La lucha y el exilio: Historias a 50 años del Golpe de Estado a Allende

Desde el Palacio de la Moneda en Santiago de Chile, Salvador Allende comunicó a través de Radio Corporación que la marinería había aislado Valparaíso, una región céntrica del país sudamericano. Esa misma mañana del 11 de septiembre de 1973, el primer presidente socialista elegido por voto popular a nivel mundial expresó su decisión de no abandonar La Moneda, a donde había llegado a las 7:30 de la mañana según registros de la época. Horas después, esta sede sería bombardeada por el Ejército chileno, liderado por Augusto Pinochet.
Una hora después de la llegada de Allende a La Moneda, los militares exigieron su renuncia bajo la consigna de ‘liberar’ al país de los ideales marxistas. Sin embargo, el presidente no cedió, reafirmando su determinación de enfrentar las amenazas armamentistas, incluso si eso significaba perder la vida.
En sus últimas declaraciones, Allende se describió sereno y tranquilo a pesar del sobrevuelo de aviones militares sobre el Palacio. Cerca de las 9 de la mañana, pronunció su último discurso a través de Radio Magallanes, la última emisora afín al gobierno de Allende que transmitía en vivo.

“Mis palabras no llevan amargura, sino decepción, y serán un castigo moral para aquellos que han traicionado el juramento que hicieron (…). Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo (…). Trabajadores de mi patria, quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que solo fue el intérprete de grandes anhelos de justicia. (…) Viva Chile. Viva el pueblo. Vivan los trabajadores”. A las 13:00 horas, el cuerpo de Allende sería encontrado sin vida, a causa de un supuesto suicidio, lo cual se confirmó recién en 2012 mediante una autopsia.
A partir de ese momento, y durante casi 17 años, el nuevo régimen militar de Pinochet marcaría una era de represión y censura, caracterizada por políticas autoritarias y el asesinato y la desaparición de miles de chilenos.
Durante ese período, algunas personas decidieron quedarse y resistir, mientras que otras fueron exiliadas, pero no se dieron por vencidas. Estas son sus historias.
Escribir hasta que la tinta se agote

El 11 de septiembre de 1973, David Miralles Ovando seguía la transmisión en la radio sobre el golpe de Estado que las fuerzas armadas de Pinochet realizaban contra el gobierno de Salvador Allende.
Aunque su familia solía discutir sobre política, con su madre de izquierda y su padre de derecha, nunca se llegaba a un punto de confrontación aún en esse contexto. No obstante, David, como muchos jóvenes de 16 años, no tenía mucho interés en la política, pero le apasionaba la escritura. Desde temprana edad, David mostró talento para crear cuentos.
Durante la primaria, uno de sus trabajos fue postulado por su maestra para un concurso nacional, el cual ganó, siendo este el primero de muchos premios que recibiría a lo largo de su carrera.
En su adolescencia y primeros años de adultez, David también deseaba disfrutar de la vida social. Sin embargo, los toques de queda impuestos por el régimen militar eran una restricción. Cuando visitaba a amigos y se quedaba hasta tarde, los padres de sus amigos no lo dejaban regresar a casa por temor a que fuera detenido o asesinado. Esta situación lo atormentaba, ya que, durante ese tiempo, según recuerda, miles de personas fueron desaparecidas, incluyendo a antiguos políticos, activistas, escritores y periodistas. Bajo el gobierno militar, cualquier persona podía ser víctima de las fuerzas armadas.
En una ocasión, mientras caminaba por las calles de Valdivia después del toque de queda, David fue sorprendido por una patrulla militar que le ordenó detenerse. En lugar de obedecer, él corrió asustado de ser detenido y torturado. Justo después, se escuchó una explosión en la manzana, ya que uno de los miembros de la patrulla disparó en su dirección, pero la bala afortunadamente no lo alcanzó. El ruido lo aturdió y lo paralizó por un momento, pero luego siguió corriendo. Al escuchar la explosión del arma, una familia lo invitó a entrar y lo protegió en su hogar, salvándole la vida. El temor era constante, pero la vida seguía.
En su juventud, David estudió dos carreras universitarias en la década de los ochenta: Letras en el Instituto de Literatura Universal e Iberoamericana de la Universidad Austral de Chile y Filosofía en el Instituto de Filosofía y Ciencias Sociales de la misma universidad. Aunque la escritura era su pasión, también deseaba convertirse en docente.
A pesar de su falta de interés en la política durante su adolescencia, en los primeros años de su vida adulta, David comenzó a vivir de acuerdo con una de las frases más famosas de Salvador Allende: «Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción biológica».
Junto con otros estudiantes de su universidad, comenzaron a realizar manifestaciones silenciosas dentro del campus. David, al igual que otros compañeros, se involucró en el activismo contra la dictadura. Sin embargo, la lucha social estaba llena de temores, ya que nadie quería ser asesinado.
Los periódicos y las revistas también estaban sujetos a la censura del régimen de Pinochet, que supervisaba todos los contenidos informativos para evitar que se difundiera información en su contra. A veces, las ediciones impresas de los diarios consistían en páginas con un llamativo sello que decía «censurado», mientras que los anuncios comerciales permanecían intactos. Esta cesnsura «tácita» también afectó a los escritores chilenos, aunque algunos de ellos optaron por enviar sus obras a otros países para su publicación, corriendo el riesgo de ser descubiertos. Peor no sucedió.
Siete años después del final de la dictadura, David dejó Chile en 1997 para estudiar en Estados Unidos, donde completó una maestría en la Universidad de Oregón en 1999. Luego, decidió quedarse y obtuvo un doctorado en la misma universidad en 2004, con su tesis titulada Poéticas de la modernidad: Literatura Chilena Neo-vanguardista durante la dictadura militar.
Después de completar sus estudios, David trabajó en Estados Unidos hasta 2010, y aunque siempre deseó regresar a Chile, en 2010 llegó a Querétaro mientras esperaba una oportunidad de trabajo en su país natal. Desde entonces, David ha residido en el estado y ha sido profesor en la Universidad Autónoma de Querétaro,específicamente en la Facultad de Lenguas y Letras.

