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Exilio, regreso y extinción del PRI queretano

“No necesito recordar cómo estorbaron los caudillos”, sentenció Plutarco Elías Calles en su último informe de gobierno y sostuvo la necesidad de transitar del caudillismo a un régimen que calificó como “de instituciones y leyes”. Sus palabras parecían profecía de lo que esperaba al país el resto del siglo XX.

El 4 de marzo de 1929, de la mano de diversos caudillos, creó el Partido Nacional Revolucionario (PNR) en el Teatro de la República en Querétaro, cuna de la Constitución de 1917. El paso de los años lo transformó en un partido hegemónico y de una cultura cuyo arraigo no ha podido irse de la sociedad mexicana. El después Partido Revolucionario Institucional (PRI) definió la forma de hacer política.

Sin embargo, la corrupción, el fracaso en abatir la pobreza y los vicios políticos contribuyeron a un desgaste que lo posicionó casi al borde de la extinción. En Querétaro no fue la excepción, pues pasó a ser la tercera fuerza política del estado en las últimas elecciones.

1997: La alternancia llegó a Querétaro

El priismo sufrió su primera gran derrota nacional en 1997, cuando perdió la mayoría en la Cámara de Diputados, durante las elecciones intermedias. También fue el primer gran tropiezo del tricolor en la entidad, pues si bien ya había perdido San Juan del Río en 1991, aquel año perdió la capital y la gubernatura.

En Querétaro, tras 15 gobernadores priistas, Enrique Burgos García pasó a la historia como el último gobernador del PRI antes de la alternancia. Burgos prometió poner fin a “los feudos burocráticos” y los funcionarios mentirosos y abusivos.

Aquello no bastó para 1997: Ignacio Loyola Vera derrotó a Fernando Ortiz Arana, quien en 1994 pudo ser candidato a la presidencia de la República, tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio. Así el PAN se hizo con el control de la cuna del PRI, tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, ya que incluso el blanquiazul ganó una mayoría de 13 diputados (El Nuevo Amanecer, 370).

2009: Regreso del exilio

Tras el desgaste y desencanto con los gobiernos emanados del PAN, en 2009 José Calzada Rovirosa se asomaba como uno de los primeros representantes del denominado “nuevo PRI”. El hijo del exgobernador Antonio Calzada Urquiza ganó la gubernatura con cerca del 50 por ciento de los votos.

En su toma de posesión, Calzada prometió investigar las finanzas del gobernador saliente, Francisco Garrido, y posicionó en su gabinete a figuras como Manuel Pozo Cabrera, quien perdió la contienda por la presidencia municipal capitalina en 2015 y la diputación federal este 2018. También incluyó a Juan José Ruiz Rodríguez, actual líder local del PRI, cuya gestión ha sido muy criticada debido a su cercanía con el exmandatario.

Para 2012, cuando el actual presidente de la República, Enrique Peña Nieto, luchaba por regresarle el poder el PRI, el Instituto Federal Electoral (IFE) llamó la atención a Calzada por el Tren México-Querétaro a causa de que lo anunció en pleno proceso electoral (Tribuna de Querétaro, 619). Años después, este proyecto se canceló después de que se destapó un conflicto de interés relacionado con la “casa blanca” del Ejecutivo federal.

La elección de 2012 también significó el regreso del partido tricolor a la presidencia municipal de Querétaro, esa que había perdido desde 1997. Los tres años de Roberto Loyola Vera, anteriormente secretario de Gobierno estatal, fueron el breve regreso de este partido al Centro Cívico, pues en las elecciones de 2015 y 2018 no pudo encabezar el gobierno.

Poco a poco el gobierno calzadista se desgastó. De nada sirvió que se promoviera como el “gobernador mejor calificado” del país. El clima de violencia que sacudía a la nación pasó factura a Querétaro, donde las respuestas no llegaban para los familiares de los desaparecidos que gritaban “estamos hasta la madre” (Tribuna de Querétaro, 620).

Además, la intolerancia priista ante la más mínima crítica se evidenció con la expulsión de Alicia Colchado Ariza, comisionada estatal del Partido del Trabajo (PT), del auditorio Josefa Ortiz de Domínguez, por gritar consignas durante el tercer informe del gobernador. El clima de polarización ante el regreso del PRI a la presidencia provocó protestas afuera del recinto (Tribuna de Querétaro, 628).

