabajadores por otro.

Actualmente, se ha visto que la FEUQ ha pasado a ser un trampolín político para muchos estudiantes. ¿Usted qué opinión tiene al respecto?

—No he investigado a qué se debe, qué conducta han seguido los de las federaciones, porque no es nada más de esa, sino también de algunas pasadas. Lo que le interesa al muchacho, y creo que es producto del desarrollo vertiginoso de la sociedad, es recibirse y buscar trabajo. Se encuentran en un conflicto tremendo. Nosotros podíamos irnos al despacho del maestro, al juzgado penal, al tribunal, al PRI; había muchas oportunidades.

No hay un programa definido con alcances en beneficio de la Universidad para que sea en beneficio del estudiantado, y de los maestros no se ocupan más que en críticas. Es decir, está fraccionada la Universidad, y eso atenta en contra de su desarrollo.

Volviendo a los días en que se hizo la huelga y se pusieron las banderas rojinegras en las entradas, ¿Qué atmósfera se vivía al interior de la Universidad entre los estudiantes?

—En principio, algunas gentes, en todos lados hay un timorato, decían: “Vamos a esperarnos. Es poca gente la que asistimos. Nos van a derrotar y quién sabe qué”. Y había gente que empujábamos y decíamos: “No, ¿sabes qué? pasa esto y esto. La historia es esta: todos los movimientos universitarios, cuando son limpios como este, triunfan. El día que se mezcle algún partido político con un muchacho, una muchacha, un trabajador o docente, estamos perdidos: habrá que luchar al interior y al exterior. Pero por el momento vamos a cuidarnos de eso”. Así fue el movimiento: eminente y exclusivamente universitario. Nosotros inclusive pedimos lo que se llamaba en aquél entonces “fuerzas vivas” —como si hubiera fuerzas muertas [risas]— que eran los empresarios, comerciantes, agricultores, asociaciones. Entonces, todo eso colaboró.

¿No se ganó algún descontento de la sociedad por el bloqueo de calles?

—No, porque les avisamos. Fuimos personalmente a la cámara de comercio, a las industriales, a los hoteleros, a los camiones, y les dijimos “va a pasar esto. Aguántenos 24 horas”; “Sí, como no”; “Bueno, pero, nos ayudan también a bloquear las calles” [risas]. Y aceptaron. Desde el primer encuentro que tuvimos dijimos: “No se va a quebrar ningún vidrio, no le vamos a decir a nadie ‘pendejo’ ni vamos a atacar al gobernador ni a los diputados ni al Congreso. Todo va a ser alabanzas, ninguna agresividad; ni de palabra u obra”, y así fue. Entonces con esto, toda la sociedad, los empresarios, nos apoyaron.

Para finalizar, ¿Qué mensaje, además de los ya dicho, le dedicaría a los estudiantes del hoy en la UAQ?

No sean acumuladores de conocimientos; generen conocimientos. Así de sencillo, pero de difícil. Porque el primer problema es el maestro si no está preparado para eso; sino, vas a estar adormilado y pensando lo que pensaron las generaciones anteriores. Puedes hasta calificarte como un traidor al país, por manso, por improductivo. Todos hacemos política, aunque digas que no. La quietud mental no existe ni en el campesino y para nosotros es una responsabilidad. El Estado, la sociedad gastó mucho en nuestra preparación. Tenemos que devolverle al Estado lo que recibimos de él, no sólo a la “sociedad”.

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