Sobre su deseo de volver a Chile, David no planea regresar a vivir allí, ya que México se ha convertido en su hogar. Sin embargo, no descarta la posibilidad de visitar su natal constantemente en el futuro mientras sigue dedicándose a lo que ha sido su pasión desde la infancia: escribir.
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«Mi país son varios países»

Mientras Kenya Domínguez esperaba el autobús desde casa de su abuela para ir a la escuela, escuchó por la radio: «El Golpe ha llegado». En ese momento y con 8 años de edad, comprendió que algo se había roto en la sociedad.
Su madre, María Eugenia Saul, era periodista y estaba siendo vigilada por las fuerzas armadas. Por esta razón, un corresponsal francés la trasladó envuelta en cobijas, a pesar del ápice de la primavera, a la casa del embajador de Canadá en Chile para su protección.
En noviembre de 1973, Kenya y su madre viajaron juntas a Montreal, Quebec, en Canadá. Vivieron en el país norteamericano durante 5 años, pero en 1978 regresaron a México, donde habían vivido antes de la dictadura.
En México, residieron durante dos años en un departamento en el Distrito Federal, pero debido al trabajo de su madre, se mudaron en 1980 a Nicaragua, pues fue enviada como corresponsal durante la guerra civil.
En 1984, cuando Kenya tenía 19 años, sintió la necesidad de regresar a Chile y luchar por su patria. Fue en 1986 que ingresó a la carrera de Literatura en la Universidad de Chile.
Mientras participaba en la resistencia contra la dictadura, se involucraba más en acciones fuera del aula; como resultado, fue arrestada en varias ocasiones.
Con el tiempo, Kenya siguió los pasos de su madre y estudió Periodismo en 1991 en la Universidad Arcis de Santiago. Para ese entonces, la dictadura ya había terminado, pero la transición al poder de Patricio Aylwin no marcó un cambio radical, ya que el proceso de cambio de régimen fue negociado, recuerda.
Desde la época de Pinochet en el poder, el neoliberalismo en Chile generó una gran desigualdad entre las clases sociales, una situación que sigue afectando a la sociedad chilena y los derechos humanos de sus ciudadanos hasta el día de hoy. Además, las consecuencias de lo que ella llama «la constitución maldita» impuesta por Pinochet en 1980 siguen siendo un tema relevante, ya que, a pesar del intento de reformarla en 2019, fue rechazada.
A pesar de las condiciones sociales, Kenya trabajó como periodista durante un breve período, pero su sueño desde la infancia siempre fue ser docente, por lo que comenzó a dar clases alrededor de 1998 y, desde entonces, no ha dejado de ejercer. En la actualidad, es profesora en la Facultad de Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile y, desde 2019, ocupa el cargo de subdirectora de la institución.
Cincuenta años después, Kenya mira hacia atrás y ve que su identidad se ha formado a partir de las experiencias que adquirió en los diferentes países donde vivió. No sólo se considera chilena, sino también canadiense, mexicana y nicaragüense.

Con valentía, enfrentó la adversidad durante su exilio en la dictadura, una época que recuerda con enojo debido a la violencia que se vivía y la persecución que sufría su madre, quien fue etiquetada como ‘terrorista’ por el ejército. Hoy en día, con nostalgia, manda un mensaje a quienes rescatan cosas positivas de ese período histórico: «que se vayan a la mierda».