Por otra parte, este semanario evidenciaba el regreso de las viejas prácticas con la contratación de “promotores del voto” por parte del PRI, a pesar de ir contra la ley. Con el manual Día de la Victoria 2012, los priistas establecieron actividades durante todo el primero de julio, además ejercieron un uso ilegal de la Lista Nominal de Electores.

En Querétaro, la implementación del sistema de transporte colectivo RedQ creó caos vial en 2013 y provocó un rechazo generalizado. Hubo paros de transportistas que se negaban a aceptar el pago con tarjeta electrónica, pero también protestas de ciudadanos ante la falta de rutas en sus colonias tras la “reasignación” realizada por el gobierno de Calzada (Tribuna de Querétaro, 674).

Por otra parte, en el marco de la guerra contra el narcotráfico continuada por Peña Nieto, en octubre de 2014 fue detenido Héctor Beltrán Leyva, líder del cártel que llevaba su nombre, en San Miguel de Allende, Guanajuato. Según la Procuraduría General de la República (PGR), el capo de la droga se hacía pasar como comerciante de bienes inmuebles y obras de arte; operaba, principalmente, en el estado de Querétaro. Sin embargo, el tema de la seguridad nunca fue del agrado de la administración priista.

2015: Estrepitosa derrota

La popularidad del presidente Peña Nieto iba en picada. El Pacto Por México y las consecuencias de las llamadas “reformas estructurales” -como los gasolinazos o la evaluación docente- además de los escándalos de corrupción y la creciente violencia, fracturaron la estabilidad del partido a nivel nacional.

Poco a poco, el decreciente prestigio del PRI y la esperanza de que se redimiera y resolviera los problemas del país se disipó. Para 2015, el partido tricolor perdió la gubernatura ante el panista Francisco Domínguez Servién: La capital regresó al blanquiazul, junto a un gran número de municipios; alcanzó una mayoría simple en el Congreso del Estado, con 13 de 25 diputados. Finalmente, Calzada decidió escalar a la administración federal y dejar a Jorge López Portillo Tostado como sustituto.

Éste a su vez protagonizó el escándalo del “putarraco”, cuando aún era secretario de Gobierno. López Portillo admitió que sí era su voz la de las grabaciones de audio que salieron a la luz pública en 2014, donde pedía “romperle la madre” a un conductor de radio, al que calificó como de esta despectiva manera, por hablar de la inseguridad en el estado.

Finalmente, los escándalos de corrupción del sexenio también alcanzaron a Calzada Rovirosa: En abril de este año, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) presentó una investigación en la que se asegura que se desviaron 2 mil 500 millones de pesos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), durante la titularidad del exgobernador.

Así, Calzada Rovirosa se sumó a la lista de exfuncionarios priistas envueltos en casos de corrupción y desvío de dinero. Junto a él, Javier Duarte, exgobernador de Veracruz; César Duarte, de Chihuahua; Rosario Robles -expresidenta del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y exjefa de Gobierno de la Ciudad de México-, Alberto Borge, de Quinta Roo; Rodrigo Medina, de Nuevo León; Andrés Granier, de Tabasco; Juan Sabines, de Chiapas; Jesús Reyna, de Michoacán; Rubén Moreira, de Coahuila; Egidio Torres, de Tamaulipas; entre otros, terminaron sepultando la poca credibilidad que le quedaba al partido tricolor.

2018: La perdición

Las pasadas elecciones fueron catastróficas para el priismo queretano, que pasó a ser la tercera fuerza política de la entidad. Apenas ganó dos de 15 diputaciones de mayoría relativa y tres presidencias municipales. Morena lo rebasó por la izquierda. Juan José Ruiz Rodríguez, su dirigente estatal, lejos de aceptar la derrotar, permanecerá al frente del partido, con todo y las críticas a su persona. Inclusive, a la par de dirigir al tricolor, será regidor en el Ayuntamiento de Querétaro.

A nivel nacional, el PRI no logró ganar ni una gubernatura en disputa, perdieron el control de todos los congresos locales. Se quedaron con apenas 13 escaños en el Senado de la República y 45 curules en la Cámara de Diputados, números nunca antes vividos del que alguna vez fue el protagonista casi único de la política mexicana.

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