Articulistas

Venezuela el nuevo golpe “blando” norteamericano

Se trata de desprestigiar a un gobierno que no se somete a los dictados y a los intereses de Estados Unidos. Los instrumentos usados son medios de comunicación norteamericanos (como CNN), internacionales y, si es posible, del mismo país agredido. Eso lo hemos visto desde Ecuador hasta Libia y desde Brasil hasta Irak.

La semana pasada, en este mismo medio, nuestro compañero Kevyn Simon Delgado hizo una reseña de los múltiples golpes de estado que se han dado en Venezuela en los últimos tres siglos, contabiliza trece sin incluir el que actualmente se desarrolla.

En los trece casos se trató de asonadas militares, los golpes “clásicos” en América Latina en los siglos XIX y XX. Sin embargo, el golpe actual es “blando” porque se deja la opción militar como último recurso. Los golpes de estado en Honduras en 2009 y en Brasil en 2016 fueron de este tipo.

La desestabilización norteamericana de gobiernos latinoamericanos ha iniciado siempre con una ofensiva mediática en la que se oculta parte de la realidad (por ejemplo las manifestaciones de apoyo al gobierno de Maduro en Venezuela) mientras se resalta otra (por ejemplo las manifestaciones en contra de Maduro). Se trata de desprestigiar a un gobierno que no se somete a los dictados y a los intereses de Estados Unidos. Los instrumentos usados son medios de comunicación norteamericanos (como CNN), internacionales y, si es posible, del mismo país agredido. Eso lo hemos visto desde Ecuador hasta Libia y desde Brasil hasta Irak (con la famosa campaña de las armas de destrucción masiva, que nunca existieron).

Una segunda fase es la desestabilización económica, que puede acompañar a la primera. El ejemplo más clamoroso es el embargo norteamericano a Cuba, el que está por llegar a los 60 años. Lo vimos en la “guerra del cobre” contra el gobierno de Salvador Allende en Chile y lo vemos actualmente con el embargo al gobierno de Venezuela, por parte de los Estados Unidos.

Apenas el 28 de enero pasado, el gobierno norteamericano, violando todas las reglas de la convivencia entre Estados y violando sus propias reglas económicas bloqueó siete mil millones de dólares en activos de la compañía petrolera Petróleos de Venezuela (PDVSA). Del mismo tipo es la negativa del gobierno del Reino Unido de devolver a sus legítimos dueños 14 toneladas de oro que reclama el gobierno venezolano y que están valoradas en unos 550 millones de dólares. Cual piratas modernos tanto los norteamericanos como los ingleses, violan principios básicos del capitalismo desde los centros del poder capitalista en el mundo. Parece que nada ha cambiado desde las agresiones económicas del gobierno francés al gobierno mexicano que condujo a una invasión de Francia a nuestro país entre 1862 y 1867.

Las agresiones económicas incluyen paros, como el de los camioneros y patrones en Chile en octubre de 1972 con el fin de derrocar a Salvador Allende o la huelga en PDVSA en contra del gobierno de Hugo Chávez. La guerra económica de “baja” intensidad se acompaña con acaparamiento de mercancías para generar desabasto y malestar en la población. Algo que acabamos de ver en nuestro país cuando algunos sectores de derecha quisieron aprovechar el reciente desabasto de gasolina, en algunos estados de la república, para atacar al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Si las guerras mediática y económica no producen los resultados deseados por Estados Unidos se activa la violencia interna, las famosas “guarimbas” en el caso de Venezuela. El accionar de grupos paramilitares como los que actuaron en varios países de Suramérica el siglo pasado. Se trata de manifestaciones violentas en las que se provoca y hostiga a las fuerzas del orden, en el mejor de los casos, en el peor se acompaña con el uso de armas de fuego. Desatar la violencia en las calles le sirve mucho a la guerra mediática, se exhibe la violencia de un lado y se oculta la de los adversarios en manera tal de victimizar a los aliados de Estados Unidos.

La cúspide de un golpe “blando” es la defenestración de un gobierno por medio del poder judicial, como fue el caso de Dilma Rousseff en Brasil o por medio de un Congreso como fue el caso de Honduras y como sucede actualmente en Venezuela en el que un diputado se autoproclama presidente “encargado” (cargo inexistente en la constitución de ese país) invocando un artículo constitucional que no es aplicable. Esta imposición va acompañada por un reconocimiento casi inmediato del nuevo gobierno aliado, por parte de los Estados Unidos y de sus cómplices, con el fin de tratar de restar legitimidad al gobierno que se quiere defenestrar.

En este caso fue tan rápido, que Juan Guaidó se autoproclamó presidente el 23 de enero y ese mismo día fue reconocido por el gobierno de Donald Trump. Reconocimiento al que se sumaron, casi inmediatamente, los principales lacayos actuales de los norteamericanos, como son los presidentes de Brasil y Colombia y el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA).

A partir de ese momento, los golpistas han sumado más apoyos. El más importante el del Parlamento Europeo (con 439 votos a favor, 104 en contra y 88 abstenciones).

Hasta el momento no es posible saber si cristalizará este golpe blando o si los Estados Unidos tendrán que actuar además un golpe militar, si provocarán una guerra civil, si intentarán una invasión de sus aliados (como ya lo hicieron con Irán al usar a Irak en su contra) o si habrá necesidad de que ellos mismos invadan, como lo han hecho en Afganistán y en Irak.

anbapu05@yahoo.com.mx

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba